"...Y anduve tu cuerpo tierno como el retoño del alba..."


"Mirage 2"
Salvador Dalí


Reseña biográfica


Poeta, novelista y traductor mexicano nacido en Colima en 1974.
Licenciado en Derecho por la Universidad de Colima y Doctor en Letras por la Universidad de Córdoba, España,
fue becario del Fondo para la Cultura y las Artes y director de la colección de poesía El pez de fuego.
Actualmente es columnista de varios periódicos mexicanos y profesor de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda.
Tiene una amplia obra poética contenida en las publicaciones "Los dolores de la carne" 1997, "Testimonios de la ausencia"
en 1998, "Senos sones y otros huapanguitos" 2001, "Ni siquiera el tiempo" 2002, "Colmenar" 2004, "Borrador" 2007
y "Corrección" 2008.
Ha recibido importantes galardones con las obras "Mientras olvido" Premio Internacional de Poesía Rosalía de Castro
en 2001; "Razón de mundo" Premio Nacional de Poesía Amado Nervo en 2004; "Fragmento" Premio Nacional de Poesía
Sonora en 2005, y "Kora" Premio Adonáis en 2008.
Como antólogo ha publicado Los decimonónicos, antología poética colimense del siglo XIX; Árbol de variada luz,
antología de poesía mexicana 1992-2002 y A contraluz, poéticas 2005.
En el año 2009 obtuvo el Premio Memorial Silverio Cañada por su novela Conducir un tráiler. ©
Asonancia V
Bucólica
debajo de su altura una gaviota
Del silencio
Ella es yo
Diatriba
La tierra donde crece
lighthouse
Remanso
Testamento
Un canto sin orillas
Vivirnos

Asonancia V
A diario en un cuerpo distinto apareces
a diario en la misma casa
y yo busco entre los nombres que tienes
soledad aurora esperanza
y me meto en tu boca como en un agua
siempre renovada
dices que eres la misma en la misma
tarde clara
y yo sé que no porque de noche recuerdas
mis ojos
y me tocas y me cantas
pero qué tengo que decirte yo amor
si tú lo sabes todo y sin embargo callas.
Bucólica
Y anduve tu cuerpo tierno como el retoño
del alba
a caballo lo anduve de un falsete
a otro
de sol a lluvia
de arroyo a tarde a pie
como quien busca un cabrito perdido
como quien come pitayas ensangrentadas
lo anduve
así
en esa noche en que alborotada te elevabas
del maizal
como güilota al tronar de mi escopeta.
debajo de su altura una gaviota
no sabiendo,
y dado que vuelve con su ortiga arrodillada
en un ojo,
que allá,
tras esto o aquello (oficinas, candelabros,
british english),
lejano pero aquí naciente,
el mar:
y no sabiendo -ni mucho menos,
ahora que escucha
recostado en un hombro:
La traviata,
el son cubano,
su bolero inminente,
que todo va en su tránsito de ser
y recomienza,
pero siempre mismo,
el mar:
todo y mientras tanto,
dado que pájaro o espuma,
dado que cae de cielo en cielo,
de país en país,
convertido, a veces,
en silencio de la piedra,
(y ya es bastante),
o mujer: y suficiente,
el mar:
oído en estas horas sin ventana,
cierto como el pie bajo su escombro.
Del silencio
Mientras el cuerpo nos protege
del desastre
y un turbión hace cauce en nuestras venas
y se nos cubren los ojos de raíces agrias
mi alma sabe que allá del otro lado
en la esquina o tienda o consultorio
también tú te sufres en la oscuridad
con los brazos abiertos
para recibirme.
Ella es yo
Porque te conozco
porque adivino a qué horas
en qué rincón
porque te descubro leyendo las cartas
tristes que te envío
los besos al mayoreo
los regaños que firmas con tu nombre
porque entiendo que no gustas de lavar
un calcetín
y no de salir en las mañanas a comprar
para el almuerzo
el pan de ausencia que habrá de consolarte
porque un botón de la camisa que me pongo
a diario
de la única camisa de hombre bueno
que me queda
te hace llorar hasta el fondo de mí
y me hiere
porque estás conmigo
y sé lo que tú eres
me conozco
Diatriba
Si los otros
los que llegan a deshoras
y se marchan
los que respiran comen
y se acuestan
supieran que te quiero hasta la punta
del mediodía
y que tú también me quieres
y nos queremos
no les dolería vemos tan cansados del amor
tan agobiados
en esas noches en que apagamos la luz
para olvidamos un poco.
La tierra donde crece
Qué alegres las semanas y los días contigo
qué mar en calma eres cuando estoy
cuando acostados uno encima de otro me preguntas
algo que he olvidado
o te recuestas como sabes
y arrancas las costritas de una nostalgia
o de una lluvia triste como todas las lluvias
que hay en mí
qué alegre sabemos en una casa solos
en una ciudad
sin que el vecino se entere de que sufres
o gozas cortándome las uñas
y que tú y yo nos bañamos al amanecer
y hablamos de un cigarro
o de un botón
cuando alguien habla de la mujer
que ha regresado
qué alegre todo esto de no saber quién soy
sino por ti
de no saber si estoy contigo
que ahora me miras
para reconocerte
lighthouse
el poema que escribí ayer,
el escrito a ojos vistos de la noche,
su cuerpo de espaldas a tu cuerpo,
reposa (y ahí está) todavía
esperando andar/
nada anda (desde entonces) si tú no haces o señalas,
si no construyes
o derribas,
en tu altura/
hoy (es decir: jamás) descubrí su caracol en llamas,
su mapa de pájaros y espumas,
su círculo sin calles o vigilias:
herida o no, hay una carta,
por ejemplo/
una mesa intalterable,
otra verdad ligeramente en pie/
todo (y hasta tus manos, que no son) termina,
se hace viento
y recomienza.
Remanso
Tus ojos claros me convencen
y me convences tú que estás en ellos
yo que soy tus ojos
y que miro un rayo de luz que hay en ti
de esa luz que alumbra un rincón
una mesa donde se aman amor y desamor
el punto exacto del encuentro no por azar
sino por cita previa
a tales horas
esa tuya luz está precisa siempre para alumbrar
adioses bienvenidas
para decimos claramente que es ahí ahí donde hay
que poner los ojos
para no perder rumbo y distancias
auras horizontes
por eso yo tus ojos soy
y por ti no pierdo ni un detalle
ni un suceso
ni un encuentro bueno o malo en fin
porque tus ojos claros me convencen
tus ojos que me alumbran para verme desde ti
en qué amor ando
en cuál dolor
Testamento
Debo confesar que la he visto desnuda
dormir con la luz encendida
derrotada al fondo de la cama sucia
entre las colchas manchadas por pleitos anteriores
debo confesar que otras bocas han pronunciado
sus más austeras cicatrices
y se han burlado conmigo de todas las lluvias
que carga tan lloradas
y la han maltratado como a una perra sarnosa
debo confesar que también desnuda se levanta
para ir al baño
y lee las cartas que le escribo cuando no estoy
Cuando de algún modo me ausento
y la he encontrado en otros labios que descubro
por la calle
y la he besado en otros rostros ligeramente fríos
debo confesar que he salido a oscuras de su cuerpo
a cazar otros cuerpos
y en esos cuerpos sin lamentos ella está
más profunda todavía más cercana sin saberlo
como si esas voces que me llaman fueran distintas
amarguras
como si esa carne extraña conociera ya
el rumbo de mis manos.
Un canto sin orillas
poema que va naciendo con la luz del pájaro, esta mañana,
aquí, en el
compás de lo imprevisible/
escritura que no conspira contra nadie
y hasta en ello se equivoca/
¿se equivocan acaso los que aman?
¿también los que no aman se equivocan?
si ha dicho luz, ha dicho pájaro: esta mañana,
aquí/ pero mejor si ha dicho lo imposible: el agua fría del surtidor
que lo moja, el tierno verdor de tus ojos, una camisa de fuerza
lo imborrable,
¿lo ha dicho entonces? ¿se quedó en la mitad del éxtasis, con la mujer
montada en sus palabras, una noche?
si ha dicho pájaro, ha dicho luz:
y está cantando.
Vivirnos
La quiero porque tiene una orquídea
en los ojos tristes
porque se levanta ausente de mí
y me recuerda
y yo me ayunto a su piel y la acaricio
me toco en la guitarra su canción
esa canción que hacía que ella por ella misma
caminara
sin necesitarme
sin pedirme una mano
sin mis ojos
ahora no puede respirar si del aire de mi aire
no le doy
si mis latidos no laten
ella no puede hacerse a la comida ya sin mí
no sale a la calle sin decir gordito ahorita vengo
voy por las tortillas
no me tardo
me espera con la luz encendida debajo de las sábanas
y cuando llego vuela de un aire a otro aire
brilla en la oscuridad como luciérnaga
se adelgaza y se agranda como un resorte vivo
la quiero porque a veces pienso que soy yo mismo
y a veces cuando va de visita con amigas
o la saluda aquel muchacho que la quiere aún
o todavía
lo mismo da
yo me descarno me rasguño me deshueso
y eso que pienso a veces
eso de que yo soy ella y ella yo conmigo
lo confirmo.

Nuestras Poesías

Los hombres nunca saben
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