Reseña biográfica


Polígrafo árabe-español nacido en Córdoba en el año 994 en el seno de una familia aristocrática. Su infancia, hasta los quince años, transcurrió en la corte cordobesa, por ser su padre un alto funcionario al servicio del gran Almanzor.
Participó en las intrigas que influyeron en la evolución de las guerras que acabaron con el califato Omeya. En 1023 fue nombrado Visir y al terminar el gobierno Omeya un año después, fue encarcelado. Una vez libre, renunció a la política, abandonó el rito Malequí y adoptó el rito Zaharí.
Sus obras más representativas son "El collar de la paloma", considerado como el más bello libro sobre el amor en lengua árabe, "La Historia crítica de las religiones, sectas y escuelas", "El bordado de la novia" y "Los caracteres y la conducta".
Falleció en Montíjar en el año 1063. ©

Poemas del collar de La Paloma:

(en orden de aparición)
Traductor Emilio García Gómez
Te amo con un amor inalterable...1. De "Esencia del amor"
2. De "Sobre las señales del amor"
3. De "Sobre quien se enamora en sueños"
4. De "Sobre quien se enamora por oír hablar del ser amado"
5. De "Sobre quien se enamora por una sola mirada"
6. De "Sobre quien no se enamora sino con el largo trato"
7. De "Sobre quien, habiendo amado una cualidad determinada"
8. De "Sobre las alusiones verbales"
9. De "Sobre las señas hechas con los ojos"
10. De "Sobre la correspondencia"
11. De "Sobre el mensajero"
12. De "Sobre la guarda del secreto"
13. De "Sobre la divulgación del secreto"
14. De "Sobre la sumisión"
15. De "Sobre la contradicción"
16. De "Sobre el que saca faltas"
17. De "Sobre el amigo favorable"
18. De "Sobre el espía"
19. De "Sobre el calumniador"
20. De "Sobre la unión amorosa"
21. De "Sobre la ruptura"
22. De "Sobre la lealtad"
23. De "Sobre la traición"
24. De "Sobre la separación"
25. De "Sobre la conformidad"
26. De "Sobre la enfermedad"
27. De "Sobre el olvido"
28. De "Sobre la muerte"
29. De "Sobre la fealdad del pecado"
30. De "Sobre la excelencia de la castidad"


Te amo con un amor inalterable,
mientras tantos amores humanos no son más que espejismos.
Te consagro un amor puro y sin mácula:
en mis entrañas está visiblemente grabado y escrito tu cariño.
Si en mi espíritu hubiese otra cosa que tú,
la arrancaría y desgarraría con mis propias manos.
No quiero de ti otra cosa que amor;
fuera de él no te pido nada.
Si lo consigo, la Tierra entera y la Humanidad
serán para mí como motas de polvo y los habitantes del país, insectos.


1. De "Esencia del amor":
Mi amor por ti, que es eterno por su propia esencia,
ha llegado a su apogeo, y no puede ni menguar ni crecer.
No tiene más causa ni motivo que la voluntad de amar.
¡Dios me libre de que nadie le conozca otro!
Cuando vemos que una cosa tiene su causa en sí misma,
goza de una existencia que no se extingue jamás;
pero si la tiene en algo distinto,
cesará cuando cese la causa de que depende.

No hay otra causa -¿lo sabes ?- de la victoria sobre los enemigos
ni otro motivo de que huyamos, si nos hacen huir,
que la tendencia de las almas de los hombres todos
hacia ti, ¡oh perla escondida entre las gentes!
Aquellos que te siguen no se perderán jamás,
pues avanzan todos, como viajeros nocturnos, hacia tu excelsa luz,
y aquellos que te preceden sienten que sus almas les hacen torcer el rumbo
hacia ti dócilmente, y todos vuelven sobre sus pasos.

¿Perteneces al mundo de los ángeles o al de los hombres?
Dímelo, Porque la confusión se burla de mi entendimiento.
Veo una figura humana; pero, si uso de mi razón,
hallo que es tu cuerpo un cuerpo celeste.
¡Bendito sea El que contrapesó el modo de ser de sus criaturas
e hizo que, por naturaleza, fueses maravillosa luz!
No puedo dudar que eres un puro espíritu atraído a nosotros
por una semejanza que enlaza a las almas.
No hay más prueba que atestigüe tu encarnación corporal,
ni otro argumento que el de que eres visible.
Si nuestros ojos no contemplaran tu ser, diríamos
que eras la Sublime Razón Verdadera.

En él verás subsistentes todos los opuestos.
Y así ¿cómo podrás definir los conceptos contradictorios?
¡Oh cuerpo desprovisto de dimensiones!
¡Oh accidente perdurable y que no cesa!
Derribaste para nosotros los fundamentos de la teología,
que, desde que apareciste, ha dejado de ser clara.

¡Oh esperanza mía! Me deleito en el tormento que por ti sufro.
Mientras viva, no me apartaré de ti.
Si alguien me dice: "Ya te olvidarás de su amor",
no le contesto más que con la ene y la o.


2. De "Sobre las señales del amor":
Mis ojos no se paran sino donde estás tú.
Debes de tener las propiedades que dicen del imán.
Los llevo adonde tú vas y conforme te mueves,
como en gramática el atributo sigue al nombre.

Cuando me voy de tu lado, mis pasos
son como los del prisionero a quien llevan al suplicio.
Al ir a ti, corro como la luna llena
cuando atraviesa los confines del cielo.
Pero, al partir de ti, lo hago con la morosidad
con que se mueven las altas estrellas fijas.

Cuando mis ojos ven a alguien vestido de rojo,
mi corazón se rompe y desgarra de pena.
¡Es que ella con su mirada hiere y desangra a los hombres
y pienso que el vestido está empapado y empurpurado con esa sangre!

Cuando se trata de ella, me agrada la plática,
y exhala para mí un exquisito olor de ámbar.
Si habla ella, no atiendo a los que están a mi lado
y escucho sólo sus palabras placientes y graciosas.
Aunque estuviese con el Príncipe de los Creyentes,
no me desviaría de mi amada en atención a él.
Si me veo forzado a irme de su lado,
no paro de mirar atrás y camino como una bestia herida;
pero, aunque mi cuerpo se distancie, mis ojos quedan fijos en ella,
como los del náufrago que, desde las olas, contemplan la orilla.
Si pienso que estoy lejos de ella, siento que me ahogo
como el que bosteza entre la polvareda y la solana.
Si tú me dices que es posible subir al cielo,
digo que sí y que sé dónde está la escalera.

Las nubes han tomado lecciones de mis ojos
y todo lo anegan en lluvia pertinaz,
que esta noche, por tu culpa, llora conmigo
y viene a distraerme en mi insomnio.
Si las tinieblas no hubiesen de acabar
hasta que se cerraran mis párpados en el sueño,
no habría manera de llegar a ver el día,
y el desvelo aumentaría por instantes.
Los luceros, cuyo fulgor ocultan las nubes
a la mirada de los ojos humanos,
son como ese amor tuyo que encubro, delicia mía,
y que tampoco es visible más que en hipótesis.

Pastor soy de estrellas, como si tuviera a mi cargo
apacentar todos los astros fijos y planetas.
Las estrellas en la noche son el símbolo
de los fuegos de amor encendidos en la tiniebla de mi mente.
Parece que soy el guarda de este jardín verde oscuro del firmamento,
cuyas altas yerbas están bordadas de narcisos.
Si Tolomeo viviera, reconocería que soy
el más docto de los hombres en espiar el curso de los astros.

Melancólico, afligido e insomne, el amante
no deja de querellarse, ebrio del vino de las imputaciones.
En un instante te hace ver maravillas,
pues tan pronto es enemigo como amigo, se acerca como se aleja.
Sus transportes, sus reproches, su desvío, su reconciliación
parecen conjunción y divergencia de astros, presagios estelares adversos y favorables.
Mas, de pronto, tuvo compasión de mi amor, tras el largo desabrimiento,
y vine a ser envidiado, tras de haber sido envidioso.
Nos deleitamos entre las blancas flores del jardín,
agradecidas y encantadas por el riego de la escarcha:
rocío , nube y huerto perfumado
parecían nuestras lágrimas, nuestros párpados y su mejilla rosada.

Me quedé con ella a solas, sin más tercero que el vino,
mientras el ala de la tiniebla nocturna se abría suavemente.
Era una muchacha sin cuya vecindad perdería la vida.
¡Ay de ti! ¿Es que es pecado este anhelo de vivir?
Yo, ella, la copa, el vino blanco y la oscuridad
parecíamos tierra, lluvia, perla, oro y azabache.

Hasta que llegó la noche estuve esperando verte,
¡oh deseo mío!, oh colmo de mi anhelo!;
pero las tinieblas me hicieron perder la esperanza,
cuando antes, aunque apareciera la noche, no desesperaba de que siguiera el día.
Tengo para ello una prueba que no puede mentir,
pues por muchas análogas nos guiamos en asuntos difíciles,
y es que, si te hubieras decidido a visitarme, no hubiera habido tinieblas,
y la luz, -tu luz- hubiera permanecido sin cesar entre nosotros.

La «bella paciencia» está prisionera;
pero las lágrimas corren libremente.

¡Ah! El ojo que, en el día de Wasit,
no derrama por ti cuantas lágrimas le quedan, es que es de piedra.
Yazïd ibn 'Umar ibn Hubayra
Y el hombre que, cuando tú le abandonas,
no pierde por ti su mejor resignación, es que es de hielo.

Indicio del pesar son el fuego que abrasa el corazón
y las lágrimas que se derraman y corren por las mejillas.
Aunque el amante cele el secreto de su pecho,
las lágrimas de sus ojos lo publican y lo declaran.
Cuando los párpados dejan fluir sus fuentes,
es que en el corazón hay un doloroso tormento de amor.

Desconfío de ti hasta en lo más despreciable que hagas,
y a quien hay que despreciar es a quien desprecia estas cosas,
sin ver que pueden ser origen de ruptura o de odio:
el incendio en sus comienzos es una chispa.
Todo lo grande empieza por ser diminuto:
de un huesecillo de nada ves nacer el árbol.


3. De "Sobre quien se enamora en sueños":
Querría saber quién era y cómo vino de noche.
¿Era la faz del Sol o era la Luna?
¿Era una idea que la razón alumbró en sus reflexiones?
¿Era una imagen espiritual que hizo surgir ante mí el pensamiento?
¿Era un espectro forjado con las esperanzas del alma
y que la vista tuvo la ilusión de alcanzar?
Tal vez no era nada de eso, sino una desgracia
que el destino me trajo como causa de mi muerte.


4. De "Sobre quien se enamora por oír hablar del ser amado":
¡Oh, tú que me censuras porque amo
a quien no han visto mis ojos!
Te excediste al pintarme
como muy propenso al enamoramiento,
porque dime: ¿Conoce alguien el paraíso
si no es porque le hablan de él?

Las tropas del amor han acampado en mis oídos,
como lo muestran las lágrimas de mis ojos.

Me hicieron tu pintura; pero, al ver lo que pintaban,
comprendí que era puro delirio.
El redoble del tambor asusta y sobresalta al hombre
no siendo más que un peligro vacío.

Me hablaron de ti y, cuando nos encontramos,
mi idea se hizo realidad ante mis ojos.
Las pinturas del paraíso se quedan siempre cortas
en punto a lo que es, de verdad, el paraíso.

Trocaste nuestro afecto en repugnancia y odio intenso,
igual que las páginas de los libros se alteran al ser copiadas.

Refiriéndose a Abū 'Āmir ibn Abī 'Āmir:
Haberlo tratado me lo ganó como hermano
y me ha hecho encontrar un precioso tesoro.
Antes aborrecía tenerlo cerca,
y no apetecía que fuera mi amigo.
Era detestado y ahora lo quiero;
de odioso pasó a ser agradable.
Corrí mucho tiempo huyendo de él,
y ahora acudo constantemente a su lado.


5. De "Sobre quien se enamora por una sola mirada":
Pecaron mis ojos moviendo esta angustia de amor en mi corazón,
y mi corazón envió las lágrimas para vengarse de los ojos.
¿Cómo encontrar justas estas represalias del llanto,
cuando anegan las pupilas con sus fluidos torrentes?
Antes que la viese nunca la encontré para conocerla,
y el momento en que la vi fue nuestro último encuentro.


6. "Sobre quien no se enamora sino con el largo trato":
Desoiré las llamadas del amor,
porque creo que los hombres rectos han de cortar por lo sano,
y he visto que hay un indicio de amor en pasear
mis ojos entre las flores de tus mejillas.
Pues estás alegre y tranquilo
y de pronto te ves entre eslabones de cadenas,
como el que, engañado por el poco fondo de una corriente,
pierde pie y desaparece en la creciente marea.

El verdadero amor no nace en una hora,
ni da fuego su pedernal siempre que quieres,
sino que nace y se propaga despacio,
tras larga compenetración, que lo afianza;
entonces no pueden acercarse a él abandonos ni menguas,
ni pueden alejarse de él firmezas y aumentos.
Confirma esto el que vemos que todo
lo que se forma presto también perece en breve.
Yo soy una tierra dura y pedregosa,
reacia e insumisa a toda vegetación;
pero si algunas plantas afincan su raíces,
no han de cuidarse de que abunden las lluvias de primavera.

Miente de juro quien pretende amar a dos,
como mintió Manes en sus principios.
No hay sitio en el corazón para dos amados,
ni lo que sigue a lo primero es siempre segundo.
Igual que la razón es una, y no conoce
otro Creador que el Único, el Clemente,
uno es también el corazón y no ama
más que a uno, esté lejos o cerca.
Quien no es así, es suspecto en ley de amor
y está distante de la verdadera fe.
La religión no es más que una, la recta,
y el que tiene dos religiones es infiel.


7. De "Sobre quien, habiendo amado una cualidad determinada,
no puede amar ya luego ninguna otra contraria:
Había un mancebo cuya amada tenía el cuello corto,
como si las de gallardo cuello fuesen fantasmas a sus ojos,
y estaba muy pagado del mérito de su elección,
aduciendo una prueba cuya verdad es muy clara:
«-Las vacas salvajes andan en refranes al hablar de belleza
y nadie nunca les ha negado la hermosura.
Pues bien: tienen el cuello corto, y ni una sola lo tiene airoso.
Y ¿están bonitos los camellos con sus cuellos largos?»
Otro había cuya amada tenía rasgada la boca,
y decía: «-Mi modelo en punto a bocas son las gacelas.»
Y había un tercero cuya amada era baja,
y decía: «-Las altas son como monstruos.»

Me la afean porque tiene rubio el cabello,
y yo les digo: «-Esa es su belleza, a mi juicio.
Yerran quienes vituperan el color de la luz y del oro,
por una necia opinión, del todo falsa.
¿Censurará alguien el color del narciso fragante,
o el color de las estrellas que brillan a lo lejos?
Sólo la criaturas de Dios más alejadas de toda ciencia
prefieren los cuerpos negros, de color de carbón:
negro es el color de los moradores del infierno;
negro el vestido de los que lloran por perdido un hijo y están de luto;
y desde que aparecieron las banderas negras están seguras
las almas de los hombres de que no llevan a la ortodoxia.»


8. De "Sobre las alusiones verbales":
Un mancebo hermoso como una gacela, par de la luna llena
o del sol cuando luce abriéndose paso entre las nubes,
cautivó mi corazón con sus miradas lánguidas
y con su talle parecido a una rama en su esbeltez.
Me humillé a él como se humilla el dócil amante;
me sometí a él como se somete el locamente enamorado.
Pero ven a mí, amor mío, de una manera lícita,
porque no me gusta la unión por caminos vedados.
Cuando tuve noticia de este lance, dije:
Reproches y quejas por injusticias
vinieron de quien era a la vez ofensor, juez y litigante.
Se quejaba de lo que sentía, sin que nadie,
más que aquel de quien se quejaba, supiera lo que quería decir.


9. De "Sobre las señas hechas con los ojos":
A las alusiones verbales, una vez llegados la aceptación y el mutuo concierto,
suceden las señas hechas con los ojos, que juegan a este respecto un laudable papel
y rinden efectos maravillosos. Con la mirada se aleja y se atrae, se promete y se amenaza,
se reprende y se da aliento, se ordena y se veda, se fulmina a los criados, se previene
contra los espías, se ríe y se llora, se pregunta y se responde, se concede y se niega.
Cada una de estas situaciones tiene un signo especial en la mirada; pero estos signos
no pueden ser definidos, de no verlos, ni pueden ser pintados ni descritos sino en muy pequeña parte.
Voy tan sólo a declarar aquellas cosas que son más fáciles: Una seña con el rabillo de un solo ojo denota veto de la cosa pedida. Una mirada lánguida es prueba de aceptación. La persistencia de la mirada es indicio de pesar y tristeza. La mirada de refilón es signo de alegría.
El entornar los ojos da a entender amenaza. El volver la pupila a una parte cualquiera y retirarla al punto es para llamar la atención sobre lo que se ha mirado. La seña furtiva con el rabillo de los dos ojos denota súplica. El mover la pupila con rapidez desde el centro del ojo
hacia la comisura interna indica imposibilidad. Mover ambas pupilas desde el centro de los ojos es prohibición absoluta.
Las demás no pueden comprenderse sino viéndolas.


10. De "Sobre la correspondencia":
Duro es hoy para mí romper tu carta.
Pero, en cambio, el amor no hay quien lo rompa,
y mejor es que dure el amor y que se borre la tinta,
pues lo accesorio debe sacrificarse a lo principal.
¡En cuántas cartas está la muerte de quien las escribe,
sin que éste lo supiera cuando las trazaban sus dedos!

Me ha llegado la respuesta a la carta que le envié,
que ha sosegado mi excitación y, a la vez, ha excitado mi sosiego.
La regué con las lágrimas de mis ojos cuando la escribí,
como hace el amante que no es traidor a su amor.
El llanto no paraba de borrar sus renglones.
¡Oh llanto, cuánta belleza borraste!
Mis lágrimas mezcladas con la tinta hicieron visible la primera línea,
y la última línea quedó desvaída por las lágrimas.


11. De "Sobre el mensajero":
Tu mensajero es como una espada que tienes en la diestra:
mira bien su filo y no hieras con ella antes de aguzarlo.
Pues el mal que produce una espada mohosa
se vuelve contra el que, sin saberlo, lo blande.

Yo conozco dos amantes que usaban como mensajero una paloma amaestrada,
en cuyas alas ataban las cartas.
Sobre este asunto he dicho en un poema:
Noé la eligió, y no burló las esperanzas
que puso en ella, porque le trajo buenas nuevas.
Yo también le confiaré las cartas que te escriba.
Mira, pues: ¡Las cartas van en las plumas de un ave!


12. De "Sobre la guarda del secreto":
Los que no saben qué es amor me censuran porque te amo,
pero, a mi juicio, tanto me da el que te injuria como el que se calla.
Me dicen: «-Has dejado a un lado todo disimulo,
aunque te mostrabas a las gentes celoso observante de la ley religiosa».
Yo les digo: «-Ocultar mi amor sería hipocresía pura,
y uno como yo detesta los hipócritas.
¿Cuándo vedó Mahoma el amor?
¿Consta acaso su ilicitud en el claro texto revelado?
Mientras no cometa cosas prohibidas, por las cuales tema
llegar el día de la resurrección con la cara perpleja,
no hago caso, en materia de amor, de lo que digan los censores,
y, por vida mía, me es igual que hablen a gritos o en voz baja.
¿Es acaso responsable el hombre de algo que no haya elegido libremente?
¿Por ventura el que se calla será reprendido por las palabras que no profirió?

A juzgar por los tormentos de enfermedad que en él se ven,
si vive es porque la muerte le tiene compasión.

Las lágrimas del enamorado se derraman;
la reputación del enamorado se lastima.
Cuando el amado aparece, palpita su corazón
como una qata cogida en la red.
«-Decid, amigos míos,
pues vuestra opinión es de seguro común:
¿Hasta cuándo ocultaré esto
de que no puedo desprenderme?»

Las gentes saben que soy un mancebo enamorado;
que estoy triste y afligido; pero ¿por quién?
Cuando ven cómo me hallo, se cercioran;
pero si indagan se pierden en conjeturas.
Mi amor es como un escrito cuyo trazo es firme,
pero que se resiste a la interpretación;
o como la voz de la paloma en el boscaje,
que repite su canción de rama en rama
y cuyo murmullo deleita nuestros oídos,
pero cuyo sentido es enigmático y oscuro.
Me dicen: «-¡Por Dios! Dinos el nombre de aquel
cuyo amor alejó de ti el sueño tranquilo.»
Pero nunca. Antes de que logren lo que desean
habría de perder la razón y afrontaría cualquier desventura.
Siempre estarán en la desazón de la duda,
tomando la sospecha como certidumbre y la certidumbre como sospecha.

Tengo para el secreto un lugar tan recóndito, que, si entra en él vivo,
no puede caberle ninguna duda sobre su muerte.
Lo mato allí; pero esa muerte es la vida del secreto,
lo mismo que la tristeza es la alegría del enamorado.


13. De "Sobre la divulgación del secreto":
Los asuntos graves no los trates en chanza;
pero, si quieres algo fácil, no malgastes energías.
Cuando te asalten las vicisitudes del Destino
-y las acometidas de la fortuna son frecuentes-,
opón con prudencia el esfuerzo adecuado:
poco te bastará frente a poco; mucho frente a mucho.
¿No ves la candela? Recién encendida,
cuando empieza a lucir, la apaga un soplo.
Pero, cuando prenden en ella llama y fuego,
tu mismo soplo la aviva y la propaga.


14. De "Sobre la sumisión":
¿Volverán para nosotros los tiempos de la unión?
¿Tendrán un límite las vueltas de esta Suerte?
La espada se ha hecho sierva del palo.
La cautiva gacela se ha tornado león.

Cuando haces reproches, soy el más vil de los condenados a muerte.
La falsa monedilla que rechaza la mano del cambista.
Pero, además, hallo placer en morir por tu amor.
¡Qué maravilla la de un condenado a muerte que se alegra!

Si los Persas hubieran visto el fuego de tus mejillas,
se habrían pasado sin emperadores ni magos.

Has venido a mí con una cara a la que agrada acercarse
y de cuyo lado enoja irse.
Mi condición no repugna que me hagas unos pocos reproches,
aunque se censuren las canas en el pelo.
El hombre, en sus adentros, a veces se reprocha a sí mismo,
y los puntos negros y los lunares agracian el rostro.
Pero es si son pocos, porque cuando son demasiados
lo estropean. ¿Quién alabará la demasía?

Ayúdale, porque de apenado que está,
llora, siendo a la vez papel, tinta y escrito.

No es reprobable rebajarse ante quien amamos,
pues en amor el más orgulloso se humilla.
No os maravilléis de que me someta en mi situación,
pues antes que yo se sometió al-Mustansir.
El amado no es nuestro parigual
para que, cuando le aguantes, tu aguante sea vil.
Si una manzana te cae en la cabeza y te hace daño,
el que después la despedaces, ¿será una venganza digna de fama?

Aprovecha la ocasión, porque has de saber
que las ocasiones pasan más deprisa que el relámpago.
¡Cuántas cosas que eran hacederas dejé para más tarde,
y luego, una vez idas, se hicieron nudos en mi garganta!
Date prisa a coger el tesoro que hallaste;
Arrebata la presa como el halcón en acecho.

15. De "Sobre la contradicción":
Cuando logre que mi alma alcance sus deseos
de esa gacela que no cesa de atormentarme,
tanto me dará su aversión como su sumisión,
e igual será para mí su cólera que su contento.
Cuando encuentro agua, he de apagar con ella
el ardor de la brasa de tamarindo.


16. De "Sobre el que saca faltas":
Lo más agradable para mí son los reproches y las críticas,
para oír de este modo el nombre de aquel cuya sola mención es mi esperanza.
Es como si con la censura bebiera vino puro
y el nombre de mi dueño fuera la fruslería que lo acompaña.


17. De "Sobre el amigo favorable":
Un amigo así consolará al enamorado en sus congojas,
le hará compañía en el retiro de su desgracia y se asociará
a él en sus intimidades. En él ha de topar el amante
el mayor de los descansos. Pero ¿dónde hallarlo ? Si
consigues echarle las manos encima, apriétalas sobre él
como se enrosca una sierpe, retenlo con ellas como
el avaro su dinero, y consérvalo aun a costa de toda tu hacienda,
pues con él se hace perfecta la alegría, se ahuyentan las tristezas,
se acorta el tiempo, mejoran las circunstancias y nadie
dejará de obtener de quien reúna estas condiciones
una excelente ayuda y una avisada opinión.


18. De "Sobre el espía":
Me hace largas visitas y es el tertuliano más cargante.
Saca conversaciones cuyos temas no me interesan.
los montes de Šamām, Radwà, Lukām, Yadbul,
el Líbano, Šamām y Hazn son menos pesados.

Tengo un acompañante fijo, que, adrede, no se va nunca.
¡Qué tristeza produce esta compañía!
Como no nos deja, él y nosotros hemos venido a ser
como el nombre y la cosa nombrada.

Pusieron una guarda que no dejaba
en paz a mi dueño, con el intento de separarme.
Pero mis continuas amabilidades acabaron con él,
y un día el miedo que le tuve se trocó en confianza.
Era como una espada desenvainada para atravesarme,
y se convirtió en un amigo cuyo favor no tiene límite.

Era flecha mortal y se hizo vida.
Era veneno y se tornó triaca.

Mi dueño tiene un espía que le guarda de mí
y que es fiel a quien le dio el encargo y no le traiciona.

A todos los que me rodean les han sido puestos dos espías,
pero a mí el Señor del Trono me ha distinguido, además, con un tercero.

Soporto un espía que ha conocido largo tiempo el amor;
que sufrió la pasión; que no podía dormir;
que encontraba en el querer un dolor espantoso
que casi le ha producido la muerte;
que conoce bien las industrias del amante apasionado,
incluso señas y palabras.
Después de todo esto le vino el olvido:
comenzó a mirar el amor como una vergüenza y un vicio,
y ahora ha llegado a ser guarda de quien yo adoro,
para alejar de él al ardiente enamorado.
¡Oh qué tormento ha caído sobre nosotros!
¡Qué desgracia ha venido a visitarnos!

Dos jóvenes estaban ardientemente enamorados de la misma,
y cada uno o procuraba apartar a su rival.
Se parecían al perro del establo, que no come heno
y no lo deja comer a ningún otro.


19. De "Sobre el calumniador":
¿Quién se fiará de las mujeres, si no es un imbécil,
ignorante, atado por las cuerdas de la perdición?
¡Cuántos vinieron a un negro charco de muerte
y bebieron de él atraídos por un deleitoso cebo blanco!

Me maravillo de un calumniador que anda siempre tras nuestro secreto,
y que no respira sino por saber nuestras noticias.
¿Qué le importan a él mi congoja ni mi angustia?
Yo me como la granada y a los hijos les da dentera.

No des crédito a unas palabras que oíste,
mientras no estés cierto de que es verdad lo que sabes,
como el que, al nacer un espejismo, derrama el agua que lleva
y halla luego la muerte en el inmenso y estéril desierto.

No mezcles lo serio con la chanza, porque sería como introducir
entre lo que ha de salvar al alma la corrupción de una medicina.
El que tiene por su arma más eficaz llevar cuentos falsos
es como la avutarda, que se defiende con su excremento.

Doy en el blanco que me propongo con tal tino, que, de saberse,
no aspiraría Wahriz a la primacía entre los arqueros.

Cuanto ocultabas ha salido a luz, tanto porque me lo han contado
como por una situación que me ha hecho ver claro tu feo carácter.
¡Cuántas veces unas cosas se aclaran por otras,
como la preñez, en derecho, confirma la fornicación!

Es más parlero que el espejo en divulgar cuanto sabe,
y separa a las gentes mejor que las espadas de la India.
Pienso que la Muerte y el Tiempo aprendieron sus tretas
para desunir con ellas a los enamorados.

Su conversación es más falsa que el pensar bien de las gentes,
y más desagradable que las deudas y la pobreza constante.
Las órdenes del Señor del Trono son para él más baldías
y despreciables que una súplica para el que carece de piedad.
En él se reúne toda villanía y oprobio:
al que quiera insultarle le faltarán insultos.
Es más cargante que una censura para el que no quiere oírla;
más frío que la tierra de Medinaceli,
y más odioso que la separación, la ruptura y el espionaje,
cuando se juntan sobre un amante ardiente, perplejo y apasionado.


20. De "Sobre la unión amorosa":
Alguien me preguntó mi edad,
al ver canas en mis sienes y en mis mejillas.
Le respondí: «-Sólo cuento que he vivido un momento
pensando justa y razonablemente.»
«- ¿Cómo es eso ? -me dijo-. Acláramelo.
Me has contado la más extraña de las nuevas.»
Yo le dije: «-A la que posee mi corazón
le di, un día, un beso, por sorpresa.
Por muchos años que viva, no pensaré
que he vivido, en realidad, más que aquel momentito.»

Hablé de noche con la luna llena cuando mi amada se retrasaba
y vi en su luz como un vislumbre del esplendor de mi amada.
Pasé la noche feliz, mientras el amor mentía,
la unión sonreía y el desvío fruncía el ceño.

La imploré con súplicas que, si las hubiera dirigido a mi Señor,
absuelto hubiera sido mi pecado,
y si las hubiera dirigido a los leones del desierto,
estos hubieran dejado de dañar a nadie.
Por fin, tras su apartamiento, me consintió darle un beso
y excitó mi angustia que estaba acallada.
Soy como el que bebe agua para aplacar su sed,
y ahogándose al beber, se despeña en la tumba.

Exhalo amor de mí como el aliento,
y doy las riendas del alma a mis ojos enamorados.
Tengo un dueño que no cesa de huirme;
pero que, a veces y de improviso, se siente generoso.
Lo besé queriendo aliviarme;
pero la sequedad de mi corazón no hizo sino crecer.
Son mis entrañas como un seco herbazal
donde alguien arrojó un tizón ardiendo.

¡Vete en mal hora, perla de la China!
Me basta a mí con mi rubí de España.

Cuando se cimbrea al andar, parece
un ramo de narciso que se balancea en el jardín.
Diríase que sus zarcillos están en el corazón de su enamorado,
porque, cuando anda, en él repercuten el pinchazo y el tintineo.
Tiene el andar de la paloma, en el que no es censurable
la torpeza ni vituperable la lentitud!

Desearía rajar mi corazón con un cuchillo,
meterte dentro de él y luego volver a cerrar mi pecho,
para que estuvieras en él y no habitaras en otro,
hasta el día de la resurrección y del juicio;
para que moraras en él durante mi vida y, a mi muerte,
ocuparas las entretelas de mi corazón en la tiniebla del sepulcro.

¿Cómo he de censurar el alejamiento y tratarlo injustamente,
si el carácter de quien amo es todo alejamiento?
El amor hubiera bastado para ponerme en un aprieto.
¿Cómo estaré, pues, habiéndome reunido en mi alejamiento y amor?

Mezclando lo verdadero con lo falso,
o cuanto quiero a los ojos del descuidado,
aunque entre una y otra cosa hay diferencias,
cuyo signo se muestra a los inteligentes.
Es como el oro: aleado con plata
corre entre los mancebos ignorantes;
pero si topa con un orfebre diestro,
te distingue lo que es puro de lo que está alterado.

Una de las maravillas del tiempo,
que abruman a quien las oye y a quien las dice,
es que la montura desee al jinete,
que el interrogado se someta a quien pregunta,
que el cautivo domine al aprehensor,
que el muerto ataque al asesino.
Antes de ahora jamás oímos entre las gentes
que lo esperado se humillara ante el que espera.
¿Puedes explicarlo de otro modo
por la sumisión del participio pasivo al activo?

La unión clandestina ocupa un lugar
a que no llega la unión posible y manifiesta.
Es un placer mezclado de precaución
como el andar por medio de las dunas.

Ríe el jardín mientras las nubes lloran,
como el amado cuando lo ve el afligido amante.

¡Cuántas vueltas di en torno del amor,
hasta caer en él, como la mariposa en la luz!

Las incitaciones del amor llevan a la unión
como el viajero nocturno se guía por el resplandor del fuego.

Diome a beber segunda vez de la unión de mi dueño,
como se da a beber segunda vez al ansioso sediento.

Al contemplarla, no podrás detener tus ojos en un límite,
porque su belleza es siempre creciente e inagotable.

¿Hay quien pague el precio de sangre del asesinado por el amor?
¿Hay quien rescate al cautivo del amor?
¿O podrá acaso el destino hacerme retroceder hacia mi amada
como en aquel día que pasamos junto al río?
Lo pasé nadando y estaba sediento:
¡Qué maravilla uno que nada y tiene sed!
El amor, dueño mío, me dejó tan extenuado,
que no pueden verme los ojos de los que me visitan.
¿Cómo se las arregló el amor para llegar
a quien es invisible para todos?
El médico se ha aburrido de intentar curarme
y hasta mis émulos sienten piedad de mi dolencia.


21. De "Sobre la ruptura":
¡A cuántas personas trato bien, no porque me agraden
ni me dejen de agradar, sino por una intención determinada!
El cariño que les muestro va dirigido a otro,
como los granos que se ponen en el cepo para cazar pájaros.

La alegría de mi corazón es para el elegido de mi alma,
aunque la alegría de mi sonrisa sea para quien quisiera ver lejos.
A veces, como medicina, hay que beber la repugnante coloquíntida
y dejar la pura miel que se prefiere.
Con violencia he de alejar mi alma del que quiero,
aunque al hacerlo sufra y me atormente.
¿Viste acaso que la escondida margarita o cualquier perla
se consiga sin sumergirse en el mar?
Aparto a mi alma de sus caminos naturales,
cuando sé que por otros he de obtener lo que deseo,
como Dios abrogó las leyes anteriores a la nuestra,
mudándolas por la que está más próxima y cercana de la salvación.
Me adapto a cada temperamento con la cualidad que conviene
-aunque mi verdadero carácter es la verdad y la probidad-,
como el agua toma el color de su vaso,
aunque en su origen el color del agua sea maravillosamente blanca.

Coloco a los que amo en el lugar de mis tendencias naturales
en las que está mi vida y de las cuales se teme la muerte.

Yo no soy de los que ablanda la afabilidad,
ni el desvío que muestro es indicio de lo que siento.
A veces quiero escapar de alguien interiormente;
pero por fuera le digo: «-Bienvenido seas.»
Yo vi lo que es la guerra, cuando crecen sus llamas,
y en cambio, en sus comienzos, era como una justa.
La piel de la jaspeada serpiente es como un bordado, y su color
es maravilloso; pero bajo el bordado está presta la ponzoña.
El brillo del sable es lo más extraordinario que puede verse;
pero, cuando se le blande, en él está la aguda muerte.
Yo pienso que el rebajamiento del alma es su gloria,
cuando por él consigue lo que desea.
El hombre humilla su faz hasta tocar el polvo,
para estar el día de mañana a seguro y honrado.
El rebajamiento que conduce a la gloria es mejor para el mancebo
que la gloria si ha de ir seguida de humillación.
Cuántas veces las buenas comidas acaban en miseria,
y, en cambio, al hambre sigue la prosperidad!
No sabe lo que es la gloria del alma quien antes no la ha rebajado,
ni saborea el gusto del reposo quien antes no se fatigó.
Llegar a un agua lejana, después de haber sufrido sed,
es más delicioso y más dulce que la bebida siempre posible.

Las criaturas de Dios que ves son todas distintas:
tú bebe lo bueno, si no te es dado lo mejor.
No te contentes con el agua turbia más que a la fuerza,
cuando sobre la tierra no hay otra aguada.
Pero al agua salobre no te acerques, porque no se traga,
y un hombre libre debe preferir la sed.

De lo que te da tu amada toma lo hacedero, y date por contento;
pero no te acongojes por quien se muestra duro,
porque nada puedes exigirle, ni tienes poder sobre él,
ni es, si te ves en apuro, tu padre ni tu madre.

No desesperes de nada que pueda conseguirse por astucia,
aunque sea recóndito, porque todo es remoto y difícil.
No te fíes de la tiniebla, porque luego sale la aurora,
ni te engañes con la luz, porque el sol también se pone.

Sé perseverante, porque el agua horada la roca
a fuerza de caer sobre ella.
Prosigue y no desmayes, y ten en mucho lo poco conseguido,
pues la llovizna no es abundante y, sin embargo, cala.
Si un hombre toma poco a poco un veneno acaba por alimentarle
y por darle una nutrición comprobada.

Recordé el amor de mi amiga, que era como
las huellas de Jawla en los pedregales de Tahmad.
En mi memoria el firme pacto de amor que hizo conmigo
brillaba como las incisiones del tatuaje en el dorso de la mano.
Me detuve, sin estar seguro de su retorno:
nadie me consolaba y lloré sin tregua hasta el alba.
Hasta que las gentes hicieron largos y frecuentes reproches,
diciendo: «-No perezcas de pena y ten valor.»
Las alternativas del enojo en mi amada son como
los barquichuelos en los charcos de Dad.
Pasa de la ruptura a la unión como un bajel,
al que los marineros ora guían torcido, ora derecho.
El tiempo distribuye los acuerdos y los enojos
como el que juega al «fi'āl» divide la tierra con la mano.
Simulando enfado, ella me sonríe,
luciendo dos collares, uno de perlas y otro de topacios.

Se da prisa por atravesarse en el camino
y se desvive por cortar los lazos del amor.
Pero ya nos va resultando pesado tanto remendar su cariño
porque mientras lo remendamos vuelve a desgarrarlo.

Déjate de romper adrede los lazos del amor
y aprieta bien las trabas de nuestra unión, ¡oh injusto!
Pues has de volver a la fuerza, quieras o no,
a lo que dijo el sabio alfaquí.

Tras la reprimenda, de seguro volverás a ser tan generoso
como antes fuiste reprensor, y aún más.
¡Cuántos días amanecen serenos
y a su final nos hacen oír tronadas!
Pero luego vuelve el buen tiempo a ser como antes,
y tú también esperamos que vuelvas.

También hago reproches a tu hermano
con dolidas palabras del que sólo oye.
Pero si las tinieblas cubren al sol,
¿qué habrá de pensar de la luna nueva?

No esperes nada de un inconstante.
Con el inconstante no se puede contar.
Deja el amor del inconstante:
es un préstamo que hay que devolver.

Me alejo de quien amo, y no por odio.
¡Maravíllate de un amante que se aleja!
Pero mis ojos no pueden mirar
el rostro de la gacela traidora.
La muerte es de gusto más dulce que un amor
que se ofrece al que va y al que viene.
En el corazón hay un fuego ardiente.
¡Maravíllate cómo el inquieto amante lo sufre!
Dios permitió en Su religión
que el cautivo simule apostasía ante el vencedor,
y declaró licita la infidelidad en peligro de muerte.
Así, a veces, el creyente te parece un infiel.

Tenía que pedir a la Fortuna una cosa,
que estaba en conjunción con el lejano planeta Júpiter.
La Fortuna, amablemente, la empujó
hasta dejarla cerca de mi vista.
Pero luego la alejó de mi, y fue como si
no hubiera surgido ni aparecido ante mis ojos.

Tanto se acercó mi esperanza, que alargué la mano
para cogerla; pero entonces se desvió y huyó hacia la Vía Láctea.
Cuando ya estaba seguro, me vi frustrado.
Lo que ya estaba conseguido huyó más lejos que Sirio.
Era envidiado, y me quedé envidioso;
era anhelado, y me quedé anhelante.
Así obra la Fortuna en sus idas y venidas.
Por eso el sabio no ha de fiarse de ella.

Tengo la desgracia de amar a una persona que, si le salvara la vida,
diría entonces: «-¡Ojalá estuviese en el sepulcro!»

No es culpa mía si al llevar mis bestias
a la aguada, mi suerte me arruina el retorno.
¿Qué culpa tiene el sol de la mañana
de que las vistas débiles no puedan mirarlo?

¡Qué fea la ruptura tras la unión
y qué bella la unión tras la ruptura!
Esto es como ser rico tras ser pobre;
aquello, como ser pobre tras ser rico.

Tu carácter suele tener dos fases,
y mi fortuna con respecto a ti tiene ahora dos aspectos.
Eres como Nu'mān en los tiempos antiguos,
pues Nu'mān tenía dos días:
el día de delicias, que era la felicidad de los hombres,
y el día de desgracia y enemistad.
Sólo que el día de tus favores es para otros,
y mi día contigo es sólo de aflicción y ruptura.
¿Acaso el amor que te tengo no es digno
de que lo recompenses tratándolo bien?

¡Oh tú en quien se enfilan todas las bellezas,
como se enfilan las perlas en el collar!
¿Por qué la muerte viene desde ti a herirme
adrede si es tu cara augurio de venturas?

Es la hora en que me despido de ti, o es la hora del Juicio?
¡Es la noche en que me alejo de ti, o es la noche de la Resurrección?
Tu ruptura ¿es el castigo del musulmán que muere
y espera encontrar más tarde a Dios, o es el tormento eterno de los infieles?

¡Dios bendiga los días y las noches que pasaron!
Nos parecían, al desplegarse, un nenúfar fragante,
cuyas blancas hojas eran los días bellos y esplendorosos,
y cuyo negro centro era la noche que acorta la vida.
En ellos nos divertíamos con la sociedad y la amistad.
Vinieron sin que nos diésemos cuenta y se fueron lo mismo.
Y les ha seguido un tiempo que parece, a no dudar,
la traición que sucede al bello pacto de amor.

No desesperes, alma, que tal vez vuelva nuestro tiempo
con una faz favorable y no adversa,
lo mismo que el Clemente hizo volver el reino a los Omeyas.
Refúgiate entre tanto en la resignación y la paciencia.

¿Acaso no gobierna el espíritu en nosotros cuanto
está cerca o lejos, a pesar de verse encerrado en las membranas del pecho?
Pues lo mismo nuestro tiempo es un cuerpo, y él es el espíritu del tiempo,
que gobierna cuanto hay en él. Si quieres, investígalo.

Todos los tributos y dones vienen a él,
y que los acepte llena a los hombres de gratitud.
Así sucede con los ríos de la tierra, que, aunque desborden
impetuosos, van a parar al abismo de la mar.


22. De "Sobre la lealtad"::
Las obras de los hombres nos hablan de su naturaleza.
Conocer la esencia de una cosa te releva de seguirle el rastro.

¿Has visto nunca que la adelfa dé uvas,
o que las abejas acopien acíbar en sus panales?

Ningún mérito tiene guardar un secreto a quien lo guarda,
sino guardárselo a quien él mismo lo publica.
Es como la generosidad espléndida, que es más sonada
cuando la dádiva es rara o el donante es avaro.

Se fue y le siguió la «bella paciencia» del amante;
pero las lágrimas declaran lo que su pecho encubre.
Febril estaba su cuerpo; ardiente su corazón;
cuando la separación vino, le hizo sufrir.
No puede parar en casa ni en morada;
jamás llega a calentar su lecho.
Parece hecho de esas nubes que el huracán
no cesa de empujar hacia otros cielos.
Es como el monoteísmo en las almas de los infieles
que no pueden contenerlo y lo rechazan cuando lo reciben,
o como la estrella fugaz que cruza el horizonte
y a la que su marcha unas veces oculta y otras muestra.
...
Pienso que si ella le recompensa o le ayuda
arroja sobre él torrentes de lágrimas para que le sigan.

Tómame como si fuera la vara de Moisés, y tráelos a todos ellos,
aunque sean las serpientes de entre los lotos que agitan sus lenguas.

Cuando yo no estoy hacen muchos prodigios:
se echa menos la presencia del león, cuando está tumbado.

Esperan lo que no han de conseguir, como los Rāfidíes
esperan absurdos de su imām.

Si todos los corazones y las almas tuvieran mi firmeza,
no les harían mella las miradas lánguidas.
Mi alma rechaza por necesidad el calificativo de vil,
como las partículas que rigen genitivo rechazan al verbo.

Mi juicio surca todo lo encubierto,
como surcan el cuerpo las venas palpitantes.
Claramente distingo hasta el rostro de las hormigas,
mientras a ellos se les ocultan los refugios de los elefantes.


23. De "Sobre la traición":
Un poco de lealtad es estimada en el amado
y nada vale mucha lealtad en el amante.
El raro arranque de un cobarde es tenido en más
que las hazañas del que siempre es valiente y decidido.

Envié un mensajero en pos de mis deseos,
confiándome neciamente a él, y él nos ha distanciado.
Soltó las amarras de mi amor y afianzó las del suyo,
alejando de mi lo que era posible.
Me he quedado de testigo después de ser yo quien los requería,
y él se ha quedado de huésped después de haberlo sido mío.


24. De "Sobre la separación":
Veo su casa a todas horas y momentos,
pero quien en ella vive está oculto para mí.
¿Y de qué me sirve estar cerca de la casa
si hay un espía que acecha mi visita a sus moradores?
¡Ay de mí! Oigo el ruido del vecino,
y, sin embargo, sé que para mí la China está más próxima.
Soy como el sediento que ve el agua en el pozo
y no tiene manera de sacarla.
Ausente está mi amada, como el que está en la tumba
de quien no te separa más que la losa que la cubre.

¿Cuándo sanará esta alma afligida por la pasión
y se acercará la casa a cuyos moradores encubre la lejanía?
Conozco a una Hind, vecina de nuestra casa,
y la India está más cerca que esta Hind para el que la busca.
Mas, a pesar de todo, la vecindad es un alivio:
el sediento se conforta cuando se acerca a la aguada.

Te aguardan por el mundo bien sabidos caminos.
Vete, que la espada no es más que un peso hasta que deja la vaina.

Esta dolencia, cuya curación desafía al médico,
me llevará, sin duda, a la aguada de la muerte.
Pero contento estoy con caer víctima de su amor,
como quien bebe veneno desleído en un vino generoso.
¿Qué más quiere el Destino ? ¡Qué poca vergüenza tiene,
y con qué afán tiende a adueñarse de toda alma enamorada!
Mi suerte es como un Omeya que creyera que yo
ayudé a los Šī'íes contra 'Utmān.

Pienso que eres una vsión del Paraíso, que Dios concede
a aquel de sus amigos que es un piadoso asceta.

...para que yo enfríe con verte el ansia de mi amor,
cuyos ardores son los de una hoguera de tamarindo.

Maravíllate de unos accidentes que aparecen, sin individuo que los sostenga!
El firmamento giratorio es para mí como el aro de una sortija
que todo lo ciñe y en la que tú eres la piedra preciosa.

Tu belleza y hermosura no necesitan comparaciones,
como el sol de los cielos no necesita alhajas.
Me asombro de cómo mi alma no ha perecido por su ausencia,
siendo su esquivez mi sepultura y su pérdida el presagio de mi muerte,
y de cómo a mi cuerpo, delicado y frágil,
no lo ha derretido la áspera mano...

El encuentro tras la separación produce una alegría
como la de un agonizante que se cura;
un gozo que suspende las almas y hace revivir
a quien vio acercarse la muerte con la separación.
Pero en ocasiones es malaventura mortal,
y sus asaltos hacen perecer al que lo sufre.
Cuántas veces hemos visto que el agua que bebe con ansia el sediento,
siendo su vida, le produce la muerte!

Alargaste el tiempo de la separación, y cuando cesó
el tiempo de la ausencia, y estuvimos cerca, volviste a separarte.
Tu proximidad no fue más que un abrir y cerrar de ojos:
a ti retornó mi lejanía; a mí retornó mi angustia.
Así un extraviado en las sombras, cuando ha perdido la ruta,
ve brillar el relámpago en la tiniebla de la negra noche;
pero la ilusióon de que dure se desvanece pronto.
¡Ciertas esperanzas no son útiles ni de provecho!

Mis ojos se han refrescado con tu cercanía,
tanto como ardieron en los días que te celó la distancia.
A Dios vaya la paciencia y la resignación por lo pasado.
A Dios vaya la gratitud y la alabanza por lo que ahora decide.

Quisiera que quien está fuera de la tierra estuviese dentro,
y que quien está dentro, estuviese fuera;
que me hubiese muerto antes de esta calamidad que ha venido
a dejar en mis entrañas brasas de fuego;
que mi sangre hubiese lavado su cadáver
y que las costillas de mi pecho fuesen su sepulcro.

Vino la buena nueva cuando reinaba la desesperación,
y estaba el corazón en los siete terribles pisos (del infierno),
y vistió mis entrañas de verde (esperanza),
después de haber estado vestidas de luto.
La negrura de la pena se apartó de mí, como
se apartan las sombras ante la luz del sol.
Todo esto, aunque no espero otra unión que no sea
la de la firme lealtad con el antiguo afecto:
que, a veces, la nube es deseada, no por la lluvia,
sino por la fresca sombra que despliega.

Su hermosura puede suplir la de las flores,
como mi aliento puede suplir al fuego.

Caen postradas las flores ante su rostro,
rostro perfecto, donde nada sobra ni falta;
cálido, cuando el sol de la mañana está en Capricornio;
fresco y placentero, cuando el sol está en Leo.

Por vida mía que en nada aborrezco el día del adiós,
aunque rompa la unión de mi espíritu con mi cuerpo,
pues en él abracé a quien amo sin inquietud,
y antes, cuando se lo pedía, no era generoso.
¿No es maravilla, a pesar de sus lágrimas,
que el día de la unión envidie al de la partida?

El antiguo reproche cae por tierra y se borra,
cuando vienen aprisa y corriendo los ejércitos de la separación.
La separación ha espantado y asustado al desvío:
huyó y hoy nadie sabe dónde para.
Era como un lobo que devoraba a solas su presa
al que ahuyenta un león que sale del bosque.
Pero si la separación me ha alegrado por disipar la ruptura,
me ha afligido al alejar de mí al amado.
Es como la muerte que al principio da cierta paz,
a la que siguen luego la corrupción y la ruina.

Me concediste un amor que antes me negabas,
y me lo diste a manos llenas.
Pero en ese instante ya no tenía necesidad de él,
cuando, de dármelo antes, hubiera llegado a las entretelas del corazón.
De nada sirve la medicina cuando se está a la muerte,
y, en cambio, es útil quien da un remedio antes de la agonía.

Ahora que ha venido la separación, das generoso
un amor oculto de que antes te mostrabas avaro.
Con esto lo que haces es redoblar mi angustia.
¿Por qué, ay de mí, no lo hiciste antes?

Cuando la fortuna era acogedora, me dabas desvíos,
y hoy que la fortuna se desvía, me das buena acogida.
Me prefieres cuando ya no me sirve tu preferencia.
¿Por qué no hiciste lo mismo antes, cuando andabas retraído?

En toda separación que ocurre
no se pierde la esperanza.
No te des prisa en desalentarte:
quien no muere no se aleja.
Pero, cuando uno muere,
la desesperanza es firme.

Es perfecta y blanca como el sol cuando aparece.
Las demás doncellas no son, a su lado, más que luceros.
Su amor ha hecho volar mi corazón de su sitio,
y, después de posarse un instante, aún anda revoloteando.

Parece ahora que nunca me deleité con tus palabras,
de tan mágico hechizo sobre los corazones
y que jamás conseguí mis deseos, cuando
casi no les hacía caso de tanto complacerlos.

Me mostraban desvío siendo amigas;
juraban abandonarme y eran perjuras.

Paraos entrambos y preguntad a las ruinas dónde están sus antiguos moradores.
¿Es que el día y la noche, al pasar sobre ellos, los han consumido?
Todo está borrado, abandonado, desnudo.
Diríase que las moradas han desaparecido y se han tomado conceptos.

Me aconsejan: «-Vete y acaso olvidarás
y acabarás por desear el olvido.»
Les digo: «-Antes moriré que olvidar.
¿Quién beberá veneno como experiencia ?»

Su amor cautivó mi alma,
y su lejanía la hizo perecer.
El amor es como mi huésped
y mi alma es su sustento.

Un enamorado, en interés de su amor, adoptó la separación;
pero no es de los nuestros el que así huye de los que ama,
pues obra como un rico que hiciera vida de pobre
y que, por miedo de la pobreza, la sufriera de antemano.

¿Te acongojas porque sonó la hora de partir
y te afliges porque hay que arrear a los camellos?
En verdad, es tremenda tu desgracia
y duro tener que separarte de los que amas.

Mienten los que dicen que es
mortal alimentarse de ruptura:
no saben lo que es el ansia
cuando se empieza a cargar los fardos.
La separación si que es la que
trae la muerte, cuando llega.

No habrá para ti otro día como aquella mañana del «sí»,
en bellas contemplaciones y delicias.
Fue aquel día como la pepita de oro en un erial,
y el tino en la saeta errada, o el parir en la estéril.
Era la época en que el relámpago de la unión no anunciaba en vano lluvia
y en que el jardín del amor no estaba agotado,
a causa de la doncella cuyos pechos le dicen:
«-Adelante», y cuyas caderas le dicen: «-Atrás.»
Unos y otras tiran de ella a la inversa, y el rosa de su mejilla
es el sonrojo por este adelantarse y retrasarse.
Nada me ha herido más que aquellos ojos,
y nadie en el mundo más que ellos puede pretender curarme.
Pasa como con las víboras: sólo sus cuerpos mismos
pueden sanar la picadura del que mordieron.

Si ahora nos deja sedientos, antes nos dio mucho tiempo de beber;
si ahora nos aflige por ello, durante mucho tiempo nos alegró.

Ojalá volviese hoy a ver el cuervo!
Tal vez apartaría de mí vuestro apartamiento, que ya se prolonga.
Así dije; pero la noche dejó caer su velo,
jurando que no acabaría, y lo ha cumplido.
El lucero se quedó atónito en el horizonte celeste.
No caminaba ni, a causa de su perplejidad, se movía.
Pensarías que era alguien que había errado el camino, o un tímido azorado,
o un sospechoso amenazado, o un extenuado amante.


25. De "Sobre la conformidad":
Si es que te niegas a unirte conmigo, sabe que yo
me contento con mirarte, puesto que no hay unión.
Me basta con verte una vez al día,
aun cuando antes no me contentaba con el doble.
Así, la ambición del gobernador suele picar muy alto;
Pero, al llegar la destitución, se contenta con salvar la vida.

He aquí que disimulo y me doy por pagado
con la devolución del saludo, si, a veces, es posible.

Si no hay manera de conseguir tu amor,
si no me es posible acercarme, hazme una promesa, aunque no la cumplas.
Quizá la ilusión de reunirme contigo retenga
la vida en mi corazón afligido por tu desvío.
Los que se quejan de sequía se consuelan al ver
brillar en el cielo un relámpago, aunque no traiga lluvia.

Me dicen: «-Te ha herido el que tú amas.»
Y yo les contesto: «-Por vida mía, no me ha herido.
Es que mi sangre lo ha sentido cerca
y ha saltado hacia él, sin poder contenerse.
¡Oh, tú que me favoreces al matarme con injusticia!
Quisiera ser tu rescate, tirano benéfico.»

Cuando no puedo estar cerca de mi dueño;
cuando insiste en esquivarme y no es justo conmigo,
me contento con ver sus vestidos
o alguna de las cosas que ha tocado.
Así le pasó a Jacob, el recto profeta:
cuando estaba triste por José,
olió una túnica que de él procedía
y, estando ciego, se curó por ella.

Creo de cierto que su saliva es agua que da la vida,
aunque ella, con su amor, no me ha dejado entrañas.

Sin razón me censuran porque adoro las huellas de sus pies;
pero, si supieran, el que me censura se tomaría envidioso.
¡Oh gentes que vivís en una tierra de nubes sin agua!
Seguid mi consejo y quedaréis aliviados y agradecidos:
tomad tierra de aquella en que puso su planta
y yo os fío que la esterilidad se alejará de vosotros,
pues cualquiera polvo que haya pisado su pie
buen suelo es, no hay que negarlo.
Así obró el Samaritano cuando apareció
y sus ojos la huella gloriosa de Gabriel:
puso algo de aquella tierra dentro del becerro
y salió de él un prolongado mugido.

Bendita ha sido la tierra que tú habitas
y benditos los que hay en ella, porque en ella se instaló la felicidad.
Sus piedras son perlas; rosas, sus cardos;
sus aguas, miel; su polvo, ámbar gris.

El espectro visitó al mancebo cuyo amor fue tenaz,
a despecho de vigilantes y guardianes.
Pasé mi noche alegre y regocijado.
El placer de la visión nocturna me hizo olvidar el de estar despierto.

En cuanto me dormí, vino a mi lecho la visión de Nu'm,
cuando la noche reinaba y se extendía la sombra.
Yo creía que estaba bajo tierra;
pero vino conforme antes solía.
Tomamos a estar unidos y volvió nuestro tiempo
a lo que antes era... Y aún es mejor el retorno.

Por ti tengo celos hasta de que te alcance mi mirada,
y temo que hasta el tacto de mi mano te disuelva.
Por guardarme de esto, evito encontrarte
y me propongo unirme contigo mientras duermo.
Así, mi espíritu, si sueño, está contigo, separado
de los miembros corporales, escondido y oculto,
pues, para unirse contigo, la unión de las almas
es mejor mil veces que la unión de los cuerpos.

Cuando brilla el día, eres avaro;
sólo cuando cierra la noche eres generoso.
Dejas, de día, al sol para que te reemplace a mi lado;
pero es imposible; tal acción tuya no es recta.
De noche, tu lejano espectro viene a verme
y a unirse conmigo, a hacerme visita y compañía.
Sólo que me has impedido gozar de una vida completa
y únicamente me concedes aspirar su perfume.
Así estoy como la gente del Limbo:
no moro en el Paraíso, ni temo al Infierno.

He visto en sueños que partías
y que empezábamos a despedirnos llorando.
Pero, al despertarme, te hallé abrazado a mí,
y mi tristeza, al verlo, se ha disipado.
He renovado entonces el abrazo y te he apretado contra mí,
como si volviese a ti de una separación desgarradora...

Da vueltas el espectro en torno al enamorado anhelante,
que, si no fuese porque espera la visita del fantasma, no dormiría.
No os asombréis de que se oriente en la sombría noche:
su luz ahuyenta las tinieblas en la tierra.

Han quedado vacías de habitantes, como si fueran
las moradas de los Ād, a quienes sucedieron los Tamūd.

Recorríamos los rincones de un jardín
de trémulas ramas y tierra húmeda de escarcha.
Reían las flores, y sus brazaletes
ase movían al cobijo de una sombra difusa,
Los pajarillos nos ofrecían su más bella canción:
unos endechaban su pena; otros gorjeaban.
Corría libremente el agua entre nosotros.
Ojos y manos podían lograr cuanto apetecían.
También había lo que tú quisieras de amigos placenteros y amables
adornados de nobles prendas, de que se puede estar ufano.
-Sí, pero todo eso que pintas es para mí amargo
y no me alegra, porque mi dueño está lejos.
¡Ojalá estuviese yo en prisión con tal que él pudiera abrazarme,
y todos vosotros estuviéseis en el palacio de la Casa Nueva!
-Aunque cualquiera de nosotros quisiera cambiar su condición
por la de cualquier amigo, o por un reino perpetuo,
viviría en continua miseria e infortunio
y no le dejarían la turbación ni la adversidad.

Me dicen: «-Está lejos.» Yo contesto: «-Me basta que esté
conmigo dentro de un mismo Tiempo del que no puede salirse.
El mismo sol que pasa sobre mí pasa también sobre él
cada día, cuando renueva su luz.
Luego, aquel de quien no me separa otra distancia
que la de un solo día, ¿está lejos?
Además, en la sabiduría del Dios de la creación estamos reunidos.
Este allegamiento me basta. No quiero más.»

Veo que tienes manga ancha en aceptar lo que ocurre,
y lo mejor que puedes hacer es ser blando e indulgente.
La parte que tú tienes es en algunas aceñas la mejor,
pues tu posesión se reduce a la muela.
Un cuarto de camello pesa doble de lo
que puedes suponer en un cabrito. No hagas caso de quien te censura.
El juego del que tú amas con dos espadas es maravilloso.
Sigue, pues, el mismo camino que él siga.


26. De "Sobre la enfermedad":
El médico, que nada sabe, me dice:
«-Cúrate, oh tú que estás enfermo.»
Pero mi dolencia nadie la sabe más que yo
y el Señor Poderoso, el Excelso Rey.
¿Cómo ocultarla si la revelan los sollozos,
que no me dejan, y el andar siempre cabizbajo,
y las huellas de la tristeza en mi rostro,
y mi cuerpo extenuado y macilento como un espectro?
Las cosas son tanto más claras
e indudables cuando los indicios son evidentes.
Por eso le digo: «-Explícate un poco,
pues, por Dios, no sabes lo que estás diciendo.»
Él contesta: «-Te veo cada día más delgado.
La enfermedad de que te quejas es consunción.»
Le digo; «-La consunción acomete los miembros,
y es una fiebre que tiene alternativas;
pero yo, por vida de Dios, no me quejo de fiebre
y tengo poco calor en mi cuerpo.»
Me dice: «-Observo que estás sobresaltado y en acecho,
pensativo y siempre silencioso.
Creo que es melancolía. Mira
por ti, pues es cosa molesta.»
Le digo: «-Tu razonamiento es absurdo.
¡Qué dices de las lágrimas que corren de mis ojos?»
Se quedó cabizbajo y de una pieza con lo que vio.
¡Cómo no ha de quedar atónito frente a esto un hombre listo?
Le digo: «-Mi enfermedad procede de lo que me remediaría.
¿No se extravían ante esto las inteligencias?
Y la prueba de lo que digo es palmaria;
las ramas de una planta si se invierten se tornan raíces,
y contra el veneno de las víboras no hay más triaca
que garantice la curación de las picaduras que ese mismo veneno.»

Le robaste el corazón a viva fuerza,
y ¿quién puede vivir sin corazón ?
Ayúdale con la unión para que vivas noblemente
y alcances el premio el día del juicio.
Pues veo que si esto dura va a cambiar
las ajorcas de sus tobillos por las cadenas de los locos.
En verdad, tú has enamorado al sol,
y su amor por ti es evidente ante la Humanidad.


27. De "Sobre el olvido":
Si mira, el que está vivo muere por su mirada.
Si habla, dirías que se ablandan las piedras.
Es el amor como un huésped que hizo alto en mi espíritu:
mi carne es su alimento; mi sangre, su bebida.

Es paciente para soportar la pobreza a que ha de seguir la gloria,
aunque las nubes lluevan fuego sobre él;
pero se impacienta contra los consuelos que le deparan
una vida oscura, pues a veces el bienestar es un tormento.

Dejadme a mí que insulte a mi amado,
pues, aunque aparente desdén, no soy enemigo.
Mis injurias al amado son como eso que se dice:
«-¡Mátelo Dios y qué bien lo ha hecho!»

El que olvida a los que ama no es como el que se consuela de perderlos.
No es igual renunciar de industria que no poder.
El que domina su alma no es como el que a ella cede.
El que es naturalmente paciente no es como el que se esfuerza en serlo.

Obrad como si no os hubiera conocido nunca,
que yo también obraré como si no me hubieseis conocido ni amado.
Siendo como soy el eco, que responde a lo que se le diga,
si queréis hoy algo, pensad 10 bien antes.

¡Oh tiempo maravilloso en que eras tú
más querido para mí que mi alma y mi familia!
Pero la mano del desdén no nos dejó
hasta que sus dedos te plegaron como un rollo sellado.
Me escancia vuestro desdén tanto acíbar
cuanto amor me escanciaba vuestra unión.
Veo que la unión amorosa es la verdadera base de la pasión
y que un largo desdén es la raíz del olvido.

Si antes me hubieran dicho:
«-Olvidarás a quien amas»,
mil veces habría jurado :
«-Eso no sucederá nunca.»
Pero ya que tras un largo desdén
fuerza es que venga el olvido,
bendito sea tu desdén,
pues que trabaja y se fatiga en curarme.
Ahora me maravillo del olvido,
como antes me maravillaba de la firmeza,
y veo ya tu amor como unas brasas
que arden, pero bajo la ceniza.

Me estremezco por un sol que, cuando se pone,
tiene por ocaso la oscuridad de los gabinetes;
un sol encarnado en esta doncella,
de figura como un blanco rollo de pergamino.
No es humana más que de linaje;
no es un genio más que en la apariencia.
Su rostro es una perla; su cuerpo, un jazmín;
ámbar su aliento; toda ella, luz.
Tan lenta camina entre Sus vestiduras,
como si pisara huevos o el filo de pomos de cristal.

No la censures porque huye y rehúsa la unión.
¿Cómo es posible tildarla por eso?
¿Hay media luna que no esté lejana
o existe gacela que no sea esquiva?

Negaste a mis ojos tu bello rostro
y fuiste conmigo avara de tus palabras.
Veo que has hecho al Misericordioso voto de silencio,
y que no hablarás hoy a ningún viviente.
Pero has cantado versos de al-' Abbās.
¡Enhorabuena, al' Abbās, enhorabuena!
De encontrarte' Abbās, tomaría entre ojos
a Fawz y se enamoraría de ti.

Hace llorar por un difunto que murió muy honrado,
cuando más merecería el vivo que por él corrieran las lágrimas.
¡Maravilloso es que esté triste por quien bajó al sepulcro
y no lo esté por el que es asesinado injustamente!

Tu amor, al que no he de acercarme, es falaz.
Tú sirves de lecho a todo el que llega.
No te contentas con un solo amante
y tienes en torno tuyo una gran turba.
Si yo fuese príncipe, este príncipe no pretendería
verte, por miedo del tropel.
Te pareces a los deseos, que, por muchos que sean,
aceptan a todo el que se llega a ellos
y no rechazan a nadie que venga,
aunque la trompeta haya convocado a todo el género humano.

Deja eso, aprovecha el tiempo, ensilla
a los jardines de las colinas las monturas del vino,
y arréalas con melodías exquisitas de laúd
para que se exciten al escuchar la flauta.
Mejor que pararse junto a las viejas moradas
es parar los dedos en las cuerdas.
El narciso sin par semeja un enamorado
que lánguidamente mira y se ladea como un borracho.
Su color es el del amante macilento.
A no dudar, está prendado del lirio.

Tengo dos propiedades que me han hecho gustar tragos muy amargos,
que han turbado mi vida y destrozado mi firmeza.
Cada una de ellas quiere arrastrarme hacia su bando:
soy como una presa de la que tiran un lobo y un león.
Una es la lealtad a toda prueba: nunca me separé del amado,
que dejara de estar eternamente triste por él.
La otra es el amor propio, en cuyo patio no puede parar la ofensa,
aunque me costara sacrificar los bienes y los hijos.


28. De "Sobre la muerte":
Si muero de amor, moriré mártir,
y si me das tu favor, viviré feliz.
Así nos lo han dicho gentes de fiar
y sinceras, libres de sospecha e impostura.

Quisiera saber si el vínculo de tu amor sigue
intacto para mí, sin desgastar,
y me parece que un día podré ver tu rostro
y hablar contigo a solas en Balāt Mugit.
Si el deseo pudiera mover las casas,
el Balāt iría a verte como pidiendo socorro.
Si los corazones pudiesen caminar,
el mío iría hacia ti a marchas forzadas.
Trátame como quieras, porque te amo
y no tengo otra conversación que hablar de ti.
Aunque lo olvides, guardo en lo más hondo del corazón
un pacto hecho contigo que no está roto.

Aunque te encubra el hueco de la tumba,
yo no puedo esconder mi amor por ti.
He ido a tu casa. movido de nostalgia,
después que el tiempo rodó y pasó sobre nosotros,
y al hallarla desierta y vacía,
mis ojos han vertido por ti amargo llanto.


29. De "Sobre la fealdad del pecado":
Es una virgen a quien el Misericordioso hizo de luz,
y cuya belleza sobrepasa toda estimación.
Si el día del juicio y del sonar de la trompeta
mis hechos tuviesen tan bella figura,
sería el más feliz de todos los siervos de Dios
en el paraíso y en el trato de las vírgenes huríes.

No hagas que tu alma siga la pasión,
y deja de exponerte a los peligros.
Vivo está el Demonio, no ha muerto,
y el ojo es puerta de la tentación.

Al que me opone: «-Este pensamiento
te extravía más y más»,
le respondo: «-Déjate de censuras.
¿No está acaso vivo el Demonio?»

No eches culpa al que, en las tentaciones, obliga a su alma
a hacer lo que no gusta a los otros.
No acerques el espino seco a la llama,
porque si lo acercas saldrá fuego.
No pongas confianza en nadie.
¡Tod0, gentes y tiempos, anda corrompido!
Las mujeres han sido creadas para el macho,
como el macho, sin dudarlo, fue creado para ellas.
Cada especie desea su parigual:
no retires tus sospechas de nadie.
El honesto es aquel que, cuando lo apartas
del vicio, da muestras de laudable obediencia,
y deshonesto, aquel que, cuando lo estás domando,
se industria para escapar del cabestro.

La herida que me has hecho tiene cura, y no hay reproche.
La que es incurable es la herida del amor.
En medio de su tez blanca son los lunares
como nenúfares en un jardín de narcisos.
Cuántas veces aquel por cuyo amor me muero de tristeza
me dijo con palabras cortantes y despectivas,
cuando mis peticiones se hacían más apremiantes,
insistiendo unas veces y otras adulándolo:
«-¿No basta mi desvío para aplacar tu sed
y ahuyentar el deseo que te anda por el pecho?»
Yo le contestaba: «-Si así fuese, no habría,
entre los hombres dos vecinos enemigos.
Los ejércitos se miran uno a otro antes de reñir,
y luego la muerte abre entre ellos caminos de ruina».

Llegó la hora de la ignominia del mancebo.
Tapado estaba y se quedó al desnudo.
Antes no paraba de reírse, asombrado, de los amantes,
pero hasta los necios ahora se ríen de él.
Deja de censurar al enamorado ardiente y lleno de pasión,
que tiene la deshonra por una acción piadosa en la religión del amor.
Antes se esforzaba con denuedo en la ascética,
como si de su rigor procediese el de todo ermitaño.
Con su tintero y su libro, que nunca abandonaba,
corría tras el maestro de tradiciones por dondequiera que iba.
Pero ahora ha cambiado los negros cálamos por los dedos de un muchacho
que parecen fundidos o modelados de plata.
«-¡Oh tú que me censuras neciamente! -dijo-. No lo hagas,
que tú no has visto dos amantes cuando se unen el día de la cita.
Déjame que vaya a beber en los pozos.
Vete de aquí, que no quiero las albercas.
Si te retiras del amor, él se retirará de ti,
y si te ves un día abandonado, es porque abandonaste el amor.
No desates con la huida, los lazos del amor,
sino después de haber desatado manto y cinturón,
pues el reino de un sultán no lo es de veras
hasta que las postas con sus órdenes andan por los caminos.
No sin mucho frotar desaparece el orín
que recubre al hierro cuando lo funden.»

¡Oh tú que haces del honor de tus mujeres legítimas
red con que cazar crías de gacela!
Veo que la red se rompe y que no conseguiría
nada, sino la vileza de quedar con las manos vacías.

Prostituyó Abu Marwān a sus mujeres legítimas
para conseguir sus deseos de una sola cría de gacela.
Yo le censuraba el «consentimiento» en tan fea acción
y él me recitaba con cruda desvergüenza:
«-Pero logré mis deseos, aunque mis gentes
me injurian porque los he conseguido yo solo.»

Veo que que al-Chaziri, en lo que trae entre manos
no va derecho, y obra muy neciamente.
Anda haciendo compraventas con el honor;
cosas que -¡por tu suerte!- son harto confusas.
Coge un mim a trueque de un hā.
Es esto, por ventura, sentido común?
Cambia una tierra que alimenta tiernas yerbas
por otra rodeada de setos espinosos.
Pierde en su negocio el que compra
un sitio donde soplan los vientos por otro donde corren las aguas.

Sus amigos que se hallaban aquí ayer
no vinieron por la música, sino por fornicar.
Consiguieron su intento, y tú eres un asno
cargado de imbecilidad y tontería.

No hay duda que eres el hombre más cándido del mundo,
y el de mejor fe, intención y conciencia.
Pero despabílate, porque alguno de los que estaban ayer
haciéndonos la tertulia urdía cosas feas.
Advierte que no toda prosternación es plegaria
y que no ve todo el que tiene ojos en la cara.

Vino a mí, mientras el agua de la nube se desataba en el aire
como pura plata que se extiende al fundirse.
La media luna, entre las tinieblas, declinaba en su órbita,
¡Habla sobre un amante que consiguió lo inalcanzable!
Fue tal, que si me preguntases por ello
no podría responderte más que riendo.
Por la demasía de mi gozo, pienso que lo he soñado.
Maravíllate del que duda, estando seguro!

Viniste a mí cuando la media luna salía en el cielo
poco antes de que tocasen las campanas los cristianos,
como la ceja de un viejo, casi cubierta por las canas,
o como la curva delicada de la planta del pie.
Y entonces brilló en el horizonte el arco de Dios, vestido
de todos los colores, como la pluma de los pavones.

Me digo a mí mismo que hay cosas claras que no son nada
los hombres no son sino mortales e hijos de mortales.
Guarda tu alma de lo que la vicia, y desecha la pasión,
pues la pasión es llave de la puerta de los pecados.
Yo sé que los comienzos de la pasión son llanos y placenteros;
pero su fin es de sabor amargo y estrecho de pasar.
¿Qué es el placer del hombre si ha de seguirle la muerte,
aunque viva el doble que Noé hijo de Lamech?
No vayas tras una morada que ha de durar poco
y que nos anuncia su caducidad inminente.
Ahora bien: hay que dejarla cuando está en poder nuestro,
pues cuántos la dejan a la fuerza sin querer dejarla,
y el que deja las esperanzas cuando son becerrillas indómitas
no es como el que las deja con las ubres rebosantes.
El que se enfrenta con aquello que desea
a la vez con pasión ardiente y frío juicio,
es, entre los siervos de Dios, el más digno de la victoria a su lado
en el Jardín del Paraíso, sobre los altos tronos.
El que conoce con certeza la meta que persigue,
tiene por necedad lo que todos los hombres poseen,
y el que conoce al Misericordioso, no infringe su mandato
aunque le diesen todos los reinos del mundo.
El sendero del temor de Dios y la devoción es el mejor camino,
y el que lo sigue es avisado y buen caminante,
mientras quien se aparta de él no se ve libre de cuidados,
pues no lleva vida feliz quien no se domina.
¡Bienaventuradas las gentes que se dirigen hacia esta vereda,
con ánimo alegre y mansa condición!
Libres se ven del afán de sus almas y gozan a la vez
de la gloria de los sultanes y de la tranquilidad de los mendigos.
Como quieren viven; mueren como suspiran,
y consiguen en la mansión de la eternidad las más holgadas sedes.
Se niegan a obedecer a sus cuerpos en el placer,
guiados por una luz que desvanece y rasga las tinieblas del extravío.
Si no fuese por la guerra que les mueven sus cuerpos, estarías cierto de que
viven una vida como la de los ángeles.
¡Oh, Señor, anímalos, aumenta su virtud,
bendícelos, sálvalos, dondequiera que estén!
Esfuérzate, alma, no desmayes, proponte
lograr la alegría eterna que está más allá!
Si te fijas en el esfuerzo que pones en la pasión
comprenderás que la Verdad no es eso.
Dios ha dado a los hombres una Ley más clara
que el esplendor de las enlazadas constelaciones.
Por tanto, alma, esfuérzate en salvarte, y vete a fondo
como las espadas afiladas y cortantes.
Si las gentes usaran de su pensamiento en aquello
para lo que fueron creadas, ningún viviente reiría.


30. De "Sobre la excelencia de la castidad":
Abandonó sus devaneos y placeres;
casto fue en sus amores y en sus fiestas.
Ya no es su pío beber vino,
ni anda tras de desflorar jóvenes gacelas.
Ya era tiempo de que el corazón despertara
y se desprendiera de los velos que lo cubrían.
De cuando yo sabía que le gustaba le apartó
el miedo del día por el que se afligen los espíritus.
Esfuérzate, alma, remángate, deja
de seguir la pasión, con sus locuras;
corre a salvarte, trabaja
afanosa por librarte de sus infortunios.
Tal vez así yo alcance la victoria
y me libre de su estrechez y de su llama.
¡Oh jugador a quien el sino trata en serio!
¡No temes acaso los filos de sus desgracias?
Entre las exhortaciones recibidas deben bastarte
las maravillas que te ha mostrado el Destino.
Deja una casa cuyo bienestar se acaba
y una ganancia que juega con su ganador.
Nadie se batió en su recinto
en quien ella no mellara su espada.
El que conoce a Dios como es debido
forma buenos propósitos y se aposenta su corazón en el temor de Dios.
El que tiene un reino efímero no es como el que lo tiene eterno;
el que tiene verdadero temor de Dios no es como el que lo adultera;
no es el hombre piadoso como el depravado;
el lenguaje sincero no es como el embuste.
Aunque nos halláramos a salvo del castigo divino,
y no temiéramos la ira espantosa de Dios,
ni nos aterrorizara su infierno, creado
para todo el que peca y falta con su palabra,
todavía tendríamos el forzoso deber de obedecerle,
de desechar las embajadas de la pasión,
de renunciar sinceramente a una vida que no es eterna
y de tachar de necio a quien espera que lo sea.
Vemos que la Suerte obra con los suyos
com0 hace la llama en los leños de que nace.
¡A cuántos que fatigan su alma por buscar a Dios
hallan descanso en su noble fatiga!
¡A cuántos, en cambio, que buscan con empeño la flor del mundo
les estorba la muerte en su búsqueda!
¡A cuántos que alcanzan con alegría lo que anhelan
les viene por causa de ello lo que temen!
¡Cuántos corren ansiosos tras de su deseo
y en verdad sólo corren tras de su ruina!
El hombre que estás viendo como un rey excelso
caerá de pronto derribado de su alta dignidad,
como las espigas que tritura el pie
cuando gallardas crecían sobre sus cañas.
¡Cuántos desgarran su alma de pena y angustia
en pos de una felicidad que se esfuerza en huirlos!
¿No hay en esto una maravillosa admonición
que anima al hombre entendido en el proceder que lo adorna?
¿Cómo no, si además el infierno se abre a los pies
del malvado que se aparta del derecho camino,
y el Día de la Cuenta Dios lo avergonzará
declarando lo que encierran sus equívocas mañas ?
Aquel a quien Dios otorga Su misericordia,
unida a Sus beneficios sin número,
y que neciamente la rechaza
por ir en pos de lo que Dios veda en sus Libros,
¿no es, entre los siervos, el más merecedor de que mañana
caiga en la desgracia y en la ira divina ?
¡Gracias sean dadas al Señor, cuyo amable poder
está tan cerca de nosotros «como vuestra vena yugular»
El que sustenta a todos los hombres
tanto extranjeros como árabes!
¡Loado sea Dios por Su favor
y porque coarta las vicisitudes del Sino!
El ha puesto a nuestro servicio tierra y cielos,
y el agua y las estrellas que hay en el espacio.
¡Escucha, y deja a un lado al que desobedece a Dios!
No carga la leña sino quien la recoge.
Dije también :
El mundo, cuyos préstamos han de devolverse, te ha prestado
una vida muelle, cuyo verdor ha de mustiarse.
¿Podrá el hombre de juicio firme desear la vida
estando para recibir la visita de la muerte impensada?
¿Cómo han de deleitarse los ojos en el sueño de un instante
tras el largo escarmiento de lo que han visto?
¿Cómo ha de holgarse el alma en una mansión de tránsito
si está cierta que en ella no ha de afincar,
y cómo consagrará a la tierra ni un solo pensamiento
sin saber donde irá a parar luego que muera?
Su esfuerzo para salvarse, ¿no la ocupará enteramente?
Su temor al castigo, ¿no le servirá de freno?
Bien engañadas andan las almas a las que un placer fugaz
lleva al fuego del infierno, cuyo ardor no se extingue,
y es que hay algo que las arrea, insta y apura
para llegar a un lugar que no es su destino.
Son llamadas a una cosa, y por otra suspiran;
siguen una senda cuando su paradero es otro.
¿Cómo es que corren hacia aquello que les daña
si están ciertas de que irán a parar al tormento?
Dan de lado el deber, y se entregan a niñerías;
su desatino y su poco seso las hacen desgraciadas.
Se acogen a lo que ha de afligirlas
y huyen de lo que pudiera salvarlas.
Dejan al Señor, que las llama al buen camino,
y van en pos del mundo, que pugna por escapar.
Date prisa, iluso, en volver sobre tus pasos,
pues tiene Dios una casa en que no se apaga el fuego.
No elijas lo caduco en vez de lo perdurable,
pues en la elección se conocen los buenos entendimientos.
¿Sabes acaso que está la Verdad en lo que dejas,
que andas por trochas a toda luz erradas
y que abandonas neciamente los blancos senderos
por otros oscuros en que los tropezones lastiman el pie?
Te gozas en un placer que ha de parar en arrepentimiento,
y que se ha de acabar sin que acaben sus consecuencias,
porque las delicias y alegrías todas se disipan,
pero los efectos y la vergüenza del pecado perduran.
¿Estás despierto, iluso ? Ya se hace claro
el misterio que ocultaba los cataclismos.
Date prisa en complacer a tu Señor, y evita
cuanto ha vedado, que bien diáfano relumbra.
El tiempo pasa en serio, mientras tú juegas
y te seduce un mundo, cuyas insinuaciones te son nocivas.
¡A cuántas gentes engañó el Tiempo antes que a nosotros,
y ahí tienes delante sus moradas ruinosas!
Medita en lo que cayó, y con ello escarmienta,
porque la experiencia aguza los entendimientos.
Sus baluartes apartaban de sí a todo codicioso soberbio,
y su victoria sobre los enemigos parecía segura;
pero volvieron al vientre de la tierra y se desparramaron,
porque eran un préstamo que retornó a su Dueño.
¡Cuántos dormitan sin cuidarse de la muerte,
que se remanga, como suele, para llegar de prisa!
¡Cuántas iniquidades cometen los poderosos,
mientras la venganza alza las manos ante el Señor del Trono!
Te ves lleno de afán cuando corres en pos del mundo,
a pesar de que su falsía te aparece manifiesta,
y, en cambio, la flojedad te hace desmayar en la obediencia del Misericordioso,
y das muestras de una tranquilidad que no tiene disculpa.
Miras de evitarte tristezas, que se acaban y consumen,
mientras te olvidas de aquello que es tu deber evitar.
Ya me parece ver, clara y patente, tu angustia
cuando caiga sobre ti el Destino ineludible.
Dirá entonces el hombre: «-¡Quién me diera los tiempos
que pasaron, cuando estaba en mi mano elegir!»
Estáte atento al día cuya venida es inminente;
el día terrible en que la agonía asaltará al alma;
el día en que te dejarán solo todos tus cómplices;
el día en que todas las esperanzas se vendrán abajo;
el día en que te pondrán en una morada oscura y angosta,
sobre la cual sólo el polvo ceniciento aparecerá ante los ojos.
Luego te llamarán, sin que, en tu soledad, sepas quién te llama,
pues ya habrá caído el velo de la faz de la vida;
te llamarán, sí, al Día terrible, espantoso;
a la Hora de la Reunión, que bien paladina ha de sonar.
Ese día se congregarán las fieras; se reunirán,
cubriéndonos al diseminarse, las páginas de nuestros hechos;
se engalanará el paraíso, acercándose a los hombres,
y será atizado el fuego del horno de la Gehena.
Quedará plegado el sol que brilla por la mañana;
se empañarán de pronto refulgentes luceros,
porque si una orden excelsa lo ha arreglado todo,
otra orden entonces todo lo desordenará.
Serán removidos los montes, cambiada por otra la tierra,
y las camellas preñadas de diez meses andarán sin dueño.
Habrá que ir a la mansión de incalculables delicias
o a la morada cuyas cadenas jamás se aflojan.
En presencia del Poderoso, al par piadoso y justiciero,
serán contadas las faltas, grandes y pequeñas.
El reo de pecados veniales se arrepentirá el Día del Juicio;
pero los pecados mortales arruinarán allí a quienes los cometieron.
Serán hechos felices los cuerpos y revivirán las almas
de aquellos en que lo secreto y lo público se equilibren,
cuando los rodee el perdón y la gracia de Dios,
que los aposentará en una casa de suntuosidad lícita.
¡Y los depravados los alcanzarán, si en una carrera
pueden igualarse los corceles y los asnos!
Déjanse los mundanos seducir por su mundo,
que pensarías que sólo encierra seres felices;
pero con esta madre del mundo la piedad mejor es desobedecer
y sólo abandonándola se la defiende.
No alcanzó dicha en el mundo sino quien la desprecia,
y sólo en su vecindad y trato se halla la ruina.
Los codiciosos se despeñan en él uno tras otro,
con experiencia manifiesta para el entendimiento del agudo.
Ponte, pues, a salvo de las vicisitudes;
no lo frecuentes para que no te atraiga su abismo,
y mira de no dejarte seducir por sus apariencias,
pues una mente limpia sabe bien lo que valen.
Reyes de la tierra he visto que deseaban el poder
y el placer del ánimo, cuya atracción es tentadora;
pero que luego dejaron el camino que llevaba a sus deseos
para seguir la humildad, de pequeñez absoluta,
buscando de veras la senda del temor de Dios,
que los que anhelan salvarse pueden acortar.
Pues ¿qué es la gloria sino un ideal que sólo puede lograrse
cuando los demás ideales humanos se salven de la ruina?
Y ¿quién gana sino el hombre que pone en Dios su confianza,
contento con poco, que sin todo se pasa, y es de veras modesto?
Los que gobiernan reinos sólo hallan temores y cuidados
que los ponen en apuro y consumen su paciencia:
con nuestros ojos lo vemos, pero nos arrastra
una embriaguez de cuyo vino no nos despejamos.
Repara en Quien construyó la bóveda sobre la tierra;
Quien abarca en Su saber lo habitado y lo desierto;
Quien sustenta con su poder mundo y cuerpos celestes,
sin columnas en que puedan asentarse:
Quien dispuso en su providencia el régimen de la tierra,
con la exacta sucesión de la noche y del día;
Quien hizo brotar en su faz las aguas
de la que se nutren granos y frutos;
Quien juntó los colores en las flores de sus yerbas,
haciendo brillar entre ellas a la rosa y al narciso,
para que unas fueran verdes, de esplendor admirable,
y otras de un rojo que ofusca la vista;
Quien cavó sin fatiga el lecho de los ríos
cuyo caudal brota de las duras peñas;
Quien dispuso que el luciente sol fuera blanco
a la mañana y por la tarde amarillo;
Quien creó las esferas celestes, de dilatado curso,
y las perfeccionó regulando sus giros;
Quien cuando cae sobre el entendimiento una desgracia,
no hay viviente más que Él a quien recurrir.
Todo vemos que exige un Creador,
a cuyo imperio y mandamiento se somete.
Él nos mostró claros los prodigios en sus Profetas,
y les dio poder para hacerlos tras de ser incapaces;
Él hizo hablar palabras de sabiduría a bocas
en que no había claros de dientes ni mellas;
Él sacó una camella de la peña durísima
e hizo al punto oír a las gentes su mugido
para que unos creyesen y fuera infiel otra turba,
a la que Qudār arrastró a la perdición;
Él sin esfuerzo, hendió ante Moisés la mar,
cuyas olas se retiraron, dejando en medio un vacío;
él sacó a Su Amigo del fuego del horno,
sin que lo dañasen su ardor ni su llamear;
Él salvó del Diluvio a Noé, por quien se guió
un pueblo cuya maldad mostró depravación;
Él dio especiales poderes a David y a su hijo,
resolviéndoles lo hacedero y lo arduo,
pues sometió al uno el gigante del país
y enseñó al otro el lenguaje de las aves del cielo;
Él distinguió con el Alcorán al pueblo de Mahoma,
llevando su enseñas hasta los confines del mundo;
Él rajó la luna del cielo para su Enviado, y le favoreció
con milagros verdaderos e irrebatibles;
Él nos liberó de la infidelidad de nuestras opiniones acerca de Él,
que antes giraban en torno a un eje mortal.
¿Cómo, pues, ay de nosotros, no dejamos nuestra necedad
para escapar de un fuego cuyas chispas se derraman?

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cuánta dulzura
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