Reseña biográfica


Poeta y dramaturgo belga nacido en Gante en 1862.
En 1896, al terminar estudios de Leyes, se trasladó a Paris, abandonó el ejercicio profesional y se dedicó desde entonces al ejercicio literario. Convencido de que en la escuela simbolista estaba el futuro de la poesía, se adhirió al grupo y publicó en 1889 "Invernaderos cálidos" .
Obras de teatro y prosa tan importantes como "El pájaro azul" en 1909, "La princesa Malena" en 1889, "Peleas y Melisanda" en 1892, "El tesoro de los humildes" en 1896, "La vida de las abejas" en 1901 y "La inteligencia de las flores" en 1907, lo hicieron merecedor del Premio Nobel en 1911.
En 1932 el rey de Bélgica le nombró Conde y en 1937 ingresó a la Academia de Ciencias Morales y Políticas de Francia. Viajó luego a Estados Unidos donde fue profesor de literatura por varios años. De regreso a Europa después de la II Guerra mundial, se radicó en Niza, donde falleció en 1949. ©

Poemas de Maurice Maeterlinck:
Canción
Deseos invernales
Hay femenil temblor en mi alma
Horas sombrías
Lo busqué treinta años, hermanas...
Y si retornara un día...

Canción
Ellos me anunciaron,
(Hijo, tengo miedo),
Ellos me anunciaron
Que él iba a partir...
Mi luz encendí,
(Hijo, tengo miedo),
Mi luz encendí,
Y me aproximé. ..
En la primer puerta,
(Hijo, tengo miedo),
En la primer puerta
La llama tembló...
Luego, en la segunda,
( Hijo, tengo miedo )
Luego, en la segunda,
La llama me habló...
En la tercer puerta
(Hijo, tengo miedo)
En la tercer puerta
La luz se apagó.
Versión de Edmundo Bianchi


Deseos invernales
Lloro los labios ya gastados
donde los besos no han nacido,
y los deseos abandonados
sobre dolores abatidos.
La nieve cubre el arenal.
Del cielo gris, es duro el ceño.
Y en el alcázar de mis sueños
lobos que rondan el umbral,
y observan en mi alma cansada,
mirando aquello que pasó,
toda la sangre derramada
por el cordero que se heló.
Sólo alumbra la luna errante,
con su tristeza siempre igual,
en la helada hierba invernal,
mis ansias, de hambre agonizantes.

Hay femenil temblor en mi alma...
Hay femenil temblor en mi alma.
Ved lo que hice, Señor:
De mis manos, lirios de mi alma,
De mis ojos, cielos de amor.
La palma y el anillo he extraviado
-¡Perdón, Señor, por mi humildad!
Por la oración que os he rezado
-Flor en un búcaro- ¡piedad!
Piedad del labio por su mal;
Piedad por mi profunda pena...
Plantad en el charco un rosal;
Sembrad las fiebres de azucenas.
De las palomas, siento el vuelo
Que anubla de mi cielo el tul...
¡Piedad por el lirio del velo
Que me rodea de un gesto azul!
Versión de Edmundo Bianchi

Horas sombrías
Ved antiguos deseos que pasan,
Aun sueños de hombres cansados,
Aun ensueños que fracasan;
¡Días de esperanza pasados!
¡Hoy mismo huyamos de su asedio!
No se ve más estrella alguna;
Hay sólo hielo sobre el tedio
Y un lienzo azul bajo la luna.
¡Y aun llanto preso en trampa aleve
Ved a los enfermos sin fuego
Ya los corderos pacer nieve;
¡Piedad, Señor! ¡Oye mi ruego!
Yo, espero algo de despertar
Y que el ensueño haya pasado;
Y en mis manos la luz solar
Porque la luna la has helado
Versión de Edmundo Bianchi

Lo busqué treinta años, hermanas...
Lo busqué treinta años, hermanas,
¿Dónde se escondió?
Y marchó treinta años, hermanas,
y siempre me huyó.
Yo marché treinta años, hermanas,
Ya no tengo paz!
El estaba en todo, ¡oh hermanas!,
Y ya no está más. ..
La hora es triste, muy triste, hermanas;
Desnudáos los pies;
Ya la noche muere, ¡hermanas!
Yo muero a mi vez...
Bien jóvenes sois, hermanas;
Mi bastón tomad,
E id lejos, muy lejos, hermanas,
Y siempre buscad...
Versión de Edmundo Bianchi
Y si él retornara un día...
Y si él retornara un día
¿Qué le habría de decir?
-Que lo esperó el alma mía
Hasta la hora de morir.
¿Si él cree mi respuesta vana
Y me pregunta algo más?
-Háblale como una hermana,
Porque ha de sufrir, quizás...
Tal vez que le diga, exija,
Dónde, entonces, estarás.
-Entrégale esta sortija
y nada responderás.
Si ve la sala desierta
¿Qué le diré a su estupor?
-Muéstrale la puerta abierta
y sin luz el velador.
Pero entonces, dolorido,
Dirá si te vi morir. ..
-Dile que yo he sonreído,
Para no hacerlo sufrir...
Versión de Edmundo Bianchi


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Los hombres nunca saben
cuánta dulzura
y cuánto quebradizo silencio
hay en una poesía...


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