"He llorado! ¡Llorado de amor o de añoranza!
De vergüenza y orgullo ¡De puro anhelo!"

"Autorretrato 1930"
Lino Enea Spilimbergo

Reseña biográfica


Poeta, periodista y crítico de arte colombiano nacido en Envigado, Antioquia, en 1935.
Dueño de una personalidad arrolladora, durante su juventud fue voluntario en la guerra de Corea, cantante de tangos y actor
de teatro. Recorrió varios países de América y Europa, participó activamente en cafés literarios bogotanos y fue un analista
permanente de artes plásticas en diversos medios periodísticos. En 1972, fundó, en compañía de Aurelio Arturo, Fernando Charry Lara, Giovanni Quessep y Jaime García, la más prestigiosa revista cultural , "Golpe de dados", en cuyas páginas, durante cuatro décadas, tuvieron cabida poetas colombianos, latinoamericanos, traducciones, antologías, y ensayos sobre poesía y filosofía.
Fue autor de una extensa obra poética: "Poemas urbanos" 1966; "Noticiario 67" 1967; "Y vivo todavía" 1972; "Baladas sobre ciertas cosas que no se deben nombrar" 1973; "Baladas" 1980; "Los poemas del invierno" 1984; "Mis asuntos" 1986; "Vuelvo a las calles" 1989; "Del amor y su huella" 1992; "Flor de pena" 1998; "Qué corazón"1998; "Porque soy un poeta" 2000; "La elegía de las voces" 2000, y "Balada de la gran señora" 2004.
Entre los importantes galardones obtenidos, se destacan: Premio Nacional de Poesía "Eduardo Cote Lamus" en dos ocasiones; Mención internacional en La Habana, en 1973, por su libro Y vivo todavía, y el Premio Nacional de Poesía "José Asunción Silva"
en el año 2001.
Falleció en Bogotá en el año 2009. ©
A veces Henry
Balada de la muchacha-de-la-pollera-pronta
Balance
Ceniza azul
Cosas que pasan
El amor
Endecha
La balada de los hombres hambrientos
La luna y Nueva York
Lágrimas
Madame
Palabra
Poesía
Salmo
Sísifo
Tango para "Irma la dulce"
Un habitante
A veces Henry
A veces Henry tuvo algún dinero
e invitó a sus-camaradas,
de un sexo o de dos, inteligentes
o encantadores, o ambas cosas a la vez,
los que dijeron, quizás sí,
pero como hizo él, vinieron y se fueron,
y no llegaron a ser mucho.
Del mismo modo otras veces Henry,
se irguió con coraje pagano, en arrebatada pareja,
con el huraño amigo que lo acompaña,
frente a las -según el mismo Henry, pacatas,
gentes de otra generación-
Que llenan las formas y se callan de sus asuntos.
A los que proclaman con un gesto augusto,
en el éxtasis austero del justo,
que "estamos viviendo unos tiempos infames".

Balada de la muchacha-de-la-pollera-pronta
Esta es la balada de la muchacha pródiga de sí misma
que alegre y detonante de colores
hace el saludo de su sonrisa de-mi-querido-amor
a los que la tutean con palabras de esposo
Hombres que nunca ha visto
solemnemente rústicos o con rústicas bromas.
Ellos saben y la buscan golosamente
desnudando sus caderas blancas en la oscuridad
Una muchacha hecha para un ramo de flores
una chica galante dispuesta a todo y por todos
La que amaba demasiado pronto y con-todo-su-cuerpo
y por ello mal comprendida fue.
La muchacha
la muchacha-de-la-pollera-pronta
hacia mí la ola de su pollera despliega...
Sucedió como suele sobre los pastos haraganes
cuando el sol era el sol y el calor el calor
La boca abierta hacia las gordas nubes fofas del verano
y la pollera sobre la cara como un jardín cubriéndola.
De soslayo con la comisura de sus labios miraba
cuando el pequeño amigo favorito para el placer
la solicitaba con voz ahogada embarullándose...
y algo espumeante y feliz le sube a la cara
y se le arrebola
como si él le hiciese cosquillas con una ramita verde.
Jóvenes y viejos se metían entre sus sábanas
para tener su mundo en paz
Contentos cerca de ella
con una carga de caricias
o con una sonrisa idiota
antes de abrazar su maravilla.
La muchacha...
la muchacha engendra oleajes se vuelve playa
y su pollera canta como las olas!
El día era perezoso y la noche activa
Venían de uno en uno
o todos a la vez
Le formaban una "guardia de corps"
y se envolvían en su sonrisa
Su corazón era un albergue
abierto para una noche.
Y como si fuera su corazoncito un nido recién hecho
los más rayados los más bochincheros
llegaban piando: "Dádnos amor dádnos amor".
Comprobando con fatiga la buena ley del metal
la muchacha-del-corazón-pronto
la muchacha-de-la-pollera-pronta
tiende sus brazos desnudos...
Ella extiende su cuerpo con ademanes calmosos
en el día en la noche
para todos para cada uno
se abre se da vuelta se muestra
con ingenua sapiencia
y lo que se ve es hermoso es extrañamente agradable
y al hacer todas estas cosas ella será "ella".
Y así cuando escucho en algún lugar
palabra que alguien masculla al pasar
a otra muchacha de corazón también henchido
Mis pensamientos rápido son
para esta muchacha de la pollera-pronta
atenta a la vida con un buen sentido
que para ofrecer sólo tenía
aquella llama exacta
un fuego para calentar la vida
un fuego para vivir mejor.
La muchacha
la muchacha-de-la-pollera-pronta
viene hacia mí moviéndose con pausa de hoja...
¡Muchachas ídos todas!
con la llama que calienta la sangre y abrillanta los ojos
el invierno está aquí afuera está aquí en mí
Pero esta noche antes de los somníferos
dejad que avance la imagen de la muchacha-de-la-pollera-pronta
cada vez más lenta
cada vez más oleante
necesito de todos sus pujantes recuerdos...!
La muchacha
la muchacha de la pollera pronta
y su playa-su-playa-su-playa por todas partes...
Balance
Es terrible no encontrar a dónde ir...
De las casas unas están destruidas,
sin lecho, a oscuras y con telas de araña,
con lepras en los muros y con espectros tristes,
otras se alzan tan falsas como un decorado.
Del palacio o la casa encantada,
la tapicería vemos gastada, anticuada.
No hay belleza en aquel lugar, no hay misterio,
y continuamos nuestro aislado camino,
en el jardín gotea el surtidor del cansancio.
Hay posadas que ya no se abren más por nosotros,
con las que hemos perdido el contacto,
cuando exentos de excusa, buscamos,
titubeantes como un extranjero,
o aun como mendigos, lejanos, extraños...
Es terrible no saber a dónde ir,
al final del día muerto
a la hora en que a veces se bebe, o se mata.
Encontrar que no hay sendero,
no hay camino, no hay puerta, donde llamar,
en la fatua sonrisa del triunfo,
o en el pobre final, consumida ¡la Casa del Alma!
Ceniza azulDel amor
sólo queda
un poco
de ceniza azul.Volverías a
sentarte
junto al fuego
apagado
ahora que lo
sabes?
Cosas que pasan
Este hombre y esa mujer se conocieron cierto día
Sin duda el hombre sonrió a la mujer
sin duda le trajo flores
sin duda llegó a conocer su olor entre mil
y hasta a olfatear su ropa interior
su brassiére sus pantalones
tirados sobre la cama
Años después ella pasa con un gordo contoneo
envuelta en pieles emplumadas
Su perfume es el mismo barato y dulce
lo mismo ondula su grupa de sanguijuela encantadora
tiene en cambio los ojos turbios
como dos cuentas desteñidas de porcelana
El parece un hombre serio y sobrio
con su cuentica en el Banco y su “curriculum vitae”
no hay duda de que ha sabido ubicarse en el proceso
la mira la examina de una manera abstracta
como si examinara
una cosa vieja oxidada
a la brillante luz del sol
Parpadeando estúpidamente desde un lapso de olvido
y sombra y grasa...
Tiresias ciego adivino de mamas arrugadas
Todos somos él
-o algo parecido al menos-.
El amor
El amor es algo que viene y calienta
una vez. Y un instante no más,
-si es que viene-
Y después de esta costumbre de calor,
otra vez, ¡ay! nos deja muriendo solos.
¡En estos silencios! Este dejarse llevar
más allá de las barras de los bares,
y más allá del bien y del mal.
El amor es algo punzante. Y en verdad
con olor
que desaparece y nos dice. "Yo estuve aquí"
-reseda- en la rara y tenue sensación
de aromar,
en la habitación ya vacía...
Endecha
Estábamos perdidos
cuando nos encontramos
en aquel retraso de aeropuerto.
Yo estaba lleno de noche y de frío,
aunque había pasado tres días
en el "San Francisco",
con una muchacha de nalgas redondas.
Tu creíste que yo era un camionero.
Admiraste la vulgaridad de mi estilo
y me amaste por ello.
-No lo era.-
Yo creí que tú eras una princesa,
que arrastraba hasta mí su aburrimiento.
-Y es verdad.-
Como es verdad que seguimos estando perdidos.
Yo, por no poder soportar la realeza,
tú, por no saber nunca lo que estás haciendo.
La balada de los hombres hambrientos
Los hombres hambrientos tienen oro
casas con retretes de mármol
y vestidos suntuosos
Pero no pueden matar el hambre y la sed
del tigre de sus ojos
Los hombres hambrientos son
en alguna forma hermosos
Por una magia mortal y execrable
sus oídos se han vuelto sordos
Pero los hombres hambrientos simulan oír
y pagan bien a los cantores
Pregonan una extraña desesperación
han perdido el recuerdo de los humanos olores
caminan para buscar un aroma imbuscable
el de los tallos de las flores muertas y de los pétalos podridos
el olor que al mismo tiempo es
el olor de la muerte y el olor del nacer
Se cubre de moho el corazón
de estos hombres hambrientos
Se entrecruzan a la deriva
No se ven
Son muchos en movimiento
Sus mujeres lavadas en agua de caros perfumes sintéticos
adustas acechan también
aquel olor que alcanza los huesos
Si levantan las cabezas hacia cosas más altas
no distinguen otra cosa que el viento
Remeros esclavos en un gran bajel de oro
van los hombres y mujeres hambrientos…
La luna y Nueva York
Nos encontrábamos todos los días
en el mismo sitio
compartíamos versos, cigarrillos
y a veces una novela de aventuras.
Lanzábamos piedrecillas
desde el puente donde almorzaban
los obreros de la fábrica de vidrio.
Le decía que la tierra es redonda
mi tía bruja y la luna un pedazo de cobre.
Que un día iría a Nueva York
la ciudad abundante en cosas estrambóticas
donde los gatos vagabundos
duermen bajo los automóviles
donde hay un millón de mendigos
un millón de luces
un millón de diamantes . . .
Nueva York donde las hormigas
demoran siglos trepando al Empire State
y los negros se pasean por Harlem
vestidos con colores chillones
que destilan betún en el verano.
Iría por los restaurantes
hasta encontrar un cartelito:
“Se necesita muchacho para lavar los platos.
No se requiere título universitario”.
A veces comería un sandwich
recogería manzanas en California
pensaría en ella cuando montara en el elevado
y le compraría un traje parecido al neón . . .
me iba a besar
cuando sonó el pito de la fábrica.
Lágrimas "En el juicio Final sólo se
pesarán las lágrimas"
Cioran
Conozco las lágrimas.
Sé de las lágrimas.
Un negro rocío cuyo sabor perdido
de nuevo encuentro.
He llorado de noche, a la orilla del mar,
oprimido por el dardo de la belleza...
Sollozado lágrimas por alguna espantosa
verdad,
secretamente. Serio como la muerte.
Donde no hay nada para engañar.
O desde lo alto de los tejados, donde
todos pudieran verme.He llorado bajito, bajo, así de afligido
-medio-triste medio-enfermo-
por los nobles árboles desarraigados
viejos y negros...
Porque la mañana y la noche vienen otra vez
¡y siempre otra vez!
y una vez más, en inextinguible y eterno infierno.
¡He vivido cargado de lágrimas!
Han brotado mis lágrimas
en algún estupor de vino y silencio...
He llorado cubierto por mi sudor de sangre
en mi Huerto-de-los-Olivos. Herida el alma
en la despedida mas breve.
Compartido anónimos ruidos de lágrimas
en que prevalece, la secreta tristeza del
mundo.
Y sorbido la lágrima desde un párpado...
Una gota sola que cae, con impulso tierno
como e! de la rota cuerda de un arpa.
¡He llorado! ¡Llorado de amor o añoranza!
De vergüenza y orgullo. ¡De puro anhelo!
Lágrimas de vida y de muerte,
me han hecho verter una serie de pequeños hechos.
Madame
Siéntese frente al fuego
y hable madame
leyendo hacia adentro
en la pizarra donde la vida escribe.
Tal vez a mi pueda contarme
que alguien un día
llevó su mano -como un clavel
por una calle solitaria-.
Palabra
Ven palabra desnúdate
serás la amada de un hombre al que no le importa
si pareces fea o eres pobre.
Porque vosotras palabras
os parecéis como un desfile de mujeres hermosas
toscas o refinadas
podéis dar más unas que otras.
Pero tengo la debilidad de detestaros bien vestidas
la sola vista de vuestras lentejuelas de feria
me cansa de antemano
el corazón.
Sé que en cambio desnudas
pasáis con el secreto que nadie ha gustado
o que pocos comparten.
como alguna muchachita gris desmedrada
y sumamente silenciosa
con los zapatos llenos de barro
a la que una sola mirada a ella misma
la hace resplandecer
como envuelta en polvo de estrellas
y de mariposas apretadas...
Poesía
Pájaro que desciende
de la cumbre
nos asombra
y nos llena de silencio
Lo que se escucha
es sólo el temblor
el necesario escalofrío
de la rama a que llega...
SalmoCada ocaso advierte a los hombres callados
que miran al horizonte
que la oscuridad caerá.
Y cada día el Cartero- Muerte llama a la puerta.
Lo oímos golpear y golpear.
Aunque no le abramos
nos deja una invitación permanente.
¡Tiempo! ¡Tú me has robado los días de vino y rosas!
¡No hay bondad en tu curso!
¡Tus agujas han cosido un sudario blanco
con el hilo de nuestras vidas!
Carta depositada sobre carta,
sin que nunca se agote el saco,
oímos el toc-toc de la muerte.Sin forzar fatalmente estricta, de buenos huesos,
llenando nuestras bocas de polvo
camina vida-arriba con zapatos de hierro.

Sísifo
Este fardo invisible que transportamos,
es semejante al de Sísifo:
logramos llevar la roca arriba, un poco más cada día
cuando de pronto algo surge y nos retrocede.
De la mañana a la noche y por una necesidad de hierro
levantamos tú y yo y cada uno nuestra roca.
Desde debajo de la montaña, contemplando el borde del cielo muy lejos.
Con el miedo oculto en el corazón
o con el coraje tranquilo de los varones.
Pero habrá un día, un momento que no conocemos,
en que tú filisteo exitoso
que vas por la carretera limpia, nueva,
a quien encuentro cada mañana y veo subir
más cómodo, sonriendo,
y yo que asciendo tan trabajosamente
el terrible camino vertical,
devorado por la ansiedad,
entre la humillación y la sospecha,
no miraremos más la linde lejana, sobre nuestras cabezas.Cumplido el oficio
tu mano y mi mano dejarán la llave en el bolsillo
y la roca quieta.
Tango para "Irma la dulce"Aquí estuvo
sacudida por el manoseo de las habladurías
y los despertadores
Aquí estuvo demasiado triste en el final
Las palmas bajo la nuca y el pelo desparramado
agreste como barba de coco
mirándolo todo con simpleza y admiración
"cómo se ve que tú eres escritor"
me dice
a mediavoz en la tiniebla de un cuarto con ginebra estéreo
y flores de plástico de todos los colores
Allí figuraban y no podían faltar
claro está
Sosa Beny Moré Gardel
los clásicos del tango y del bolero
y los otros
los Mozart y los Beethoven de siempre
en fin todo eso que uno no ha aprendido a sentir
pero que sí parece
lo único verdaderamente pulcro
adecuado
para evadir la brutalidad de los sucesos
Yo estaba lejano triste tratando de animar
falazmente
la cansada sangre en las venas
y ella ancha casi tapando la cama
funcionando soberbiamente
con lo que se podría llamar su belleza
o sea "su verdad"
una cosa hecha de calor-poder-y-fuerza
un desbordamiento
como una yegua blanca con sus patas traseras
bien abiertas
que se vuelven plateadas y empiezan a brillar
en un cabrilleo de luces
inestable
una rendija de luz en la persiana
que sube por sus piernas e impone a su cuerpo una lividez
de avena
y todo todo perdiendo la certeza y la eternidad
como si la luz estuviera de veras inventando
una forma nueva
ya en la noche se había acabado
ella puso su mano en mi cara y dijo "soy una mujer cansada"
tan grata su mirada que me sentí ablandado
sin luchas
quise adelantarme empujar la persiana
admitir la franqueza del día
la circuntristeza
romper el espejismo el sortilegio engañoso
"por qué hablas así gatita esas son las cosas que dicen
las intelectuales neuróticas"
"lo sé pero créeme que hablo completamente en serio"
y luego como la cosa más natural del mundo
"sé que el error está en mí misma"
llama "error" a su vida
y me contó de su marido músico
maffioso
chupando la trompeta como si fuera marihuana
hasta la madrugada
"no, no es un programa estar sola todas las noches no creas"
y continuó hablando y vistiéndose un sostén modelo
televisión y un liguero negro
y diciendo que "qué barbaridad" y que "qué tontería"
como respuesta a una pregunta conocida
a una inquisición cifrada
"sí creo que así es lo mejor"
agrega
"no hay complicaciones ni números de teléfonos, ni cartas
de amor ni nada"
"me gusta la vida libre el cambio"
le digo
"le tengo un horror sagrado a las posesiones
y ahora ya sabes mi nombre y donde vivo para que se
empiecen a amarrar los nudos
para que todo se empiece a terminar"
Y le invento una historia mediocre
profundamente provinciana
o de la literatura considerada como la coartada perfecta
ella no lloró ni se rió
miró melancólicamente
frente a sí como si hubiera un vacío
evidentemente no conocía ni a yago ni a Otelo ni a
"Chéspier"
y ni siquiera a maupassant
y esta ignorancia la conducía hacia la niñez
dulcemente
"El mundo es así" concluyo
como si ya me estuviese yendo lejos
de un modo gentil y frío
y termino con un instantáneo "la gente"...
es la vaga indecisa palabra
en la que le he decretado
de pronto
su fin
Afuera en la tiembla-luz
las casas cerradas envueltas en un vapor esmerilado
un postigo
que se abre como un párpado y que luego se cierra
intenta tocar de nuevo
su ombligo oloroso sus teticas apretadas forradas
bajo un dique
de botones y flecos
tratando de inventar el gesto la actitud la palabra
que diluya en un aire amable casual
la tristeza largalargalarga
de pozo ciego
el encantamiento muerto
Pero hay que irse no podemos esperar demasiado
se cubrió con los vidrios oscuros alta lejana
ya yéndose
con su olor ruda-y-sal bajo las axilas del suéter
con su carne viva templada bajo la piel
con el amor...
"Llámame cuando quieras" me dijo a modo de despedida
sobre los árboles con hojas de pelusa plateada
comenzaba un cielo azul-bandera...
Un habitante
Este hombre no tiene nada qué hacer
sabe decir pocas palabras
lleva en sus ojos colinas
y siestas en la hierba.
Va hacia algún lugar
con un paquete bajo el brazo
en busca de alguien que le diga
"Entre Usted"
después de haber bebido el polvo
y el pito largo de los trenes
después de haber mirado en los periódicos
la lista de empleos.
No desea más que dónde descansar
uno por uno sus poros.
Hay tanta soledad a bordo de un hombre
cuando palpa sus bolsillos
o cuenta los pollos asados en los escaparates
o en la calle los caballitos
que fabrica la lluvia feliz.
Y dentro, en la tibieza
las bocas sonríen a la medianoche
algunos se besan y atesoran deseos
otros mastican chicles
y juegan con sus llaves
crecen los bosques de ídolos
y el cazador cobra su mejor pieza.


Nuestras Poesías

Los hombres nunca saben
cuánta dulzura
y cuánto quebradizo silencio
hay en una poesía...


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