"Lo que dices de mí no son tus opiniones,
es el dulce apagón de la conciencia..."

"The Lovers"
René Magritte
Reseña biografica
Poeta,
traductor y antólogo español nacido en Madrid en 1961.
Aunque vivió desde
los dos años en Sevilla, actualmente y después de un tiempo pasado en
Benares, India,
se radicó en Málaga.
Es una de las figuras sobresalientes de la última
generación de poetas españoles.
Su obra está contenida en las siguientes
publicaciones:
Primeros poemas del naufragio
en 1984, Mi enemigo en 1987,
Semillas para un cuerpo en 1988,
Los amores imposibles Premio
Hiperión 1990,
Libro de homenajes en 1993,
El placer de las metamorfosis - Antologia 1984-1993 en 1996,
El fugitivo en 1998,
Piezas para un puzzle en 1999,
Los poemas de Vikram Babu en 2000,
La gorda y otros poemas en 2001 y Lo que dices de mí
en 2002.
Además ha traducido varios libros relacionados con la cultura de
la India y preparado una edición de poetas devocionales
de ese país, Antologia de poesia devocional de la India en 1998.
Es articulista del diario La Opinión y codirector de varias colecciones de
poesia. ©
De "Lo que dices de mí" 2002:
1. Lo que dices de mí...
2. Tus palabras...
3. Algo dice de mí...
4. Lo que dices de mí...
5. Todo lo que decimos...
6. Lo que dices
de mí me obliga a contestarte...
7. Lo que veo pasar me ve pasar...
Como aquel alfarero que rompía las
jarras...
Como un águila...
El saltador
Estábamos ahí detrás del seto
Juan se llevaría la palabra
isla...
Lección de metafísica
No estés triste mi amor...
No lamento tu ausencia, no me
alegro tampoco...
Poema del círculo
1. Lo que dices de mí...
Lo que dices de mí:
un
extraño camino que nunca he recorrido,
un camino que enlosan tus palabras
y que si miras bien se corresponde
con una de las líneas de tu mano.
Lo que dices de mí
eres tú misma,
eres tú de repente bifurcada,
una parte de ti que se
queda a tu lado,
otra parte de ti que se viene conmigo.
Lo que dices de mí va borrando mis huellas
Lo que dices de mí me
prepara emboscadas.
Lo que dices de mí
es saliva y es tierra que amasas para darme
figura de caballo, figura de montículo,
figura de lunar, figura de tu
espalda,
figura de cualquiera de mis dedos
cerrando uno por uno todos
tus orificios
(más saliva y más tierra que coges para darme
figura de
cabaña, figura de murciélago.
Lo que dices de mí
es mentira que acierta a decir la verdad.
Lo que dices de mí
se acuesta junto a mí donde estaré,
se acuesta
junto a un hueco que llama por mi nombre
y al que besa y aplasta hasta
que nazco.
Lo que dices de mí
es telaraña, es red, pero tú no las tensas,
pero nadie las tensa pues nadie está al acecho,
es red, es telaraña
frenando una caída
que no se ha producido.
Lo que dices de mí me desconoce
del modo más perfecto imaginable,
me desconoce más que el desconocimiento
que me tienen las vetas de una
mina,
que me tienen los kraken,
que me tienen las aguas cenagosas,
que me tienen los cientos de tejados
que guarda el huracán en su gruta
secreta.
Lo que dices de mí se va probando mundos.
Lo que dices de mí me
multiplica.
Lo que dices de mí estira mis pulmones,
catapulta mis ojos,
despierta a los caimanes de mi sangre.
Lo que dices de mí me acelera y me vuelve
más lento.
Lo que
dices de mí no lo dices de mí,
no lo dices siquiera, no soy yo,
es
raíces de un árbol cuya fruta
se deshace en tu boca y la refresca,
es
un malentendido que tu voz
provoca en nuestro sexo
(el fosfeno y la noche es lo que dices
cuando dices de mí no importa
lo que digas.)
Lo que dices de mí no son tus opiniones,
es el dulce apagón de la
conciencia,
es la locuacidad de lo que existe,
es un puente colgante
entre nosotros,
son ardillas que roen las cuerdas de ese puente,
son
cáscaras de nueces, un arca abandonada,
maderos embreados que alimentan
el fuego
de un náufrago asustado.
Lo que dices de mí
es estaca que busca
con avidez al ávido corazón de ese muerto
que
ronda mis castillos y se duerme en sus sótanos,
ese muerto no muerto que
llamamos amor.
Lo que dices de mí no necesita
de mí para encontrarme.
Lo que
dices de mí no se viene conmigo
a menos que yo firme una página en
blanco.
Lo que dices de mí lo dices simplemente
con estar en el mundo, lo
dice tu deseo,
esa energía pura que hace pasar las nubes.
Lo que dices de mí
obliga al horizonte
a tenderse a tus pies y lamerte sumiso.
Lo que
dices de mí se escribe en las paredes
con tizones calientes de tus
muslos.
Lo que dices de mí
es la jaula y el mapa
en el acto preciso de
aprender
a vendarse los ojos y saltar al vacío.
Lo que dices de mí me pone en marcha,
un loco mecanismo
de huesos
astillados como sables
que va retando a duelo a todos los que dicen
que nunca has dicho nada de mí, que estás callada,
que un mutismo feroz
te ha comido la lengua.
Lo que dices de mí
es manada de lobos
hambrientos y atrapados en páramos nevados,
lobos
que se devoran entre aullidos
mientras hila la luna bufandas para el No.
Lo que dices de mí me traduce a un idioma
que aún no conocemos.
Lo que dices de mí me resucita.
Lo que dices de mí:
una
orquesta sonámbula
de músicos que tocan concentrados
y miran sin
rencor sus partituras
mientras todo el pasaje
ya abarrota los botes
salvavidas.
Lo que dices de mí me deja solo.
2. Tus palabras...
Tus palabras:
me envuelven en una
placenta y
me colocan delicadamente
en tu
interior para gestarme.
Me trasladan, las
traslado, vamos
abriendo surcos
desde dentro hacia
afuera.
Una flecha que viaja por el interior de
una
diana: para ella acertar consiste en
encontrar la
salida (y sólo tiene una
oportunidad, un tiro):
para ella la diana
es un laberinto. Así que finge
dormirse
hasta que la salida, que coincide con el
centro, pasa distraída
por su lado.
Entonces sí: se alza, se tensa y le
dispara
por la espalda.
Todo recién nacido lleva
tatuado un
laberinto y una diana
que la vida se
encargará de ir haciendo visibles trazo
a
trazo.
Vivir es reparar los
efectos de esa
emboscada
original que supuso la
muerte del centro, es hacerle el boca a
boca al centro hasta
que vuelva a
respirar. Pero el
centro no es Dios (el
centro no es
el Centro) sino tú,
yo,
cualquiera de nosotros.
Cuando te tanteo en la oscuridad
mis
manos ecorren
las paredes del
laberinto. Y el modo en
el que tus
gemidos
rebotan, se amplifican o
se
duermen por sus corredores me enseña
las
dimensiones y el
dibujo del
laberinto.
Cuando me lames en la oscuridad
una
diana se pone a rodar cadera abajo,
un
blanco en movimiento
al que sólo
puede acertar
una flecha perfectamente
inmóvil.
Tus palabras son un líquido cálido:
al
bucearlas me duermo.
Al hablar desenrollas los caminos
del
mundo para que
yo los explore.
Cuando callas los vuelves a
enrollar,
pero queda una tenue huella de
cada
uno de ellos gracias a lacual
siempre
puedo reconstruir algunos.
Me has enseñado a serpeligroso
para
mí mismo y a ser inofensivo
para los
demás.
Después de
muchos abrazos no somos
una
pareja sino un atlas.
Si alguien
quiere saber dónde se encuentra
o hacia
dónde queda el lugar
al que planea
viajar,
sólo tiene que abrirnos y poner
un
dedo sobre el punto de destino.
Si no fuera por lo
que dices de mí, y
porque me
llevas en tu interior como
una
madre al feto, mi laberinto estaría
en ruinas: cascotes en vez de
muros,
montones de
piedras en vez
de
elegantes revueltas, ratas comedoras de
ojos en vez de minotauros,
polvo en
suspensión en vez de corrientes
de aire
fresco filtrándose por las
grietas.
El cordón umbilical:
el hilo de la
madeja.
Dejarse nacer en otro es un acto de
fe,
una locura. Y también: un pacto
con el
silencio que fuimos
para que no
irrumpa en el silencio que seremos.
Sólo soy
una sombra proyectada en la
pared: existo porque tú eres
cuerpo y
bombilla. Existo
porque nada
se
interpone entre nosotros.
Tus fluidos me
escriben, me dibujan el
modo de
salir. Dibujo que he de
beber
para que tenga sentido.
3. Algo dice de mí...
Algo dice de mí
la labor del orfebre,
el arcoiris doble, los anzuelos,
las diecisiete formas que tiene el esquimal de nombrar
a la nieve y el tibetano a la conciencia,
los pechos comparados con
cúpulas o cántaros,
la barra de los bares, las películas,
los cables
de la luz parcelando el paisaje,
las etimologías inventadas,
la tala
de las selvas, las bombas nucleares,
la estupidez, el odio, la mentira,
el mal gusto, el dolor, las equivocaciones,
las hambrunas, las guerras,
el asombro, el camino, la retama,
la piedad, la emoción, la fiebre de un
bebé,
el aguardiente, el sol, la desmemoria,
los delfines, el saxo.
(Algo dice de mí cada ser, cada cosa
que ocurre, todo dice
un
aspecto de mí
y lo señala,
y quiere despertarlo y que yo aprenda
a llegar hasta el
nido donde incuba sus ojos,
y me invita a probarme
esos ojos,
a mirar de otro modo lo que soy.)
Algo dice de mí
el
ruido, el brutal ruido
que hace casi imposible escuchar lo que dicen
de mí las cataratas o el silencio.
4. Lo que dices de mí...
Lo que dices de mí
me posee a horcajadas detrás de unos arbustos.
Lo que dices de mí
me aprieta la cintura en medio del océano.
Lo que dices de mí
me araña de los muslos a la nuca
mientras un
elefante nos transporta en la selva.
Lo que dices de mí
me tira de los pelos en un piso catorce.
Lo
que dices de mí
me saliva la oreja en un vagón.
Lo que dices de mí
me embadurna de aceites aromáticos
dentro de un
telescopio enfocado a Saturno.
Lo que dices de mí
mordisquea mi sexo en la estela de un barco.
Lo que dices de mí
jadea en una mesa de un albergue.
Lo que
dices de mí
se bebe mi sudor en la calle más céntrica
(en el
escaparate de una agencia de viajes).
Lo que dices de mí
tapona con su lengua mi ombligo en una tundra.
Lo que dices de mí
se toca los pezones más allá del espejo.
Lo
que dices de mí
dilata su vagina en el arcén
de una autopista en
obras.
Lo que dices de mí
grita en un diccionario abierto por la «p».
Lo que dices de mí
se arquea hasta romperse en una alcantarilla.
Lo que dices de mí
me eriza en una lámpara.
Lo que dices de mí
me da masajes rápidos y suaves
en la fuente de un río.
Lo que
dices de mí
te besa las axilas en el filo de un hacha.
Lo que dices de mí
acaricia tu pubis en una enredadera.
Lo que
dices de mí
desoculta tu clítoris en un alto trapecio.
Lo que dices de mí
me gira y me retuerce en un vaso de vino.
Lo que dices de mí
me amorata en un puerto
asolado después de un
maremoto.
Lo que dices de mí
olfatea mi semen dentro de un espejismo.
Lo
que dices de mí
se pellizca la piel en un frutero.
Lo que dices de mí
pone un índice mío detrás y otro delante
en un
viejo astrolabio.
Lo que dices de mí
pierde el conocimiento en un poema.
5. Todoloque decimos...
Todo lo que
decimos
inaugura
distancias,/
estructura de modo distinto lo
que somos/ y nuestra
relación
con lo que existe,/ cambia de
decorado y
cambia de guión,/
modifica el
sentido de las
leyes/
y nos hace asumir
actitudes y fines/ que antes ni
siquiera imaginábamos.
Por eso las
palabras nos
escriben,/ es
decir, nos
tornean,
nos labran,
nos
dibujan./ Para
ser más
exactos: las palabras,/
lejos de
ser pasivos instrumentos/ en
nuestras
manos, son gigantas
poderosas/ desde
aquí puedo
ver el
grosor de
sus
músculos,/
sus ojos
inyectados,
la determinación/
que demuestran sus
gestos)
que nos usan/ como materia
prima para hacerse sus casas.
Las palabras nos hablan,
las
palabras/ nos habitan. Por eso
decir
lo que nos dice/
(o
hablar lo que nos habla, callar
lo
que nos calla,/ escribir lo
que escribe nuestra vida)/ es
mucho
más que un acto/ de
aceptación
de la existencia;
es/
poner una semilla en la
palabra/
para que diga lo que
somos; es/
seducir la palabra y
penetrarla/ para
que nos
alumbre y nos
lleve a su casa:/
y nos lleve a una casa que es la
nuestra.
Frente a todos aquellos/
que
están donde no
están y no
están donde
están,/ frente a
todos aquellos
que al vivir/en
una casa
ajena en realidad/
habitan
una cárcel,/ la poesia
y
el amor nos hacen/
libres
para elegir una
casa y un
mundo/
y nos dejan abiertos
para
ser elegidos/ por la casa y
el mundo que elegimos.
Y cuando
afirmo «todo lo que
decimos»
quiero/ decir la que
decimos
con sentido:/ aquello
que
se dice por
medio de
nosotros/ (la
poesia y el amor,
la luz/ y los
bosques y el mar,
la nada y
el olvido...),/ aquello
que bautiza
las medidas del
mundo/
(rediseña la planta de
la
casa),/ aquello que le da
al
mundo otra
apariencia/ sin
por
ello impedir
que siga
intacto/,
aquello, en fin,
que
afirma la que es/
en vez de
destrozarlo,
de ignorarlo,/ de
pasar
a su lado con
los ojos
borrándose.
6. Lo que dices de mí me obliga a contestarte...
Lo que dices de mí me
obliga a contestarte,
lo que digo de ti te obliga a contestarme:
de
tanto tú venir hasta mi casa,
de tanto yo acudir hasta la tuya
se va
abriendo un camino.
* * *
Se va abriendo un camino
que recoge tus huellas y las mías
y las cura y las mima y les da de comer
y cuando ya están fuertes y seguras de sí
las lleva a la espesura
Se va abriendo un camino
que nos anda
y dice lo que dices y dice lo que digo.
* * *
Y cada vez son más: un
millón de caminos
(un millón de palabras, un millón de silencios),
el
mapa de una historia que al vivirla nos vive.
* * *
Un mapa que exploramos para
que nos explore:
dos territorios anchos como el cielo y la tierra
que
se buscan, se abrazan, se respiran,
se logran vehementes, se confunden,
se duermen enlazados.
* * *
Un mapa que estudiamos para
que nos estudie
(piratas codiciosos interpretando signos)
porque ambos
escondemos un tesoro
que el otro ansía tanto descubrir.
* * *
Lo que dices de mí
es un collar de huellas,
y un vestido de huellas, y un cinturón de
huellas,
y pendientes de huellas, y sandalias de huellas.
* * *
Lo que dices de mí
es un reloj de huellas
que al consultarlo anuncia
la hora en punto de
la eternidad.
* * *
Lo que dices de mí me lleva
a la espesura
y me abandona; luego
me canta una canción para
orientarme
y canta otra canción para ahuyentar las fieras.
Yo me
embarco en su voz hasta que fluye
bajo mis pies un río que me deja a su
lado.
* * *
Cuando una huella vuelve
como río al camino
que la había llevado a la espesura
ya no es ella la
alumna que temblaba.
Ahora ya es más sabia que el camino
y le ayuda a
aprender esta lección:
cómo ir por el mundo
sin pagar el peaje de unas
huellas.
* * *
Lo que dices de mí
son
monedas de huellas que debo devolverte
como mar, como río, como lluvia,
como dardo de agua estallando en tu boca,
como dardo de lágrimas
acertando en tu boca,
como dardo de nieve acallando tu boca.
* * *
De tu casa a la mía hay un
camino:
si lo miras atento es el de siempre,
si lo miras atento y
además
permites que el camino te observe atentamente
cada día es
distinto.
* * *
Quien le venda los ojos al
camino
que va desde su casa a otra casa cualquiera
queda a merced del
zombi,
a merced de las zanjas de la muerte
(Que convierten entonces el
camino
en trincheras, en tumbas, en túneles, en trampas).
* * *
Lo que dices de mí
le
abre los ojos al camino
que va desde tu casa hasta mi casa.
* * *
Lo que dices de mí me lleva
a donde estás
(una parte de mí que se queda conmigo,
otra parte de mí
que se marcha a tu lado)
y me aloja en su casa y me llena de huellas
que un río fugitivo borrará turbulento.
* * *
Lo que dices de mí
pone
un mapa en mis manos,
me empuja con dulzura
y me pone en camino en un
camino.
7. Lo que veo pasar me ve pasar...
Lo que veo pasar me ve
pasar
y por eso estoy vivo.
Lo que veo
detenido me ve quedarme
quieto
y por eso no muero.
En mis ojos,
los ojos de los árboles y
el río
se miran para ser y darme el ser.
No espejos sino luz.
No
parentesco
o relación sino lo mismo.
No
el tiempo desplegándose
despacio
para extender su red
sino la araña
devorando a la araña
para hacerse
tan grande como el tiempo y devorarle.
Lo que veo pasar me deja ciego
y por eso estoy vivo.
Lo que veo
detenido me aparta de mis ojos
y por eso no muero.
!Sigo aquí!
Como aquel alfarero que rompía las
jarras...
Como
aquel alfarero que rompía las jarras
nada más terminarlas.
Sin perder la sonrisa
destrozaba los platos y los vasos
y
luego se ponía a decorar
los fragmentos dispersos por el suelo
con
sangre que sacaba gota a gota
de sus dedos y brazos, de sus muslos,
de
las callosas plantas de sus pies.
Extraía de sí los pigmentos del alma
hasta quedar exhausto
y
venir los insectos
a chupar sus heridas.
Los vecinos,
por compasión, ponían monedas
en el torno
y se llevaban trozos de loza hasta sus casas.
Al despertar seguía sonriendo
y de nuevo amasaba en el barro
mojado
las formas de lo informe,
los diminutos cuencos donde cabe lo
eterno.
Vikram Babu pregunta:
¿dónde bebes?
Como un águila...
Como un águila,
Dios
también de vez en cuando necesita
descansar de
Sí Mismo
y replegar Sus alas
y dejar de volar por un instante.
Nosotros somos árboles plantados por Sus manos,
apenas una mancha en el
paisaje
de lo Eterno:
lugares
para que Dios repose.
Vikram Babu pregunta:
¿qué crueles leñadores os talaron?
De "Los poemas de
Vikram Babu"
El saltador
El saltador se encoge, se agarra las rodillas,
esconde la cabeza entre
las piernas.
A punto de llegar da un latigazo
y se estira de golpe contra el
agua:
al sumergirse nace, y el mundo, sacudido,
vuelve a iniciar de nuevo
sus circunvoluciones,
su salto de gestante que atraviesa el espacio
como una caracola o
bosta o piedra
lanzado hacia la luz: le enseña el saltador
al mundo su trabajo, y a
convertirlo en juego,
y cómo al zambullirse quedar recién nacido:
le enseña el mecanismo
de la vida.
El mundo se detiene y mira concentrado,
quizás reconociéndose en los
gestos del hombre
que rota y se traslada dibujando una elíptica
con su cuerpo visible
sobre un eje invisible.
Es el mundo el que salta, no es el hombre:
esa bola que rasga la
seda de la tarde
desnudándolo todo, no es un hombre:
es el cauce de un río, las raíces
de un árbol,
la tierra de aluvión, pero no un hombre:
es el molde de un hombre,
un recipiente
vaciado de un hombre y luego vuelto
a llenar con el cauce, las
raíces, la tierra:
es el hueco dejado por un hombre
para darle un cobijo a las cosas
del mundo.
El hombre, cuando salta, ya no piensa,
pues su interior es agua,
filamentos o polvo.
Cuando salta es el puro movimiento
y es la inmovilidad perfecta y
pura:
es el mundo que gira y el mundo detenido.
El mundo, ese aprendiz
de saltador,
y el saltador, ese aprendiz de mundo,
se duermen en el aire
y nos
suenan.
Estábamos ahí detrás del seto...
estábamos ahí detrás del
seto
hendidos a buril en la espesura
estábamos ahí abrazados e inmóviles
a salvo de los perros de la casa
estábamos ahí
como piedras talladas por el canto del búho
como
agua detenida por el canto del liquen
como raíz medicinal que aguardase a
una enferma
estábamos ahí tras los arbustos
a salvo del bullicio feliz de las
palabras
lo que dices de mí lo que digo de ti
las palabras que dicen
pon la cena el columpio chirría que se laven las manos
he encontrado ese
vino que te gusta
estábamos ahí
sin las palabras
hundidos en la noche como huella en
el barro
abrazados e inmóviles como el rayo en el tronco
a salvo del
Estar y del Ahí
perros que muerden al extraño que salta el muro de la
casa
estábamos ahí detrás del seto
como un poco de lluvia secándose en la
cuerda de la ropa
besándonos despacio para parar el río
buscándonos
despacio viviéndonos despacio
para parar el hielo y el deshielo
para
parar las nubes y las águilas
para entrar muy despacio al cuarto donde
duermen las
preguntas
para salir del tiempo sin salir de nosotros
estábamos
ahí
sin arcos de palabras sin flechas de palabras
desarmados y solos
como el óxido que baja por la verja
sin cepos de palabras sin lazos de
palabras
sin tirachinas de palabras
abrazados e inmóviles como briznas
de un nido
como una mariposa en el cuerno de un toro
como un cadete
muerto en su trinchera
a salvo del Decir y del Nosotros
emboscados y
tristes
lamiéndonos despacio desde nunca hacia nunca
pulsándonos
despacio como a un violín los cambios de
humedad
cerrándonos despacio las madrigueras del deseo
mientras ladran
los canes y olfatean
mientras ladra el Decir ladra el Nosotros
mientras ladran a coro las palabras
lo que dices de mí lo que digo de ti
ayúdame a peinarme la leche no está fresca
gracias por el jersey
gracias por tu sonrisa
hoy te toca fregar ya mí las camas
ayer no te
acordaste de recoger las fotos
se han mustiado las rosas pero no los
geranios
estábamos ahí
sembrándonos semillas de dedos y de bocas
la pepita
el carozo las costillas los tarsos
sembrándonos el árbol de los huesos
arrojando caricias como grano en el surco
arándonos a espalda de los
bueyes pesados del espíritu
estábamos ahí detrás del seto
no en silencio pues éste mana de las
palabras
cercados por hurones por babosas
por pistilos y abejas por el
viento y un trozo de papel
no en silencio pues éste se calla en las
palabras
el silencio se calla dentro de las palabras
a salvo del Estar
y del Ahí
que se llenan la panza con todas tus palabras y las mías
palabras como pienso que trituran sus dientes
montones de palabras que
les mantienen vivos y excitados
palabras recogidas en platos de silencio
que les hacen saltar mancharte con sus patas aullar a los
de afuera
palabras que alimentan la exclusión
estábamos ahí tras
los arbustos
como tréboles setas coccinelas
como asteroides recién
precipitados del olvido
como el tallo espinoso de la nada
como torpes
alumnos del sauce y la colina
como luz rebotando de tu cuerpo a mi cuerpo
de pared a
pared
quitándonos despacio los ladrillos
quitándonos ladrillos uno al
otro para poner un claro del
bosque entre los dos
atesorando fórmulas
para el tiempo del caos
estábamos ahí
esculpiendo la luz en la espesura
estábamos ahí
detrás del seto
como ladrones sin pasado
ladrones sin más plan que no
ser atrapados por la Historia
ladrones con las manos vacías de vacío
ladrones sin ganzúas sin linternas sin guantes sin
cronómetros
sin pólvora futura ni el cortafrío del presente
ladrones
sin sintaxis ni pistolas
plantados en un robo como en una maceta
plantados en el plano de una casa como alfileres en un
corcho
plantados en el antes y el después como una jabalina
lanzada contra un ñu
estábamos ahí
soldados a la noche como
planchas de un barco a la deriva
sorbiéndonos y siendo sorbidos por los
líquidos
fantasma naufragando en un fantasma
estábamos ahí
entre el bosque y la casa
tras un seto
a salvo
del Decir que rompe el espinazo de los gatos
a salvo del Estar que
acorrala a los topos
a salvo del Nosotros que acecha a los gorriones
a
salvo del Ahí que gruñe al visitante
a salvo del desfile de palabras que
aplastan tulipanes y
magnolias
lo que dices de mí lo que digo de ti
barnizar las persianas
me llevará una tarde por lo menos
el paquete de harina me recuerda a tu
amigo
me esconderé en el gel cuando te duches
te vi en mi pesadilla
con treinta y dos cabezas de lechuga
haz copia de esta llave haz copia de
tu lengua
estábamos ahí
abrazados e inmóviles como raíles a la tierra
como
una copa al agua que derrama
desmigajados como para un cuervo
desorientados como la brújula prendida de un imán
abrazados e inmóviles
como el humo y los troncos
como el mirlo y sus trinos
como el tren y
el temblor y el pasajero
estábamos ahí detrás de los arbustos
no escuchando las risas ni los
discos ni los coches
frenando al llegar a la curva
no mirando los
globos de colores
no oliendo las galletas horneándose
a salvo del
Nosotros anfitrión de una fiesta
a salvo del Decir malabarista
a salvo
del Estar que sirve canapés
a salvo del Ahí que guarda los abrigos
abrazados e inmóviles como nutrias de agua
como milanos de aire
como
arcilla en la piel del alfarero
no sintiendo el relente que empapa las
hamacas y los
toldos y riza los cabellos de los que bailan en el
porche
no atendiendo al silencio de todas las palabras
lo que dices de
mí lo que digo de ti
nos vamos a tu casa. lo siento eres mi tipo. pues más a
mi favor. es que jamás me acuesto con hombres
que me gustan estropea las cosas cuando todo
termina, estoy a tiempo aún de no gustarte si me
das media hora, es tarde para el tiempo y es tarde
para ti ya me gustas muchísimo. soy horrible lo
juro.
para mí una ginebra yo seguiré con blanco
me han hablado de ti
me han dicho que eres dulce y
optimista
el dinero ya sabes sólo sirve a la nada mientras más menos
eres
he dejado a las niñas con mi primo
estábamos ahí
abrazados e inmóviles
inocupados como los bancos de
una plaza un día de tormenta
desiertos como el iris de un cervatillo
muerto
desposeídos como una cantera de reptiles
inobservados como las
tejas de una torre
a salvo del Abrazo y de lo Inmóvil
esos perros
rabiosos que atacan a sus dueños
a salvo del Abrazo que le ofrece tus
ojos a los pulpos
cuando intentas salvar al que se ahoga
a salvo de lo
Inmóvil que transforma este punto en una
cárcel
estábamos ahí
entre el bosque y la casa
dilucidados por
el canto de un bosque y una casa
dilucidados por el humus las brácteas
las mantis
religiosas
dilucidados por el canto de ventanas y puertas
abiertos al
sentido abiertos los sentidos
penetrando en lo otro que no es otro
cayendo hacia lo otro desde un puente pintado sobre el
agua
cruzando a la otra orilla sobre balsa de espejos
dilucidados por
el canto que salva de lo Otro
dilucidados por el canto que nos salva del
Entre
estábamos ahí tras los arbustos
ausentes de la punta de una lanza que
viaja por nosotros
como un escarabajo por el hueco de un árbol
la punta de una lanza que no
gobierna ya ni el asa ni la
elíptica de un tiro
la punta de una lanza que abreva en el hilillo de una
sangre inmóvil y abrazada a nuestras bocas
ausentes del galápago que
desova en la playa del silencio
ausentes de las fresas y del muérdago
más allá del Decir y del Nosotros
esas ratas que rompen los huevos del
galápago
más allá del Estar y del Ahí
ese tifón que arrasa las playas
y la ausencia
más allá de las fresas comparadas con labios y más allá
del muérdago que desvela los símbolos
ausentes y presentes como el cielo
reflejado en un lago
lo que dices de mí lo que digo de ti
le pondría una pizca de salvia y de tomillo
el dolor no me sirve para
entender los nardos
esa novela es buena pero mejor que la olvidemos
no
descuides tu tierna hipocresía cuando te lo presente
estábamos ahí
hendidos a buril en la espesura
hendidos a buril por
el vacío
una fragua encendida en la espesura
un taller de escultor con
lascas de vacío
dos cuerpos que se cruzan en la fronda como huenas de
zorro con huenas de gineta
cuerpos que en vez de manos tienen cambios de
agujas
cuerpos que en vez de cuerpos son minas de antracita
hendidos
muy despacio con golpes de vacío
borrados por el canto del murete por el
canto de la
cancela por el canto del chumbo
cuerpos o vagonetas
herrados al vacío
cuerpos para una estatua del vacío
estábamos ahí
barriendo la hojarasca de nuestro Corazón con la escoba
del cuerpo
barriendo la hojarasca de los músculos con movimientos
limpios de cadera
barriendo la hojarasca del antes y el después para
quemarla ahora en nuestro sexo
desocultados como un salto de jaguar hacia
una iguana pero
ocultados como iguana en una poza
desocultados y ocultados como la
palabra en el canto
estábamos ahí tras los arbustos
velando nuestro estar dormidos como
espigas dormidos como
calabazas dormidos como peras en un árbol
velando la respiración de la
cosa en la cosa y del cuerpo
en el cuerpo
velando el transcurrir del tiempo deteniéndose en el
tiempo
atentos al hidrógeno que avanza por la savia como una
bicicleta que colgada de un gancho escala su pared
sin miedo al precipicio
atentos al arroz que avanza por el humedal como
el cielo
recorre una cometa enredada en los cables de la luz
cuidando las raíces
de la noche las raíces que sanan a la
enferma
estábamos ahí detrás del seto
anadeando en el estanque de
los muslos
a salvo del Decir y del Nosotros
lo que dices de mí lo que
digo de ti
me sentiré culpable de nuestro apocalipsis
atrácala a la carta. sitar
gratis. sé de crema mercedes.
reconocer. radar
la tenía en mis menos y la echaba de manos
las
alarmas no sirven si es un profesional el que te besa
tanto pan de
centeno y luego los bombones
y bájame la cremallera sin exiliar tu boca
de mi nuca sin
que levante el vuelo tu mano del pezón sin que
abandone el monte de mis nalgas tu cintura rebelde
alzada en armas
si la amnesia es un don sé entonces mi accidente
crocanti y leche condensada una hora a fuego lento y está
listo
estábamos ahí tras los arbustos
orinados por hadas y
unicornios
orinados por la velocidad por la imaginación por las
metáforas
empapados de olor pero inmutables como el musgo o la
esquina como el tocón o el grifo que surte a la
manguera
manchados con la orina del lenguaje
orinados por todas las
palabras que después de aliviarse
se olvidan de nosotros
manchados de silencio
manchados por las heces
de la nada
orinados por gnomos y por sílfides por hidras y por
monstruos
orinados por máscaras y voces
orinados por Ti y por Mí por
el Entre y el Ser por Ahora y
por Nunca
estábamos ahí
desmigajados como para un pez
estábamos ahí detrás del seto
viéndonos despacio para burlar la Vida
urmiendo a las preguntas para salir del tiempo sin salir
de nosotros
estábamos ahí tras los arbustos
desgajados de todas las
palabras
lo que dices de mí lo que digo de ti
mejor llévate un chal si te vas a la guerra
otro avión se ha estrellado
tantos mueren de sed y nosotros piscinas y piscinas
minas antipersona en
la contienda
un solo mandamiento es necesario no usarás ya más
pronombres posesivos
estábamos ahí
detrás de los arbustos
o
tras el seto
abrazados e inmóviles
como raíz medicinal en manos de una
enferma
a salvo de los perros de la casa
esperando
esperando
esperando el poema
Lección de matafísica
Lo que existe parece que no existe
porque tú lo has tocado ser adentro,
porque tú lo has tocado beso
adentro
con la nerviosa lengua de la nada.
Me palpas con tus manos
infinitas
(no son manos, lo sé, sino estallidos:
el tiempo que no llega nunca a tiempo,
un tiempo adelantado o
retrasado
que acaba siendo mar o nebulosa)
y se borra mi cuerpo, y al borrarse
por fin se hace visible: un signo cero
suspendido en el aire entre
nosotros.
Me piensas con tu boca y con tu sexo,
esos dos silogismos
refutables,
esos dioses borrachos que han perdido
la pizarra o azar donde
escribirme.
Y al pensarme me restas, me haces menos,
me deshaces, me viertes al
vacío,
me entregas al no ser
y maniatado.
Parece que no existo por tu amor
porque tu amor me funda, es el
origen,
ese punto o lugar donde está todo
(también lo que no está: tu
ausencia: nada).
Tu cuerpo me hace náufrago, un islote
de repente ignorado por el
cosmos,
meteorito tachado de los mapas,
nave sin un planeta al que volver
que fuera giro a giro di-sol-viéndose
en la luz cegadora del olvido.
Tu cuerpo hace que exista lo que existe:
tu cuerpo hace imposible lo
que existe.
Lo que existe parece que no existe
porque tú lo has dejado sin
besar.
Parece que no existes porque tienes
unos labios carnosos y unos
dedos
que dibujan el mundo.
Nada y todo
se abrazan en tus piernas cuando salen
a respirar
del fondo de tu mente.
Me piensas con tu nuca y con tu ombligo,
me piensas con tus huesos y
tus músculos,
me piensas con las sillas de tu casa,
me piensas con el agua y el
jabón,
me piensas con los árboles del bosque,
me piensas con tus heces y
tus gritos,
me piensas no pensándome y, pensándome.
Me piensas, no me
piensas: es lo mismo.
Por ti me piensa el tiempo y el espacio.
Me piensan las paredes
de este cuarto,
me piensan con la cal y con las manchas,
me piensan con la sombra de
mi cuerpo.
Y al pensarme me borran, ya no estoy
y ya no queda nadie en este
cuarto.
El amor es un cuarto que no existe
donde duerme a resguardo lo que
existe.
Y el amor es un cuarto que sí existe
donde duerme a resguardo lo que
no.
(Un poema es un plano que refleja
el justo itinerario hasta ese
cuarto.)
Me piensas con el ser, con el no ser,
me piensas con los números
caídos
del portal de la casa donde vives,
me piensan tus jadeos, tus dos
gatos,
el barro de las ruedas de tu coche,
me piensan tus palabras
cuando callan
y ya no son palabras sino cuerpo,
me piensas cuando pienso en ti
y el aire
se adensa entre nosotros y parece
un huracán inmóvil y desnudo.
más allá de ti
nos piensa lo impensable
(y viene hacia nosotros
a la velocidad
de las arañas muertas
para hilarnos al no).
Busquemos el silencio para amarnos.
Poema del círculo
Todo lo que decimos
da vueltas y más vueltas
rueda desde nosotros a nosotros
baja
por la pendiente
que llamamos espalda mundo ser
da vueltas y más vueltas
para
encerrarnos juntos
en la bola de nieve en el alud
de círculos que van por la ladera
creciendo y retumbando
aplastando lo frágil
la huella de los lobos
y al Viejo
Excursionista expulsado del cielo.
II
Y lo que no decimos
da vueltas y más vueltas
gira sobre sí
mismo
en loca rotación que provoca una llama
invisible un incendio
que
se extiende imparable por un bosque
ocupado por seres que no existen
por seres imposibles o vacíos
habitantes M cero o de la nada
que
escuchan temerosos
el no-chisporroteo de las llamas
y ponen sus no-piernas a correr
estampida de huecos
que buscan una forma donde estar
a salvo del no-bosque que se quema
una forma o palabra o barro o nota
el estruendo de un círculo
bajando una montaña
que aplaste lo más frágil la huella del Silencio.
III
Todo lo
que decimos o callamos
da vueltas y más vueltas
abrazo de espirales
que giran
enredándose
las curvas enlazadas a las curvas
remolino de curvas
que forman
la palabra y su silencio
agujero que busca sus paredes de vidrio
para llamarse vaso
tierra que busca el aire para llamarse halcón
remolino de círculos que escapan de sí mismos
de círculos abiertos
enganchados forzándose
a decir lo que callan y a callar lo que dicen
no-palabra que busca
que alguien la pronuncie
para llamarse tiempo
y palabra que busca la mano que la borre
para llamarse amor
no-palabra y palabra que se enredan
mientras van por el aire
y se olvidan de qué estaban buscando
y
se rozan se frenan se detienen de pronto
un círculo o tifón dormido en el
vacío
un círculo al que un ojo sueña desde el vacío.
IV
Un círculo y
un ojo que se miran despacio
mientras ruedan inmóviles
la ladera hacia arriba
y aplastan lo
más frágil
algo que estaba en ellos y dejaron caer
un punto una pupila
el
centro de sí mismos
algo que estaba en ellos y ya no necesitan
pues ya no son palabra
o no-palabra sino tiempo y amor
un círculo incansablemente quieto
que se evadió del punto o centro o Dios
y que ahora lo aplasta en el ahora.
No estés triste‚ mi amor...
No estés triste‚ mi amor‚
y si lo estás‚
que tu tristeza sea un modo
de vengarte
de Dios y de las flores‚ de la alegría inútil
que debe ser
la vida según ellos‚
y no estés triste nunca
por las cosas que pasan o
no pasan‚
sino solo por esto: porque contempla la tristeza
desde lejos
a Dios y a las flores y al tiempo
y nos lleva al lugar donde amar es
posible.
De "Semillas para un
cuerpo" 1988
No lamento tu ausencia‚ no me alegro tampoco...
No lamento tu ausencia‚ no me alegro tampoco:
esta paz de tenerte como
siempre en las manos
es parte de mi amor‚
de este nuevo sentido que
has puesto en mis sentidos‚
y no es que estés muy lejos‚
es que madura lento lo que más nos
importa
y el tiempo y el espacio son frutas delicadas·
De "Semillas para un cuerpo" 1988
Juan se llevaría la palabra isla...
Juan se llevaría la palabra
isla. Así,
ante las preguntas sibilinas que siempre
son el crepitar del fuego, el graznido del
cormorán o el repiqueteo de la lluvia,
y de cuya contestación dependen que se
nos entreguen o que nos rechacen,
podría decirles: "me llamo Juan y estoy
en una isla". Y luego ya en voz baja
y para darse ánimos, seguiría: "sé mi
nombre y el nombre del lugar donde habito.
Con estas certezas construiré de nuevo el
mundo. Haré que dialoguen sin pausa
hasta que estalle el orden felino del
lenguaje". De los abrazos tiernos y de
los sanguinarios duelos de la palabra
isla y de la palabra Juan, de los chispazos
del amor y del odio, surgirán las
palabras otro, armazón, desasosiego, velamen...
e infinitas más que, al irse despertando clamarían por un lugar propio,
y cuando ya no cupieran allí hallarían entre todas
la palabra ballena y esta pugnando como si fuera una pelota,
empujaría la isla hasta el límite del mundo.
Entonces Juan, instintivamente,
tomaría una por una todas las palabras
y las arrojaría al abismo.
Cuando sólo le volvieran a quedar la palabra Juan y
la palabra isla se diría:
"¿no sería más divertido, por más difícil,
reinventar una vez más el mundo ahora
únicamente con una de estas dos palabras?"
Y con un júbilo sereno
se desharía de la palabra Juan.
Variaciones sobre la tristeza
No sirve lo que fui: lo que no he sido
es lo importante. Mi pasado no existe
de tanto no quererlo. Es de los otros, mas no mío.
No reluce ni sabe
cegar como los seres de la nada.
Mas no es fácil volver sobre mis pasos para encontrar
los labios no besados, los cuerpos (no elegidos no para poseerlos:
para darlos también y volverme tan pobre que ni la muerte
sepa qué hacer para matarme).
Lo que he sido y se me escapa
es lo que soy,
el fugitivo, el triste, el imposible,
el traicionado por el tiempo, el tachado, el inútil,
pero dónde buscarlo para hablarle de mí
y meterme en sus sueños.