
Reseña biografica
Poeta y filósofo italiano
nacido en Florencia en 1265.
Muy joven perdió a sus padres y en 1281 combatió por la liga güelfa contra
los gibelinos toscanos.
Alrededor de 1285 se casó con Gemma Donati con quien tuvo tres hijos. Sin
embargo, su verdadera musa fue Beatrice, hija de Folco Portinari y casada
con Simón de' Enjaeza. De esa época data parte de su "Vita nuova".
Después de la muerte de Beatrice, en 1290, se dedicó al estudio de la
Teología y Filosofía, participó en política y formó parte de los Priores de
Florencia. En 1301 fue embajador en Roma. Durante su ausencia, Florencia fue
tomada por Carlo di Valois, su casa fue saqueada y a él le fue impuesta una
fuerte multa conmutada luego por la pena de muerte en 1302.
Residió en París entre 1307 y 1309. La mayor parte de su destierro la pasó
en algunas ciudades del norte italiano y nuevamente en Verona, donde
empezó a escribir su máxima obra, "La divina Comedia" en 1309.
Finalmente encontró la paz en Rávena, terminó allí su obra y poco después de
publicarla, falleció el 14 de septiembre de 1321. ©
Poemas de Dante
Alighieri:
Amor e'l cor gentil
Canto 1° de la Divina Comedia
Canto 3° de la Divina Comedia
Con
l'altre donne
La vida nueva
(fragmento)
Oltre la spera...
Soneto
Soneto XL
Tanto gentile
Tutti li miei penser...
Vede perfettamente...
Amor e'l cor gentil
Corazón y el Amor son una cosa
sola y gentil -el sabio lo ha
dictado.
Ninguno sin el otro ha palpitado,
que la razón no puede
estar ociosa.
Falla natura cuando está amorosa,
y Amor o el Corazón por un
cuidado;
transcurra el tiempo breve o dilatado,
lo mismo en
inquietud que si reposa.
Si a la Bella se suma la Discreta,
y nuestra vista bebe su
dulzura
colmando el corazón de ansia secreta,
del Amor al asedio que perdura
pidiendo estadio la Beldad nos
reta
como bravo adalid en su armadura.
Versión de: Carlos López Narváez
Canto I° de la Divina Comedia
(Fragmento)
Del camino a mitad de nuestra vida
encontréme
por una selva oscura,
que de derecha senda era perdida.
¡Y cuánto
en el decir es cosa dura
esta selva salvaje, áspera y fuerte,
que
en el pensar renueva la pavura!
Tanto es amarga que es poco más
muerte:
más, para hablar del bien que allí encontrara
diré otras
cosas de que fui vidente.
Yo no se bien decir cómo allí entrara;
tan lleno era de sueño en aquel punto
que el derecho camino
abandonara.
Mas luego, al ser al pie de un monte junto
en donde
daba término aquel valle
que aflicto en miedo el corazón me tuvo,
miré a lo alto, y vi que era en su talle
vestido ya de rayos del
planeta
que nos guía derecho en cualquier calle.
Fue entonces la
pavura un poco quieta,
que en el lago del pecho aún me duraba
la
noche, que pasara tanto inquieta.
Y como aquel que con cansadas
ansias,
salido ya del piélago a la riba,
se vuelve a ver las
peligrosas aguas,
así el ánima mía, aún fugitiva,
se volvió atrás
a remirar el paso
que no dejó jamás persona viva.
Cuando di algún
reposo al cuerpo laso
aquella proseguí playa desierta,
tal que el
pie firme siempre era el más bajo.
Y he aquí, casi al comenzar la
cuesta
una onza ligera y presta pronto,
que de pie maculada era
cubierta:
y no se me apartaba de ante el rostro,
así tanto impedía
mi camino
que muchas veces intenté el retorno.
Tiempo era el
principio matutino,
y remontaba el sol con las estrellas
que eran
con él, cuando el amor divino
movió al principio aquellas cosas
bellas;
tal que de esperar bien me dio ocasión,
de la fiera de
piel pintada aquella,
la hora del tiempo y dulce la estación:
mas
no sin que temor no me infundiese
la aparecida vista de un león.
Este semblaba contra mi viniese
con la testa alta y apetito fiero,
que el aire parecía le temiese;
mas una loba, que de todo anhelo
parecía cargada en su magrura,
y vivir mucha gente hizo con duelo,
esta causome turbación tan dura
con el temor, nacido de su vista,
que perdí la esperanza de la altura.
Y como aquel, que con placer
aquista,
y llega el tiempo que perder le haga,
que en todo su
pensar llora y se atrista,
tal me hiciera la fiera de paz falta,
que, viniendo a mi encuentro, poco a poco,
me rechazaba allí donde el
sol falla.
Mientras retrocedía al lugar hondo
ante mi vista se
hizo descubierto
quien mudo pareció en lo silencioso.
Cuando yo le
miré en el gran desierto,
"Apiádate de mi -le grité al mismo-,
quienquiera seas, sombra u hombre cierto."
Respondiome: "Hombre no;
hombre ya he sido,
los que diéronme el ser fueron lombardos,
y
ambos por patria a Mantua la han tenido.
Nací sub Julio, bien que un
poco tardo
y viví en Roma, bajo el buen Augusto,
en tiempos de
engañosos dioses falsos.
Poeta he sido, y yo canté del justo
hijo
de Anquises, que volvió de Troya
después que fuese el soberbio Ilión
combusto.
Mas, ¿por qué a tanta pena tu retornas?
¿por qué no vas
al deleitoso monte
que es principio y razón de dicha toda?"
"¿Eres
tu aquel Virgilio, aquella fuente
que tan gran río en el hablar
difunde?
-le respondí con vergonzosa frente-.
¡Oh, de los otros
poetas honra y lumbre!
válgame el largo estudio y grande amor,
que
a mí buscar me han hecho tu volumen.
Eres tu mi maestro, eres mi
autor:
eres tu solo aquel, de quien yo hurto
el bello estilo, que
me ha dado honor.
Mira la bestia por la cual yo huyo:
de ella,
famoso sabio, has de ayudarme,
que me hace estremecer venas y pulso."
Te conviene seguir distinto viaje,
-dijo, después de ver que yo
lloraba-,
si quieres huir de este lugar salvaje:
porque esta
bestia, por la qual tu clamas,
no deja que otro pase por su vía,
mas tanto se lo impide que lo mata;
y es su natura tan malvada e
impía
que su rabiosa gana nunca llena,
y ha más hambre al comer
que antes tenía.
Con muchos animales se empareja,
y aún serán
muchos más, hasta que el Veltro
vendrá, y hará que con dolor se
muera.
Este no comerá tierra ni peltro,
pero si amor, virtud,
sabiduría,
y su patria estará entre Feltro y Feltro;
será salud de
aquella humilde Italia,
por quien murió la virginal Camila,
Euríalo y Turno y Niso en la batalla.
Este la cazara por cada villa,
hasta arrojarla dentro del infierno,
del que al principio la sacó la
envidia.
Mas ahora por tu bien pienso y discierno
que tu me sigas,
yo seré tu guía:
te sacaré de aquí a un lugar eterno,
donde oirás
espantosa gritería:
verás viejos espíritus en duelo,
que todos la
segunda muerte ansían;
luego aquellos verás, que están contentos
en fuego, porque esperan la llegada
entre los alabados, a su tiempo:
a los cuales, si tu ascender desearas,
otra alma te quiara que yo más
digna,
te dejaré con ella cuando parta:
que aquel Emperador, que
reina arriba,
porque yo con su ley rebelde me hice,
no quiere a su
cuidad por mi la ida.
En toda parte impera y allí rige,
allí está
su ciudad y su alto asiento:
¡dichoso aquel, que al lado suyo elige!"
Yo le dije: "Poeta, te requiero
por ese Dios que tu no conociste,
para huir de este mal o más adverso,
que me lleves allá donde
dijiste,
tal que yo vea la puerta de San Pedro
y aquellos que tu
dices ser tan tristes."
Anduvo entonces, y seguí postrero.
Versión de: Carlos López Narváez
Canto III de la Divina Comedia
( fragmento )
Inscripción
Por mí se
llega a la ciudad doliente.
Por mí se avanza hacia la eterna pena.
Por mí se va tras la perdida gente.
Dios al
pecado señaló condena
y surgí entonces cual suprema alianza
del
poder sumo y la justicia plena.
Y no
existiendo en mí fin ni mudanza
nada me precedió sino Dios mismo.
Los que entrásteis perded toda esperanza.
Versión
de: Nicolás Bayona Posada
Con l'altre donne
Otra ninguna mis pupilas llena;
y si las miro, no
dudéis, Señora:
lo que disperso en otras enamora
vuestra beldad lo
junta en gracia plena.
La vuestra duda no será condena,
ni razón contra mí torturadora:
por tanta gallardía seductora,
tan fija a vuestro ser va mi cadena,
que a cuanto no es lo vuestro, fenecidos,
sólo en Vos mi pensar y
mis sentidos
saben vivir su esclavitud gozosos.
Y si en otras mudara alma y figura,
nuevo Luzbel sería, de la
Altura
cayendo a los abismos tenebrosos.
Versión de: Carlos López Narváez
La vida nueva
(fragmento)
Muchas veces me vienen a la cabeza
la oscura
cualidad que me da el Amor
y me tengo lástima y así me digo:
¡Ay de mí!, ¿les pasa esto a otros?;
porque tan hábilmente me
asalta el amor
que la vida casi me abandona:
sólo un hilo de
espíritu deja medio vivo,
uno que sólo por ti vive y razona.
Luego me esfuerzo, yo deseo salvarme,
y casi muerto, sin ningún
valor,
vengo a verte, creyendo así curarme:
y cuando alzo los ojos para observarte
en mi corazón se inicia un
terremoto
que suspende en mi alma todos los latidos.
Oltre la spera...
Allende el orbe de rodar más lento
llega el suspiro que mi pecho
exhala:
nuevo intelecto con que Amor escala
célica altura en alas
del lamento.
Cuando alcanza la cima de su intento
ve la Mujer que otra ninguna
iguala
por su esplendor: a quien todo señala
de Amor para el más
alto rendimiento.
Viéndola así, con voz sutil, ardiente,
Amor le habla al corazón
doliente
que lo interroga y no comprende nada.
Soy yo quien me hablo a mí y ante la bella
membranza de Beatriz,
todo destella
y lo entiende mi mente iluminada.
Versión de: Carlos López Narváez
Soneto
Amor brilla en los ojos
de mi amada,
y se torna gentil cuando ella mira:
donde pasa, todo
hombre a verla gira
y a quien ve tiembla el alma enamorada.
Anochece si esconde su
mirada,
y por volverla a ver todo suspira:
ante ella la soberbia
huye y la ira;
bellas, honrad conmigo a mi adorada.
Feliz mil veces quien
la ve y la siente;
al nacerle el alma al punto empieza
todo
humilde pensar, toda dulzura,
y no sabe, almirarla
sonriente,
si en ella se excedió naturaleza,
o el milagro gentil
tanta hermosura.
Versión de:
Alejandro Araoz Frazer
Soneto XL
Peregrinos que vais meditabundos
talvez en algo que no veis
presente:
¿Venis desde una tan remota gente
que os miro, con
agobios tan profundos
y sin llanto en los
ojos errabundos,
ir a través de la ciudad doliente,
como si ciego,
sordo, indiferente,
la viera vuestro ser desde otros mundos?
Me dice el corazón
entre lamentos
-parad por escucharlo unos momentos-
que al salir
d'ella os seguirá el quebranto.
Ya su BEATRIZ sólo es
celeste sombra,
y de toda palabra que la nombra
fluye un acerbo
manantial de llanto.
Versión de: Carlos
López Narváez
Tanto gentile
Tanto es gentil el
porte de mi amada,
tanto digna de amor cuando saluda,
que toda
lengua permanece muda
y a todos avasalla su mirada.
Rauda se aleja oyéndose
ensalzada
-humildad que la viste y que la escuda-,
y es a la
tierra cual celeste ayuda
en humano prodigio transformada.
Tanto embeleso el contemplarla inspira,
que al corazón embriaga
de ternura:
lo siente y lo comprende quien la mira.
Y en sus labios, cual signo de ventura,
vagar parece un rizo de
dulzura
que el alma va diciéndole: ¡Suspira!
Versión de: Carlos
López Narváez
Tutti li miei penser...
Sabe sólo de Amor mi pensamiento;
por él y en él lo tengo tan
cambiante:
de Amor la potestad lo lleva amante,
o a loco razonar,
su valimiento.
Me infunde en la esperanza dulce aliento,
o acerbo lloro en onda
desbordante;
tan sólo se unifica si tremante
mi alma de pavor se
ve un momento.
Y así mi suerte ignoro en la contienda,
y no querer decirlo
y que lo diga:
vagando voy en amorosa erranza...
Y si con todos he de hacer
alianza
vano será clamarle a mi enemiga
-la insensible Piedad- que
me defienda.
Versión de: Carlos
López Narváez
Vede perfettamente...
Bien sabe a cuál saluda y reverencia
el que vea entre damas a la
mía;
todas ellas hacerle compañía
tienen de Dios como gentil
clemencia.
De su beldad es tánta la excelencia
que envidias no despierta ni
falsía:
bien antes, galanura y ufanía
-dones de Amor- afinca su
presencia.
De su redor dimana mansedumbre
y así vestidas de su misma lumbre,
cada una, sintiéndolo, se honora.
Fue siempre todo en Ella tan luciente,
que nadie, suspirando
dulcemente,
podrá olvidar su gracia arrobadora.
Versión de: Carlos López Narváez