"...Sólo la noche posada en
tus cabellos,
la noche raspándonos los ojos,
la noche uniéndonos y separándonos..."

"Dora Maar Seated"
Pablo Picasso
Reseña biografica
Poeta mexicano
nacido en Michoacán en 1940.
Es uno de los escritores más prolíficos de
México. Periodista, novelista y catedrático, fue becario de varias
instituciones mexicanas, y profesor de literatura mexicana en varias
universidades norteamericanas. En 1993
la Universidad de Indiana le otorgó el doctorado Honoris Causa. Ha
desempeñado diversos cargos diplomáticos
a través de su carrera: en 1972 fue agregado cultural de México en Holanda,
y posteriormente, fue embajador
de México en Suiza. También dirigió el Instituto Michoacano de Cultura.
Su Antologia incluye sus obras más conocidas:
«Los ojos desdoblados», «Antes del reino», «Los espacios azules»,
«Tiempo de Angeles» y «Antologia Poética». ©
A Betty
A veces uno toca un cuerpo y lo
despierta...
Abril es ella quien
habla por tus labios...
Al hablarte me escuchas...
Anverso
Asombro
del tiempo
Ayer y hoy
Cae la lluvia sobre junio...
Cuando la sombra duerme su cuerpo se
ilumina...
Déjame...
Déjame entrar a tu íntimo
alfabeto...
Donde el ensoñado y el soñado...
Ella violenta y pública...
Erótica
Es tu nombre y es también
octubre...
He de perseguir tu cuerpo...
La forma de tu ausencia
La noche muere sobre una
manzana rota...
La perfecta dormida
Llamaré
Mirándola dormir
MitlaPero tú no te reconoces como
mía...
Perséfone (fragmento)Poema
Poema de amor en la ciudad
de MéxicoPolvo de ti en el suelo
ensimismado...
Por el silencio sigues...
Sé que piensas en mí...
Te amo ahí contra el muro
destruido...
Tercer poema de ausencia
Tiene la medida de mi sueño...
Un poema de amor
Vas creciendo sombra a sombra...
Y todas las cosas que a mi amor contemplaban...
Y tu amor se denuncia por el canto de un pájaro
A Betty
Y Dios creó las grandes ballenas
allá en Laguna San Ignacio,
y cada criatura que se mueve
en los muslos sombreados del agua.
Y creó al delfín y al lobo marino,
a la garza azul y a la tortuga verde,
al pelícano blanco, al águila real
y al cormorán de doble cresta.
Y Dios dijo a las ballenas:
"Fructificad y multiplicaos
en actos de amor que sean
visibles desde la superficie
sólo por una burbuja,
por una aleta ladeada,
asida la hembra debajo
por el largo pene prensil;
que no hay mayor esplendor del gris
que cuando la luz lo platea.
Su respiración profunda
es una exhalación".
Y Dios vio que era bueno
que las ballenas se amaran
y jugaran con sus crías
en la laguna mágica.
Y Dios dijo:
"Siete ballenas juntas
hacen una procesión.
Cien hacen un amanecer".
Y las ballenas salieron
a atisbar a Dios entre
las estrías danzantes de las aguas.
Y Dios fue visto por el ojo de una ballena.
Y las ballenas llenaron
los mares de la tierra.
Y fue la tarde y la mañana
del quinto día.
A veces uno toca un cuerpo y lo despierta...
A veces uno toca un cuerpo
y lo despierta
por él pasamos la noche que se abre
la pulsación sensible de los
brazos marinos
y como al mar lo amamos
como a un canto desnudo
como al solo verano
Le decimos luz como se dice
ahora
le decimos ayer y otras partes
lo llenamos de cuerpos y de
cuerpos
de gaviotas que son nuestras gaviotas
Lo vamos escalando punta a
punta
con orillas y techos y aldabas
con hoteles y cauces y
memorias
y paisajes y tiempo y asteroides
Lo colmamos de nosotros y
de alma
de collares de islas y de alma
Lo sentimos vivir y
cotidiano
lo sentimos hermoso pero sombra.
Abril es ella quien habla por tus labios...
Abril es ella quien habla
por tus labios
como un joven sonido desnudo por el aire
En la noche ha volado con
tu vuelo más alto
con risa de muchacha
como el fuego nocturno de los
frutos del viento
donde vibran los pájaros
Manzana del amor
su voz bajo la lluvia es un pescado rojo
Embarcada en sus cuencos
con los ojos absortos
es la virgen gaviota que ha bebido del mar
en el agua su sol
mariposa de luz
Al hablarte me escuchas...
Al hablarte me escuchas
desnuda de conceptos
renuncias a ti misma
para volverte aire
y al
vuelo de mis pájaros verbales
concibes la palabra
siempre virgen y
madre
vas perdurando los instantes
en tu cintura poderosa
algún día
cuando pierda al mundo
me harás permanecer.
Anverso
No veo tu sonrisa entre
mis labios
apurar la prolongada espera
en tu abandono de
luciérnaga a la noche;
sólo tengo asida entre mis brazos
la
inexpresable lucha
de penetrar en el bosque sin fondo de tu sueño
que empieza en la penumbra.
Sólo el afán de arañar las escamas de la
tierra
y volcar la savia del origen
en tu canasto de riveras
blandas,
para encontrarte a ti,
en el hueco de tus verdes
plantaciones
como un todo revuelto entre mis manos.
Sólo mis
párpados abiertos
confundidos en el incendio de absorberte
en tu
acuario de humo,
bajo la soledad de unos cerebros desyelmados.
No
veo tu presencia desdoblada
ahondarme y contenerme,
sólo mi furia
de hombre
en las grietas de ti misma
persiguiéndote sin
alcanzarte.
Sólo la noche posada en tus cabellos,
la noche
raspándonos los ojos,
la noche uniéndonos y separándonos
como
división eterna entre los cuerpos.
Asombro del tiempo
(Estela para la muerte de mi madre Josefina Fuentes de Aridjis)
Ella la dijo: Todo sucede en sábado:
el nacimiento, la muerte,
la boda en el aire de los hijos.
Tu piel, mi piel llegó en sábado.
Somos los dos la aurora, la sombra de ese día.
Ella la dijo: Si tu padre muere,
yo también voy a morir.
Sólo es cosa de sábados.
Cualquier mañana los pájaros
que amé y cuidé van a venir por mí.
Ella estuvo conmigo. En mi comienzo.
Yo estuve con ella cuando murió, cuando nació.
Se cerró el círculo. Y no sé
cuándo nació ella, cuándo morí yo.
El rayo umbilical nos dio la vuelta.
Sobre la ciudad de cemento se alza el día.
Abajo queda el asombro del tiempo.
Has cerrado los ojos, en mí los has abierto.
Tu cara, madre, es toda tu cara, hoy que dejas la vida.
La muerte, que conocía de nombre, la conozco en tu cuerpo.
Dondequiera que voy me encuentro con tu rostro.
Al hablar, al moverme estoy contigo.
El camino de tu vida tiene muchos cuerpos míos.
Juntos, madre, estaremos lejanos.
Nos separó la luna del espejo.
Mis recuerdos se enredan con los tuyos.
Tumbados para siempre, ya nada los tumba.
Nada los hace ni deshace.
Palpando tu calor, ya calo tu frío.
Mi memoria es de piedra.
Hablo a solas y hace mucho silencio.
Te doy la espalda pero te estoy mirando.
Las palabras me llevan de ti a mí y de mí a ti
y no puedo pararlas. Esto es poesia, dicen,
pero es también la muerte.
Yo labro con palabras tu estela.
Escribo mi amor con tinta.
Tú me diste la voz, yo sólo la abro al viento.
Tú duermes y yo sueño. Sueño que estás allí,
detrás de las palabras.
Te veo darme dinero para libros,
pero también comida.
Porque en este mundo, dicen,
son hermosos los versos,
pero también los frutos.
Un hombre camina por la calle.
Una mujer viene. Una niña se va.
Sombras y ruidos que te cercan
sin que tú los oigas, como si sucedieran
en otro mundo, el nuestro.
Te curan de la muerte y no te salvan de ella.
Se ha metido en tu carne y no pueden sacarla,
sin matarte. Pero tú te levantas, muerta,
por encima de ti y me miras desde el pasado mío,
intacta.
Ventana grande que deja entrar a tu cuarto la ciudad de cemento.
Ventana grande del día que permite que el sol se asome a tu cama.
y tú, entre tanto calor, tú sola tienes frío.
Así como se hacen años se hace muerte.
Y cada día nos hacemos fantasmas de nosotros.
Hasta que una tarde, hoy, todo se nos deshace
y viendo los caminos que hemos hecho
somos nuestros desechos.
Sentado junto a ti, veo más lejos tu cuerpo.
Acariciándote el brazo, siento más tu distancia.
Todo el tiempo te miro y no te alcanzo.
Para llegar a ti hay que volar abismos.
Inmóvil te veo partir, aquí me quedo.
El corredor por el que ando atraviesa paredes,
pasa puertas, pasa pisos,
llega al fondo de la tierra,
donde me encuentro, vivo,
en el comienzo de mí mismo en ti.
Número en cada puerta y tu ser pierde los años.
Tu cuerpo en esa cama ya sin calendarios.
Quedarás fija en una edad, así pasen los siglos.
Domingo 7 de septiembre, a las tres de la tarde.
Un día más, unos minutos menos.
En tu muerte has rejuvenecido,
has vuelto a tu rostro más antiguo.
El tiempo ha andado hacia atrás
para encontrarte joven. No es cierto
que te vayas, nunca he hablado tanto contigo.
Uno tras otro van los
muertos, bultos blancos,
en el día claro.
Por el camino vienen vestidos de verde.
Pasan delante de mí y me atraviesan. Yo les hablo.
Tú te vuelves.
Pasos apesadumbrados de hombres
que van a la ceremonia de la muerte,
pisando sin pisar las piedras
de las calles de Contepec,
con tu caja al cementerio.
Tú lo dijiste un día:
todo sucede en sábado:
la muerte, el nacimiento.
Sobre tu cuerpo, madre, el tiempo se recuerda.
Mi memoria es de piedra.
México D.F., 2 de septiembre de 1986
Contepec, Mich., 7 de septiembre de 1986
Ayer y hoy
Tu paso, como una
sombra,
era difícil de seguir,
y al perderte en una esquina
sólo quedaba en mí, como en la calle,
un vago sentimiento de vacío.
Tu cimbreo, tu cintura
me estremecían
y el jardín parecía tener más rosas
y el verano
calor,
pues en mis labios de niño aún no había
la palabra que
define al amor.
La edad nos separaba,
como a dos cuerpos,
no de tamaños distintos,
sino de espacios
diferentes.
Y mis manos asiéndote,
mis brazos abarcándote,
no podían asirte,
no podían alcanzar tu
cuerpo, tu mirada.
Cae la lluvia sobre junio...
Cae la lluvia sobre
junio
El espíritu de la mujer que ama
corre en tu cuerpo
se desnuda en las calles
La vida en los rincones
sostiene el equilibrio del mundo
con
un algo de Dios que asciende de las ruinas
Los hijos del hombre hacen su universo
sobre un barco de papel
que se destroza
pero la alegría no está precisamente allí
sino en
la proyección de otro universo
Nada debe detenerse
volverá septiembre y después abril
y los
amigos que no acudieron esta primavera
estarán con nosotros en un
invierno previsible
Amo este tiempo
donde los perros son sagrados
y los insectos
titubean en los vidrios
Te amo a ti por efímera por susceptible al frío
La ciudad se
ilumina para nuevas proezas
Cuando la sombra duerme su cuerpo se ilumina...
Cuando la sombra duerme
su cuerpo se ilumina
su rostro reflejado atraviesa cristales
y
finalmente se instala en todo brillo
Sus dedos trenzan en el aire
los bellos frutos de los días de
mayo
Muda en la respiración muda de las cosas
la voz de una mujer pasa
buscándola
Desnuda en el esplendor irreparable
sus ojos se abren como un río
de luz y de sonido
Déjame...
Déjame
estoy lleno
de ti,
no te perderé,
llevo conmigo tu esperanza invicta
y los
diluvios de tu claustro;
he visto levantarse de tus pupilas
el
sentimiento inaugural del hombre,
pero todavía no tengo la sangre
y la tierra y la palabra
no me pertenecen
Déjame entrar a tu íntimo alfabeto...
Déjame entrar a tu
íntimo alfabeto
para saber lo tuyo por su nombre
y a través de tus
letras
hablar de lo que permanece
y también de auroras y de
nieblas
Déjame entrar para aprenderte
y girar en tu órbita de
voces
hablándote de lo que me acontece
describiéndote a ti
Quiero dar testimonio a los hombres
de tus enes y tus zetas
desnudarte ante ellos como una niña
para que todos se expresen con
acento puro.
Donde el ensoñado y el soñado...
Donde el ensoñado y el
soñado
van por un solo camino
se levanta un cuerpo
Por ese adentro de mujeres que hablan
de pasadas contiendas en
las que no estuvimos
otro cuerpo se abre
y todo aquello que los cuerpos forman
es en la sombra
un
brillo solitario
Ella violenta y pública...
Ella violenta y pública
en el peregrinaje lento de las horas
que resbalan coloreándose hacia
el alba
ella
exterminada y recobrada
por batallones en su misma mano
faz que se dobla en el arco
haciéndose durar
plenitud
quebranto inclinación
centro donde el esplendor se esparce
o se
concentra con el instante a la deriva
con los fetiches
con los proscritos de las calles
con las
mujeres que llaman con susurros
con los que esperan que lo oscuro amanezca
para que su techo sea
un techo dorado
ella con lunas negras
pareja y cada uno de los oponentes
sobre
el hallazgo y el trance
al fondo de su secreto brilla
alberga alas que la ascienden
ojos que develan sus brumas
la noche es su aurora
sacude en el pasmado al desertor
teje un manto de espanto en torno
de aquellos que niegan la justicia
Erótica
Globos
El
deseo perfora
en la clara dureza de su cuerpo,
delgadeces empujan
en su vientre
un temblor que si se agita salta,
ritmos balancean bajo su pecho
viva abundancia que el deseo
persigue
con una sombra flaca.
Deseo
Dos llamas que apagan su calor
cuando están más
fundidas,
y tienen más desolación
cuando parecen más unidas.
Pareja
Dos cuerpos que agotan su fervor
en otro cuerpo,
que
es suyo y no es suyo
al mismo tiempo.
Es tu nombre y es también octubre...
Es tu nombre y es
también octubre
es el diván y tus ungüentos
es ella tú la joven de las
turbaciones
y son las palomas en vuelos secretos
y el último escalón de la
torre
y es la amada acechando el amor en ante muros
y es lo dable en
cada movimiento y los objetos
y son los pabellones
y el no estar del todo en una acción
y
es el Cantar de los Cantares
y es el amor que te ama
y es un resumen de vigilia
de
vigilancia sola al borde de la noche
al borde del soñador y los insomnios
y también es abril y
noviembre
y los disturbios interiores de agosto
y es tu desnudez
que
absorbe la luz de los espejos
y es tu capacidad de trigo
de hacerte mirar en las cosas
y
eres tú y soy yo
y es un caminarte en círculo
dar a tus hechos dimensión de arco
y a solas con tu impulso decirte la palabra.
He de perseguir tu cuerpo...
He de perseguir tu
cuerpo
hasta donde dos cuerpos pelean
tu callejón oscuro
y peligrosamente el día
tiene contacto con una luz que no le
corresponde
para sentirse propio y poseído
hasta donde la
demolición de los conjuros
no perdona el rumor de las palabras
he de perseguir tu cuerpo
hasta el fin de tus calles
donde los
saludos forman esquina con el viento
y la seguridad imposible de manos conocidas
hace vivir deseos
constelaciones
en el solo equilibrio de la sombra
La forma de tu ausencia
Ni un momento
he
dejado de ver en este cuerpo
la forma de tu ausencia,
como una esfera que ya no te contiene.
Pero dos cosas constantes te revelan,
te tienen de cuerpo entero en
el instante,
y son la cama y la mesa de madera,
hechas a la medida
del amor
y del hambre
La noche muere sobre una manzana rota...
La noche muere sobre
una manzana rota
La creación recomienza
El alba crece insuperable
compacta en sus disturbios
El
hombre pulsa la memoria
abre el instante nuevo
con manos
transparentes
Por todas partes la fantasía
de ser entre las horas
la proeza
el grito la resurrección
También de la tierra húmeda
de los hechos ya ocultos
llega el
movimiento
el segundo perpetuo
la presencia
Una palabra corta en
dos tus labios
La perfecta dormida
En el hálito ardiente
de su propio sonido quema
y en su ámpula germina la crisálida
La libélula transcurre bajo el sol
Rompe la quieta corriente del instante
el río que ha pasado
comparece
al golpe del nuevo movimiento
Se recuesta en el agua el
esplendor
Otras criaturas tañen las olas bajo el mar
Aire de su aire mueve
la gaviota
el soplo el verbo el yo soy de esa muchacha
como los
árboles etéreo
Nuevas existencias toman superficie
toman cuerpo en Sus ojos Los
astros son pupilas
Siempre un poeta canta entre los muertos
Llamaré
hasta que las puertas de tu ciudad
fortificada con estatutos
inviolables
me acojan como habitante
de la vida que en ti se
desenvuelve
igual que la lluvia de silencio
sobre tu cabeza
Gradualmente me impregnaré de ti
hasta que sea humo en tu voz
luz
en tus ojos
y haga sobre mis hombros tu futuro
Cuando llegue el
otoño
te descubriré al rostro de los hombres
para que en tus vasos
alimenticios
vengan a nutrirse de esperanza
Mirándola dormir
( fragmento )
Cálida ahí donde te
toco.
Grupa vaporosa.
Radiante en cualquiera de sus poros.
Cabalgando.
Y sobre lo espléndido va lo irrepetible.
Y
reproduciremos toda vida, y toda melancolía será
ahogada con zumo de
tus manos.
situado el cuerpo hasta las nubes para que llueva
enorme, consternado, sobre las pequeñas voces y el
medio movimiento.
En la pulsable ostentación de ser en dos un solo verbo.
Traídos y
llevados y atentos.
Y ella bien oculta.
Máscara de siete ojos.
Tendida, vaporosa, suya, mirándose leve sobre la
inclinación de su
cuello, de su desplazamiento.
Regocijada entre los números inexactos
de su memoria.
Niña loca, joven de burdel.
Adelante de los
pequeños verbos y de los caballos que
tremolan.
Desnuda de tiempo
en horas anormales.
Vaporosa bruta.
Dormida satisfecha en su
abundancia.
Los senos esféricos sobre el cuerpo horizontal.
Apuntando, y atravesados por venas azules.
Qué murmurar sanguíneo.
Sueltos y desnudos: apuntando a fantasmas espesos y
erectos; libres.
Muy de Berenice. Terráqueos y afectuosos. Muy en ella.
Mitla
Señoras del presente y del olvido
las hormigas recorren
los
espacios del silencio
arrastrando grumos de vida
hacia el mundo de
las sombras
Como vampiros con las alas abiertas
en el horizonte borroso
los escuálidos señores de la muerte
sin proyectar sombra sobre el
suelo arenoso
sin ser tocados por el viento o la hora
Entre peñascos rotos que un día acabarán
sobre el sabino antiguo
que un día caerá
sin la memoria mínima de los dioses extintos
ni
del Bigaña estricto que se volvió humedad
miro el sol que se muere
Bajan las sombras lentas
por los caminos ralos de Monte Albán
y dirigiéndose al otro mundo
atraviesan cuerpos y muros
con su
temblor y frío
En el patio ruinosos al borde de una tumba
un sacerdote enjuto
con camisas de grecas
arroja su espectro sobre el polvo
y traza
con dedo descarnado
la forma de las constelaciones deshechas
Pero tú no te reconoces
como mía...
Pero tú no te reconoces
como mía
Luces dispersas te saludan como suya
Siempre igual en todas partes
siempre primero a ti mujeres
apagadas
A pesar de ciudades y ciudades
de rostros y rostros de semejanza
y semejanza
Lo que tocas me niega
Ascensos y descensos no me tienen
Labios y palabras y engaños
son para mí una muerte verdadera
Silencios tan largos como un segundo
caen sobre mí sin conocerte
He creído encontrarte adentro del sonido
Los espejos confunden
las imágenes
No amaneces No eres tú
Eres otra
Es la noche
Quedas viva inmune
caminando todavía sobre los muertos
Perséfone
(fragmento)
Un río carnal abre los muslos.
Perséfone se abre como una
escalera estrecha y empinada.
Perséfone ríe al borde sus fibras
nerviosas.
Navegan barcos por mar desconocido. Navega un dios en
sí mismo enlazado.
El cuello de los cisnes en un solo cuello.
Perséfone me mira como
yesca que acecha el fuego.
Pone los codos sobre las rodillas, mete la cabeza entre las manos.
Se sienta en sus cojines suaves. Se sienta sobre un lecho que
por las arrugas de las mantas parece un trono rudo.
Mis manos
friccionan con ardor sus miembros. En sus miembros
se confunde
lo blanco de su piel, lo rojo de su ardor.
A sus miembros que
fricciono llegan su silencio, su emoción, sus gestos.
Un mismo calor
anima su corazón, sus pies, sus dedos.
El fuego le abre el cuerpo,
igual que un incendio descubre
en una casa muchas ventanas, muchos ojos.
Igual que si se hubiera
vuelto su interioridad hacia afuera,
y un color propio la recorriera
matizando sus rasgos.
Me adentra.
No pienso.
Mis sentidos
despiertan.
Oigo mi cuerpo, oigo su cuerpo enredarse en el mío.
Crecen
los
dos, enmudecen, maduran, se avejentan, mueren.
Oigo el eco de su
desaparición, de su nacimiento. Oigo.
Que no están, que llegan, que
se van.
Siento su cuerpo. Toca con mil poros abiertos a mi piel.
Me roza con mil manos y muslos. Me roza con pedazos de
carne que se labia, se hiende.
Mojándome. Huelo su origen. Su deseo.
Su deseo. Su ceniza.
Sus cabellos húmedos de mis cabellos. Su roce que es mi roce.
Veo
la palabra que no dice en su lengua curvada, alargada
hasta mi
lengua. Su sexo que entraña mi sexo. Sus pies extendidos.
Su movimiento sacando chispas de las sábanas con las caderas.
Su
hundimiento en el colchón. Su levantarse y caer y sonar.
La oscuridad momentánea de su boca, de sus axilas, de
su cuello y sus brazos.
Llena mi ver una rodilla. Un brazo. Un ojo.
Un cabello entre
mis
labios. Un trozo de muslo. Un pedazo de vientre.
El ombligo. Sus
cabellos. Su ombligo.
Su cara vuelta a la derecha. Su cara vuelta a
la izquierda.
Su mentón apuntando hacia arriba y hacia abajo. Su
cuerpo
recogido. Su
cuerpo diagonal.
Su ombligo. Su oreja. Sus cabellos. Su sexo.
Su boca que se ahonda y se ahonda, que se sumerge por adentro de
ella,
que cae y cae, toca mi sexo, sube por mi cuerpo,
se convierte en
mi boca que la besa en su boca que se ahonda,
y cae en mí, y cae en ella.
Poema
Pensabas
que el amor
era bueno
y que volabas
en dos cuerpos
que eran el tuyo
y no
eran el tuyo
al mismo tiempo
que la tierra era aérea
llena de camas y de puertas
llena de llaves y de ceros
y que la ciudad
con
sus charcos y sus perros
eran un cielo sin fin para tu vuelo
pensabas
que tu
cuerpo
diferente de su cuerpo
no era tuyo
si te alejabas un
instante
de su abrazo
de su sol y de su suelo
Poema de amor en la ciudad de México
En este valle rodeado de montañas había un lago,
y en medio del
lago una ciudad,
donde un águila desgarraba una serpiente
sobre
una planta espinosa de la tierra.
Una mañana llegaron hombres barbados a caballo
y arrasaron los
templos de los dioses,
los palacios, los muros, los panteones,
y
cegaron las acequias y las fuentes.
Sobre sus ruinas, con sus mismas piedras
los vencidos
construyeron las casas de los vencedores,
erigieron las iglesias de
su Dios, y las calles
por las que corrieron los días hacia su olvido.
Siglos después, las multitudes la conquistaron de nuevo,
subieron
a los cerros, bajaron a las barrancas,
entubaron los ríos, talaron
árboles,
y la ciudad comenzó a morir de sed.
Una tarde, por una avenida multitudinaria, una mujer
vino hacia a mí,
y toda la noche y todo el día
anduvimos las
calles sin nombre, los barrios desfigurados
de
México-Tenochtitlán-Distrito Federal.
Entre paquetes humanos y embotellamientos de coches,
por plazas,
mercados y hoteles,
conocimos nuestros cuerpos,
hicimos de los dos
un cuerpo.
Cuando ella se fue, la ciudad se quedó sola,
con sus
muchedumbres,
su lago desecado, su cielo de nebluno
y sus montañas
invisibles.
Polvo de ti en el cielo ensimismado...
Polvo de ti en el suelo
ensimismado
cuencos de ti hasta el fondo y por arriba
agua de ti
me baña las palabras
Cópula de vulnerables y prosigue
números sin salida te denuncian
el sol la tarde el grito son un mismo ojo
Todo es agua en la noche compartida
Me descubro en tu antemuro
como cuerpo
Emerges niebla Yo los dedos
adheridos
Mujer preservas el
trigo hasta el verano
Aglomeración de luz es la tiniebla
Hay
mesura en tus fugas me
desplazo
Eres causal cuando te heredas
estás llena de afecciones y
habitada
qué azul sereno agradecida
Antes de hablar ya tengo tu vestigio
claridad de seres
sacramentos tuyos
Déjame buscarte cuando pasas
Esto es el mundo sumisión de
arena
abrazo de cálida penuria
escribir en tus ojos hacia dentro
La mujer sonrisa doble lo
ha sabido
Continua y ascendiendo la luz de la fatiga
Te inmensas
por el campo Ya no estás
Por el silencio sigues...
Por el silencio sigues
embriagada y sonámbula
Detrás de los espejos
se desnuda tu nombre
Difusa entre las
lámparas
es mortal tu pupila
Naciendo con el día
llevas un luto largo
de vasijas y cuerpos
Tu revelación no cesa
nunca
en la noche sin huellas
Al fondo de tu voz que
niega
hay otra voz que afirma
Tus dioses desplazados
se recrean sigilosos
en la realidad invisible.
Sé que piensas en mí...
Sé que piensas en mí
porque los ojos se te van para adentro
y tienes detenida en los
labios
una sonrisa que sangra largamente
Pero estás lejos
y lo
que piensas
no puede penetrarme
yo te grito Ven
abre mi soledad
en dos
y mueve en ella el canto
haz girar este mundo detenido
Yo te digo Ven
déjame nacer sobre la tierra.
Te amo ahí contra el muro destruido...
Te amo ahí contra el
muro destruido
contra la ciudad y contra el sol y contra el viento
contra lo
otro que yo amo y se ha quedado
como un guerrero entrampado en los recuerdos
Te amo contra tus ojos
que se apagan
y sufren adentro esta superficie vana
y sospechan venganzas
y muertes por desolación o por fastidio
Te amo más allá de
puertas y esquinas
de trenes que se han ido sin llevarnos
de amigos que se
hundieron ascendiendo
ventanas periódicas y estrellas
Te amo contra tu
alegría y tu regreso
contra el dolor que astilla tus seres más amados
contra lo que
puede ser y lo que fuiste
ceremonia nocturna por lugares fantásticos
Te amo contra la noche
y el verano
contra la luz y tu semejanza silenciosa
contra el mar y
septiembre y los labios que te expresan
contra el humo invencible de los muertos.
Tercer poema de ausencia
Tú has escondido la luz
en alguna parte
y me niegas el retorno,
sé que esta oscuridad no
es cierta
porque antes de mis manos volaban las luciérnagas,
y yo
te buscaba
y tú eras tú
y éramos unos ojos
en un mismo lecho
y nadie de nosotros pensaba en el eclipse,
pero nos hicimos fríos y
conocidos
y la noche se hizo inaccesible
para bajarla juntos.
Tú has escondido la luz en alguna parte,
la has plantado en otros
ojos,
porque desde que ya no existes
nada de lo que está junto a
mí amanece.
Tiene la medida de mi sueño...
"Elle a la forme de mes mains
elle a la couleur de mes yeux..."
Paul Éluard
Tiene la medida de mi
sueño
los ojos de mi infancia
ama lo que yo amo
lo que no
retorna
lo que no llega todavía
se levanta en mis párpados
y de
ahí hace volar sus sueños
Se desplaza y permanece
siempre es ella
en todas partes
saludando al universo
Llena todos los días del
mundo
y aún no nace porque no tiene fin
La encuentro en el
silencio en la absolución
pero ella está dispersa respirando en todo
Si algún día llego a penetrar su alma
le daré vendimias de su cuerpo
el hombre el pasto la niebla.
Un poema de amor
Cuando hable con el
silencio
cuando sólo tenga una cadena
de domingos grises para
darte
cuando sólo tenga un
lecho vacío
para compartir contigo un deseo
que no se satisface ya
con los cuerpos de este mundo
cuando ya no me basten
las palabras del castellano
para decirte lo que estoy mirando
cuando esté mudo de voz
de ojos y de movimiento
cuando haya arrojado
lejos de mí
el miedo a morir de cualquier muerte
cuando ya no tenga
tiempo para ser yo
ni ganas de ser aquel que nunca he sido
cuando sólo tenga la
eternidad para ofrecerte
una eternidad de voces y de olvido
una eternidad en la que
ya no podré verte
ni tocarte ni encelarte ni matarte
cuando a mí mismo ya no
me responda
y no tenga día ni cuerpo
entonces seré tuyo
entonces te amaré para siempre.
Vas creciendo sombra a sombra...
Vas creciendo sombra a
sombra
abril se desvanece en tus cabellos
papeles sin sueño
habitan en los parques
el día negro es una estrella acuática
La iluminación tiene alas del camino
en los muros no pesa el aire
el rostro de la noche en la ventana
es un ser dormido que despierta
Hay un tiempo desvelado que te esconde
y un fantasma que te hace
recordar
La primavera oficia en secreto
un diálogo de niños
y en el
cuenco de tus manos
pueden volar los pájaros
El mundo es gris en tus pupilas
es un cuerpo desnudo
que se
apoya en los párpados
Elástica la luz se cumple en otro asombro
Sólo tu voz rompe la
bruma
Vas creciendo sombra a sombra
Y todas las cosas que a mi amor contemplaban...
Y todas las cosas que a
mi amor contemplaban
el sonido y la lluvia los parques y la
imagen
se asomaron en ella
Y todos los seres que
en el tiempo eran árboles
abrieron sus pestañas a los frutos del día
y el sol fue su mirada reencontrada en el mar
Y era un verano de
diamante y de polvo
despierto al borde de la noche dormida
y
creció entre la luz y la sombra trenzada
Creció sin detenerse y
miré la Vía Láctea
perdido entre las negras mariposas fugaces
y
las bocas llamando como rojas campanas
Creció con el amante en
verde silencioso
vestido de destinos cabalgando las horas
y breves
arco iris espontáneos y breves
Y mis manos pudieron
ser aire de sus manos
y en medio de la fábula descubrí nuevas fábulas
y el cuerpo de su risa emergiendo del aire
Y tocamos el musgo de
sus aguas inmóviles
y sentimos los ojos redondear las palabras
y
volamos muy libres adentro de los pájaros.
Y tu amor se denuncia por el canto de un pájaro
Tu nombre repetido por
las calles
Tu boca
Tu paso que no es nocturno ni de aurora
Tu
voz
Sólo tu ser creciendo en las esquinas
Tu tiempo... tus
alianzas
Ahora sentada en espiral
Después el humo.