"...Esta flor mía, viva luz sin
reflejo,
ahogada en ella misma..."

"Le cirque bleu"
Marc Chagall
Reseña biografica
Poeta, ensayista, periodista,
investigador literario y crítico cubano nacido en Holguín en 1910.
Doctor
en Ciencias Filológicas por la Universidad de La Habana, con estudios
posteriores en el Instituto
de Literatura Mundial Máximo Gorki de la Academia de Ciencias de Moscú, es
una de las grandes figuras
de la literatura cubana contemporánea.
Es miembro de Número de la
Academia Cubana de la Lengua, miembro del Consejo Asesor del Centro de
Estudios
Martianos, miembro fundador de la Unión de Periodistas y de la Unión
de Escritores y Artistas de Cuba, y presidente
de la Fundación Nicolás Guillén. Ha sido, además, coeditor de revistas
literarias cubanas y colaborador de varias
publicaciones periódicas de otros países. Como conferencista invitado
y como becario de la Unesco, ha viajado
por numerosos países de América, Europa y Asia central.
Fue condecorado
con la Orden Nacional Félix Varela de Primer Grado y obtuvo el Premio
Nacional de Literatura
en 1991.
Su obra poética se encuentra reunida en una Antologia publicada
en 1980 y en «Todo el mar en la ola» en 1989. ©
A la luz de tu sombra
conmovida...
Ansiedad
Cuba
El mar
Isla en el
tacto
No te voy a decir
Nocturno diferente
Piscis
Soneto
Un rostro y la distancia
Vesperal
A la luz de tu sombra conmovida...
A la luz de tu
sombra conmovida
deja de escuchar a tantas voces tuyas,
me quedaré
desnudo de silencio
cuando me des tu intimidad desnuda.
Los recuerdos que corren por tu sangre
Te han dejado fragante de
ternura,
Fuerte eternidad estremecida
Y el color secular que te
circunda.
La nostalgia se sube a tus arcadas
Para soñar el sol su ansia madura;
Mientras las ramas verdes te acarician
En el temblor henchido por la
lluvia.
Para las sombras de tus corredores
Son mis palabras como sombras
mudas
Que quieren saturarse de tus ecos
Y saturan tu paz de albas
futuras.
Soneto al
patio del Palacio Municipal de La Habana, 1937
Ansiedad
Esta
flor mía, viva luz sin reflejo,
ahogada en ella misma,
bebiéndose a mi
sombra su más íntima savia,
su perfume más puro,
sintiendo en cada
pétalo, la clausura del aire
y el secuestro del agua, de la nube, del
árbol...
Esta flor mía, encendida, consumiéndose sola,
muerta en su propia
música,
apretada en su tallo, quebrado ya de angustia;
quemándose a sí
misma,
en tanto que la tierra desnuda su ternura
y es más ancha la
vida,
y el canto,
y la mañana...
Cuba
Cuba, flotante línea suspendida
en la punta del agua sin sosiego;
llama en el centro de su propio fuego,
roja al viento la túnica
encendida.
Cuba, de amor extiendes tu medida
y la sombra sepulta su astro
ciego:
tu sangre, ardiente luz, es dulce riego
para alzar el tamaño de la
vida.
Marítima y frutal, solar y sola,
las olas que establecen tu
corola
forman, Cuba, coraza a tu alegría.
Y en tu carrera de canción y
espuma
deslumbra a la mirada entre la bruma
el fulgor con que en ti florece
el día.
El mar
Se ha caído al suelo el Mar. Difícil
recogerlo, alzarlo, ayudarle.
La masa espesa se mece y se deshace en espuma,
en olas; se contrae y
distiende, se agita y calma,
se enfurece y desborda como en inútil esfuerzo por levantarse.
La
espesa masa no descansa: moja, hunde, ahoga;
su corrosivo hálito de salitre, esa onda salada y húmeda,
está ahí
siempre incansable, y el espumoso oleaje de gelatina,
azogue, agua. Se ha caído al suelo el Mar.
Y es difícil asirlo,
levantarlo.
Quizás sea preferible dejarlo donde está,
hasta que pueda alzarse
por sí solo.
O hasta cuando lentamente se deseque por cansancio.
O por
aburrimiento.
Isla en el tacto
I
Cosida al mar y al viento por puntuadas olas
a puro sol prendida,
tu perfil, isla mía, tu contorno en el agua
con tu constante litoral dibujas
revuelto hacia la luz y hacia la espuma,
hacia el húmedo mundo clamoroso
donde pierden la tierra y el árbol
sus fronteras,
donde encuentra el azul su razón en los mapas
y se
disuelve en sal la geografía.
II
Soledad por tu sol y por tu ola:
isla sola: sol y ola
confundidos ciñendo, acariciándote
la piel mulata de la costa,
la
femenina piel, fragante de tabaco,
y la piel de la playa,
cálida y
temblorosa con su arena de azúcar.
III
En ti misma comienza y se reanuda
la línea en movimiento de
tus bordes inmóviles,
ese voluptuoso
límite que recorre tu dimensión exacta
y aprieta con su júbilo
tu
verde desnudez estremecida.
En ti nace y renace,
ondulante rodeando tu
náutica estructura,
esa inundada sombra flotadora,
esa flotante sombra
sumergida
que marca tu presencia
en el sitio preciso donde el agua
seca las vestiduras de su viaje marítimo
y se detiene el aire para lavar
su túnica.
IV
Isla mía, resonante,
naviera y vegetal a la deriva.
Cañaveral velamen
extendido de líquida, musical transparencia.
Sonora
y descubierta caracola
de sol y mar y viento traspasada.
Palmar de
verdes puntas de sonidos
del aire dueño y de la enredadera.
Amo y
recorro al tacto
tu ámbito circundado de acústica intemperie,
tu
ámbito en que despliega
la luz de su canción el oleaje.
Ola en la luz,
luz rota en la ola:
Ola, ala de sal que interminable vuela en tu cielo
terrestre;
luz, ala de sol que cubre tu dimensión celeste.
Ola y luz
en una única canción
que sin cesar afila su fragancia
en los clamores
de los arrecifes.
V
Desde todos sus pétalos la rosa de los vientos
desde todas sus
hojas
olas de verdeazul lanza cada segundo
sobre tu acantilado relieve
de desnuda
y abierta geometría.
Desde qué edad remota, desde qué día
sin año,
isla mía sonora,
ya en su oficio sin pausa lanza la rosa
insomne
olas prefabricadas, en serie, arquitectónicas,
con sus crestas
perfectas, con su lote de espumas,
con su rumor secreto de amante
silencioso,
con su clamor de enfurecido amante,
con su caricia apenas
insinuada,
con su látigo sordo, su lenta cuchillada, su constante
golpear,
ese ceñir sin tregua con sus líquidas manos,
con sus dedos de
espumas
la extensión que se alarga, se cierra, se despliega,
la
extensión que está anclada
en su firme frontera submarina,
esa
incansable, ciega, salvaje, tierna, dominante costumbre
de no cesar de no
cesar de no cesar
en el ardiente ceñir de tu collar de olas.
No te voy a decir...
No te voy a decir
que quiero ser la arena
que tus pies desnudos
acaricie,
ni los rayos del sol que bajen jubilosos
a dorar más aún
la fina miel que forma tu epidermis,
ni el agua que la abrace con su
espuma
ni el viento que la bese
y agite sus cabellos.
Sólo quiero pedirte que no dejes
que el beso y la caricia
de la
arena y las olas,
de la luz y del aire,
destruyan la huellas de los
míos
ni mi recuerdo que te sigue
como muda presencia inevitable.
Nocturno diferente
Hay una noche limpia: la del mar y la luna.
Había un pueblo de luces en
el agua tranquila
con calles solitarias por donde, sin quererlo,
dejábamos vagar
nuestra inquieta ternura.
Era una noche limpia, brillando entre las sombras.
Nos quedamos
teñidos de luna y de horizonte
al ritmo de la voz anciana del botero.
Piscis
De las aguas, los peces.
El abismo
es ahora dos veces
uno mismo.
Soneto
Sigo, Amor, con mi júbilo sin bridas
por senderos de mieles tu carrera,
viajando con tu llama y tus heridas
desde el justo contorno de tu esfera.
El pulso tengo de
innombrables vidas
en tu perfil sesgado a tu manera
como tu fortaleza
tiene asidas
las campanas al sol de mi bandera.
Por una eterna acariciada
llega desnuda y limpia tu figura
al filo
de mi luz enamorada,
y en la ventana azul de mi ventura
tu beso, Amor, tu voz y tu mirada
velando mi desvelo de ternura.
Un rostro y la distancia
a Raúl Luis, protagonista
Ella posaba para Boticelli
cuando la viste por primera vez. Los
cabellos rectos
le llovían sobre el rostro, como ahora,
ocultando su inquieta mirada y esa expresión
de animalito asustado
ante la vida.
Mientras inquirías del maestro
sobre la identidad de su modelo, ella desapareció,
sin que lograras
saber dónde encontrarla.
Inútilmente recorriste las calles de Florencia,
pero te marchaste
con su rostro grabado en la memoria
y con el lienzo que lo copió para la eternidad.
Vagaste años y años
por el mundo sin límites
de tiempo ni de espacio, y en tu camino
siempre su imagen emergía
entre brumas de sueño.
Y una tarde volviste a encontrarla inesperadamente
asomada al balcón
de una casa en Madrid.
La misma boca interrogante,
la misma ansiedad honda en la mirada,
insinuándose bajo el pelo caído sobre el rostro.
Nada pudo detener
tu violenta carrera hacia ella.
Buscaste en todas partes desesperado,
pero ella ya no estaba.
Debiste conformarte
con arrancar del muro la tela de su imagen
recreada por la magia del Greco.
Más de un siglo después volviste a
sorprenderla,
esta vez en París, pero también lejana,
inmóvil en el mundo
atormentado de Modigliani,
aún fresca, la pintura que reflejaba el óvalo fino,
la llama
interior, la talla esbelta en ángulos.
Solicitaste al maestro, pero ya su mirada
era la ausente de los que
van hacia la muerte
y no supiste tampoco dónde hallarla.
Hoy, cuando de ella te separan
muchos años
y mares y tierras de distancia,
en Varsovia la encuentras al fin de
carne y hueso,
de encanto misterioso, de secreto fulgor,
de realidad y sueño. Y le
has reconocido
el rostro huidizo de siglos que se ocultan
tras el velo adorable del cabello,
el mismo rostro perseguido y
perdido y ansiado,
pero al llegar hasta ella, eres ajeno y lejano
porque nunca pudiste
existir en su mirada,
porque jamás pudiste asomarte a sus ojos
ni hablarle a su corazón.
En tanto el tuyo queda rondando en torno al Vístula,
que discurre tan indiferente como ella,
mientras la distancia -de
tierras, mares, años-
vuelve a trazar entre ustedes
una línea imposible para siempre.
Vesperal
No hagas ruido, a ver,
si no se va la tarde.
Dile a tu alma que haga
un silencio absoluto.
Acalla ese ruido de pensamientos,
rompe ese
hondo clamor de recuerdos,
ahoga ese sordo rumor de ensueños.
No seas imprudente, no hagas
ruidos,
que le molestan a la tarde.
Ante ella hay que estar como una esfinge
jovial,
ungida de serenos éxtasis
florecidos de silencios blancos.
Tenemos que rimar ese silencio
con el blanco silencio de la tarde.
Pero, ¿ya ves?, se va la
tarde.
No pudiste amordazar el grito desbocado de tus nostalgias
y has
espantado a la tarde.
Mira como huye despavorida a otro lugar donde comprendan
el silencio
blanco de su alma. Y nos deja las sombras
-gran silencio negro-
para el negro silencio de nuestros ruidos.