
Reseña biografica
Poeta francés nacido en Isle-sur-Sorgue, en 1907.
Pertenece a lo que podría llamarse segunda generación surrealista iniciada
en 1929, coincidiendo con la primera crisis señalada por el segundo
manifiesto de Breton aparecido ese año. En 1934, debido a su afán de
perfección formal, se alejó paulatinamente del movimiento
surrealista.
Durante la ocupación de Francia por los alemanes, se destacó como capitán de
maquís en la resistencia, y allí aprendió, según él mismo dice, "a
amar ferozmente a sus semejantes". De esta experiencia en la lucha
clandestina surgió su gran obra poética
"Páginas de Hypnos".
Es uno de los poetas cuya fama ha crecido rápidamente en los últimos años.
Elogiado ampliamente por la crítica, es
considerado como uno de los máximos poetas de Francia.
Falleció en 1988. ©
Poemas de René Char:
Artina
Bailemos en Baronnies
Bebedora
Bienvenida
Consuelo
Cuatro edades
Curso de las arcillas
Desherencia
Dyne
El beso
El desnudo perdido
El juicio de octubre
El molino
El refugio maltratado
En las alturas
Gozo
Hambre roja
Juego mudo
La compañera del cestero
La eternidad en Lourmarin
La libertadLa lujuria
La rosa de roble
Las murallas y el río
Lied de la higuera
Los parajes de Alsacia
Los soles canoros
Ni eterno ni temporal
Permanente invisible de cazas
codiciadas...
Redoble
Remanencia
Septentrión
Textos
en colaboración con André Breton y Paul Éluard:
1. Página blanca
2. Bajo palabra
Último escalón
Yvonne
Artina
Al Silencio de aquella que permite soñar
En la cama que me prepararon había: un animal sanguinolento y maltrecho
del tamaño de un bollo, un caño de plomo, una ráfaga de viento, un
molusco
helado, un cartucho sin pólvora dos dedos de un guante, una mancha de
aceite;
no había una puerta de prisión, pero sí el sabor de la amargura, un
diamante
de vidriero, un pelo, un día, una silla rota, un gusano de seda, el
objeto robado,
una presilla de sobretodo, una mosca verde domesticada, una rama de
coral,
un clavo de zapatero, una rueda de ómnibus.
Ofrecer un vaso de agua al paso de un caballero que se lanza a
rienda suelta en un
hipódromo invadido por la multitud supone, de una y otra parte, una
falta absoluta
de habilidad; Artina traía a los espíritus que visitaba esa aridez
monumental.
El impaciente se daba perfecta cuenta de la clase de sueños que en
adelante
frecuentarían su cerebro, sobre todo en el dominio del amor cuya
actividad
voraz se manifestaba de ordinario fuera de la época sexual. La
asimilación
alcanzaba su desarrollo en la noche profunda de los invernaderos
herméticamente
cerrados.
Artina cruzó sin dificultad el nombre de una ciudad. Es el silencio
que hace surgir
el sueño.
Los objetos designados y reunidos con el nombre de
naturaleza-concreta forman
parte del escenario en el cual se desarrollan los actos de erotismo de
las series fatales,
epopeya cotidiana y nocturna. Los ardientes mundos imaginarios que
circulan sin interrupción por la campiña
en la época de las cosechas tornan el ojo agresivo y la soledad
intolerable para aquel que dispone del poder de destrucción.
En los cataclismos extraordinarios, resulta directamente preferible
apelar sin reservas a ellos.
El estado de letargo que precedía a Artina suministraba los
elementos indispensables
para la proyección de impresiones sorprendentes sobre la pantalla de
ruinas flotantes: edredones llameantes
precipitados
en el insondable abismo de tinieblas en perpetuo movimiento.
Artina conservaba a despecho de los animales y de los ciclones una
inagotable frescura.
Al andar adquiría una transparencia absoluta.
Por más que surja en medio de la más activa depresión el aparejo de
la belleza de Artina,
los espíritus curiosos no dejan de ser espíritus furiosos, los espíritus
indiferentes, espíritus
extremadamente curiosos.
Las apariciones de Artina superaban el marco de esas comarcas de
sueño donde el pro y el
pro están animados de igual y asesina violencia. Ellas
evolucionaban en los pliegues de una
seda quemante poblada de árboles con hojas de ceniza.
El carruaje de caballos lavado y renovado superaba casi siempre al
departamento tapizado
con salitre cuando se trataba de acoger en una velada interminable a la
multitud de los
enemigos mortales de Artina. El semblante de leña muerta era
particularmente odioso. La carrera jadeante
de dos enamorados
al azar de los grandes caminos se volvía de golpe una distracción
suficiente para permitir
que el drama se desarrollara, de nuevo,
a cielo abierto.
A veces una maniobra imprudente hacía caer sobre la garganta de
Artina una cabeza que no era la mía. El enorme
bloque
de azufre se consumía entonces lentamente, sin humo, presencia de por sí
e inmovilidad vibrante.
El libro abierto sobre las rodillas de Artina sólo era legible en
los días lóbregos. A intervalos regulares los héroes acudían
a informarse de las desgracias que de nuevo se abatirían sobre ellos, de
las sendas múltiples y terroríficas por las cuales
sus irreprochables destinos se empeñarían nuevamente. Sólo preocupados
por la Facultad casi todos tenían un aspecto
agradable. Se desplazaban lentamente, se mostraban poco locuaces.
Expresaban sus deseos mediante amplios e imprevistos movimientos
de cabeza. Parecía además que se ignoraban totalmente unos y otros.
El poeta ha asesinado a su modelo.
ArtineVersión
de Aldo Pellegrini
Bailemos en Baronnies
Vestida con falda de olivo
la Enamorada
había
dicho:
Cree en mi muy infantil fidelidad.
Y desde entonces,
un valle
abierto
una cuesta que brilla
un sendero
de alianza
han invadido la ciudad
donde el
libre dolor se halla bajo las aguas vivas
Versión de Jorge Riechmann
Bebedora
Por qué seguir entregando las palabras del propio porvenir
ahora
que toda palabra hacia lo alto es boca ladradora de
cohete, ahora que
el corazón de cuanto respira es caída
hedionda?
Para que puedas exclamar
en un soplo: "¿De dónde
vienes, bebedora, hermana con las uñas quemadas? ¿ Ya quién
satisfaces? Nunca hallaste albergue entre tus espigas. Mi guadaña
lo
jura. No te denunciaré, yo te precedo."
Versión de Jorge Riechmann
Bienvenida
¡Ojalá vuelvas a tu desorden, y el mundo al suyo. La asimetría
es juventud. No se mantiene el orden más que el tiempo que se tarda
en odiar su carácter de mal. Entonces se avivará
en ti
el deseo del porvenir, y cada peldaño de tu escalera desocupada y todos
los rasgos inhibidos de tu vuelo te llevarán,
te elevarán con un mismo sentimiento gozoso. Hijo de la oda ferviente,
abjurarás del gigantesco enmohecimiento.
Los solsticios cuajan el dolor difuso en una dura joya adamantina. El
infierno a su medida que se habían esculpido
los limadores
de metales volverá a bajar vencido a su abismo. Delante del olvido
nuevo, la única nube en el cielo
será el sol.
Mintamos esperanzados a
quienes nos mienten: que la inmortalidad inscrita sea a la vez la piedra
y la lección.
Versión de Jorge Riechmann
Consuelo
Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa
a dónde vaya en
este roto tiempo. Ya no es mi amor: el
que quiera puede hablarle. Ya
no se acuerda: ¿quién en
verdad le amó?
Mi amor busca su semejanza en la promesa de
las
miradas. El espacio que recorre es mi fidelidad. Dibuja
la
esperanza y en seguida la desprecia. Prevalece sin
tomar parte en
ello.
Vivo en el fondo de él como un resto de
felicidad.
Sin saberlo él, mi soledad es su tesoro. Es el gran
meridiano
donde se inscribe su vuelo, mi libertad lo vacía.
Por las calles de la ciudad va mi amor. Poco importa
a dónde vaya en este roto tiempo. Ya no es mi
amor: el que quiera
puede hablarle. Ya no se acuerda:
¿quién en verdad le amó y le
ilumina de lejos para que
no caiga?
Cuatro edades
I
El otoño para la hoja
El agua hirviendo para el cangrejo
Y el favorito el zorro
Ebrio sobre los hombros luminosos de la Actriz
Adherido al balcón naranja
Un ventisquero de rizos
Acampa en la ansiedad de mi corazón.
II
He estrangulado a mi hermano
Porque no gustaba de dormir
Con la ventana abierta
Hermana mía
Dijo antes de morir
Pasé noches enteras
Mirándote dormir
Inclinado sobre tu brillo en el cristal. III
Apretados los puños
Rotos los dientes
Con lágrimas en los ojos
La vida
Apostrofándome empujándome y riendo a medias
Yo espiga anticipada de las siegas de agosto
Distingo en la corola del Sol
Una yegua
Me abrevo en su orina.
IV
Mi amor es triste
Porque es fiel
No interpela el olvido de los demás
No cae de la boca como un diario del bolsillo
No es flexible en la angustia que en común se arremolina
No se aísla en las rompientes de la península simulando
pesimismo
Mi amor es triste
Pues está en la naturaleza turbada del amor ser triste
Como la luz es triste
La dicha triste
No has pasado libertad tus correas de arena.Versión
de Jorge Onfray
Curso de las arcillas
Mira, portero agudo, de la mañana a la mañana,
Largas, adujando su
chorro, a las zarzas frenéticas,
Cómo la tierra nos acucia con su
mirada ausente,
Cómo el dolor se embota, grillo de canto parejo,
Y
cómo un dios no brota sino para aumentar la sed
De aquellos cuya
palabra se dirige a las aguas vivas.
Por tanto alégrate, querida, del destino siguiente:
No clausura
esta muerte la memoria amorosa.
Versión de Jorge Riechmann
Desherencia
Antigua era la noche
Cuando la entreabrió el fuego.
Igualmente mi
casa.
No se mata a la rosa
En las guerras del cielo.
Destierran a
una lira.
Mi pena persistente
De una nube de nieve
Gana un lago de
sangre.
La crueldad ama vivir.
Oh fuente que mentiste
A nuestros destinos gemelos,
Del
lobo trazaré
Este único retrato pensativo.
Versión de Jorge Riechmann
Dyne
Dejando
atrás al hombre extensible y al hombre traspasado
llegué ante la
puerta de todos los júbilos, la del Verbo desellado
de sus restos
mortales, formando lo nuevo, creando fuego
a partir de la verdad, y
fortalecido por mi verde fe llamé.
Así
llegarás tú al país lavado y desierto de tu desafío. Hasta
entonces,
sin fechas fijas, lo irás edificando. ¡Severa vanidad!
¿Pero quién
hubiera apostado y optado por ti, desde los parajes
inmemoriales
hasta la lira fugitiva del padre?
Versión de Jorge Riechmann
El beso
Maciza
lentitud, lentitud martillada;
Humana lentitud, lentitud forcejeada;
Desierta lentitud, desanda tus ardores;
Sublime lentitud, sube desde
el amor;
Que la lechuza ha vuelto.
Versión de Jorge Riechmann
El desnudo perdido
Llevarán
ramos aquellos cuyo aguante pueda desgastar la
noche nudosa que
precede y sigue al relámpago. Su palabra
recibe existencia del fruto intermitente que la propaga
dilacerándose. Son los hijos incestuosos de la cortadura y del signo,
que alzaron hasta los brocales el círculo florido de la tinaja
de la
adhesión. La furia de los vientos los mantiene aún desvestidos.
Contra ellos vuela una pelusa de noche negra.
Versión de
Jorge Riechmann
El juicio de octubre
Mejilla contra mejilla dos pordioseras en su desamparo rígido;
La helada y el viento no las han instruido, las han ignorado;
Niñas
de intrahistoria
Caídas de las estaciones que dejan atrás, y allí
apretadas de pie.
No hay labios que las traspongan, la hora pasa.
No habrá ni rapto ni rencor.
Y el caminante pasa sin mirada ante
ellas, ante nosotros.
Dos rosas perforadas por un anillo profundo
Ponen en su extrañeza algo de desafío.
¿Se pierde la vida de otro
modo que por las espinas?
Claro que sí: por la flor, los largos días
lo supieron.
Y el sol ha dejado de ser inicial.
Una noche, el día
bajo, todo el riesgo, dos rosas,
Como la llama a cubierto, mejilla
contra mejilla con quien
la mato.
Versión de Jorge Riechmann
El molinoUn ruido
largo sale por el techo
golondrinas siempre blancas
agua que salta, agua que brilla
el grano salta, el agua muele
y el recinto donde el amor se arriesga
centellea y marca el paso.Versión
de Jorge Teiller
El refugio maltratado
Siempre me ha gustado la proximidad, sobre un camino de tierra,
de un
hilillo de agua caída del cielo que viene y va persiguiéndose
a sí
mismo, y la tierna torpeza de la hierba mediana a la que una carga
de piedras detiene -igual que un revés oscuro pone fin al
pensamiento.
Versión de Jorge Riechmann
En las alturas
Espera aún a que yo venga
A romper el frío que nos retiene.
Nube, en tu vida tan amenazada como la mía.
(Había un
precipicio en nuestra casa.
Por eso hemos partido y nos hemos
establecido aquí).
Gozo
¡Con
cuánta ternura ríe la tierra cuando la nieve se despierta encima de
ella! Día tras día, yacente besada, llora y ríe.
El fuego que la evitaba se casa con ella apenas desaparece la nieve.
Versión de Jorge Riechmann
Hambre roja
Estabas loca.
¡Qué lejos queda!
Moriste, con un dedo
delante de los labios,
En noble movimiento,
Para atajar la
efusión;
En el sol frío de un reparto verde.
Estabas tan hermosa que nadie se dio cuenta de tu muerte.
Más
tarde, era de noche, te pusiste en camino conmigo.
Desnudez sin desconfianza.
Pechos podridos por tu corazón.
A sus
anchas en este mundo circunstancial,
Un hombre,
que te hab+ia estrechado entre sus brazos,
Se sentó a la mesa.
Estate
bien, no existes.
Versión de Jorge Riechmann
Juego mudo
Con los dientes
Apresé a la vida
Sobre el cuchillo de mi juventud.
Con los labios hoy,
Con mis labios solamente...
Corta advenediza,
La flor de los taludes,
El dardo de Orión
Ha vuelto a aparecer.
La compañera del cestero
Yo te amaba.
Amaba tu rostro de manantial abarrancado por la tormenta y la cifra
de tu dominio que cercaba mi beso.
Hay quien se confía a una imaginación redonda. A mí me basta ir.
He traído de la desesperación un cestillo tan pequeño, amor mío,
que ha sido posible trenzarlo con mimbre.
La eternidad en Lourmarin
A Jean-Paul Samson
No subsiste línea recta ni carretera
iluminada hacia un ser que nos ha dejado.
¿Dónde se aturde nuestro afecto? Un anillo de árbol tras otro, si se
acerca es para hundirse al punto. Su rostro a veces viene a apretarse
contra el nuestro, sin producir otra cosa que un relámpago helado. El
día que alargaba la dicha entre él y nosotros
no se halla en ningún sitio.
Todas las partes -casi excesivas- de una
presencia se han dislocado de golpe. Rutina de nuestra vigilancia... Sin
embargo
ese ser suprimido persiste en algo rígido, desierto, esencial que en
nosotros hay, donde nuestros milenios juntos alcanzan exactamente el
espesor de un párpado cerrado.
Hemos cesado de hablar con el que amamos, y
sin embargo no reina el silencio. ¿Qué es de él, entonces? Sabemos, o
creemos saber. Pero solamente cuando el pasado que significa se abre
para darle paso. Aquí le tenemos a nuestra altura, más lejos,
por delante.
En el momento, de nuevo contenido, en que interrogamos a todo el peso
del enigma, súbitamente comienza el dolor,
el de compañero a compañero, que esta vez el arquero no traspasa.
Versión de Jorge Riechmann
La libertad
Vino por esta línea blanca que puede significar la salida del alba
o la palmatoria del crepúsculo.
Pasó los arenales maquinales; pasó las cimas destripadas.
Fin de la renunciación de rostro cobarde, la santidad de la mentira,
el alcohol del verdugo.
Su verbo no fue un ciego ariete sino la tela donde se inscribió mi
aliento.
Detrás de la ausencia, con pasos que no la extraviaron, cisne sobre la
herida, vino por esta línea blanca.
Versión de Jorge Riechmann
La lujuria
El águila ve como se borran gradualmente las huellas de la memoria
helada
La extensión de la soledad hace apenas visible la presa que
huye
A través de cada una de las regiones
Donde uno mata donde a
uno lo matan libremente
Presa insensible
Proyectada indistintamente
Más acá del deseo y más allá de la
muerte
El soñador embalsamado en su camisa de fuerza
Rodeado de
utensilios efímeros
Figuras que se desvanecen apenas formadas
Su
revolución celebra la apoteosis de la vida que declina
La
desaparición progresiva de las partes lamidas
La caída de los
torrentes en la opacidad de las tumbas
Los sudores y malestares que
anuncian el fuego central
Y finalmente el universo con todo su pecho
atlético
Necrópolis fluvial
Después del diluvio de los rabdomantes
Ese fanático de las nubes
Tiene el poder sobrenatural
De
desplazar a considerables distancias
Los paisajes habituales
De
romper la armonía acumulada
De tomar irreconocibles los lugares
fúnebres
Al día siguiente de los homicidios provechosos
Sin que la
conciencia originaria
Se cubra con el deslizamiento purificador del
suelo.
De "Le Marteau Sans Maître"
Versión de Aldo Pellegrini
La rosa de roble
Cada una de las letras que componen tu nombre,
oh Belleza, en el cuadro de honor de los suplicios,
desposa la
llana simplicidad del sol, se inscribe
en la frase gigante que cierra el cielo, y se asocia
al hombre
encarnizado en engañar a su destino
con su contrario indomable: la esperanza.Las murallas y el río
No querría marcharme precediéndote, semejante a una hierba
segada, a llamarte contra Thouzon desierto y su corazón
no destruido.
Versión de Jorge Riechmann
Lied de la higuera
Heló tanto
que las ramas lechosas
Importunaron a la sierra, se rompieron en las
manos.
la primavera no vio verdecer a las graciosas.
La higuera
pidió al amo del yacente
El arbusto de una fe nueva.
Pero la
oropéndula, su profeta
-Su retorno calentaba al alba-,
Al posarse
sobre aquel desastre
En vez de morir de hambre lo hizo de amor.
Versión de Jorge Riechmann
Los parajes de Alsacia
¡Te he enseñado La Petite Pierre, la dote de su bosque, el cielo
que nace en
las ramas,
La amplitud de sus pájaros cazadores de otros pájaros,
El polen dos veces vivo bajo la llamarada de las flores,
Una torre
que se iza a lo lejos como la vela del corsario,
El lago que ha
vuelto a ser la cuna del molino, el sueño de un
niño.
¡Allí donde me oprimió mi cinturón de nieve,
Bajo el saledizo de
una roca moteada de cuervos,
He dejado la necesidad de invierno.
Nos amamos hoy sin más allá y sin prole,
Ardientes o difuminados,
diferentes pero juntos,
Apartándonos de las estrellas cuya naturaleza
estriba en
volar sin
llegar a destino.
El navío se encamina hacia la alta mar vegetal.
Con todas las
luces apagadas nos acoge a bordo.
Estábamos levantados desde antes
del alba en su memoria.
Albergó nuestras infancias, lastró nuestra
edad de oro,
El llamado, el hospedero itinerante, mientras sigamos
creyendo en su verdad.
Versión de Jorge Riechmann
Los soles canoros
La desapariciones inexplicables
Los accidentes imprevisibles
Los infortunios quizá excesivos
Las catástrofes de todo orden
Los cataclismos que ahogan y carbonizan
El suicidio considerado
crimen
Los degenerados intratables
Los que se enrollan en la cabeza un
delantal de herrero
Los ingenuos de primera magnitud
Los que
colocan el féretro de su madre en el fondo de un pozo
Los cerebros
incultos
Los sesos de cuero
Los que ivernan en el hospital y conservan la embriaguez
de las ropas desgarradas
La malva de las prisiones
La ortiga de las prisiones
La
higuera nodriza de ruinas
Los silenciosos incurables
Los que canalizan la espuma del mundo
subterráneo
Los enamorados en éxtasis
Los poetas excavadores
Los que
asesinan a los huérfanos tocando el clarín
Los magos de la espiga
Imperan temperatura benigna alrededor de
los
sudorosos embalsamados del trabajo.
De
"L’Action de la justice est éteinte"
Versión de Aldo Pellegrini
Ni eterno ni temporal
¡El trigo
verde en una tierra que todavía no ha sudado, que no ha
hecho más que
tiritar! A distancia feliz de los soles precipitados
de los fines de
la vida. Rasante bajo la larga noche. Saciado de agua
encima de su luminoso color. Como guardia y viático dos puñales
de cabecera: la alondra, el pájaro que se posa, el cuervo, el espíritu
que se graba.
Versión de Jorge Riechmann
Permanente invisible de cazas codiciadas...
Permanente invisible de cazas codiciadas,
Cercano, cercano invisible
tan cercano a mis dedos,
Oh presa mía distante la noche en que me
inclino
Para un novel cuerpo a cuerpo.
Beber friolentamente, ser
brutal restablece.
Sobre este jardín doble se redondea tu tapa.
Tienes la densidad de la rosa que se hará.
Versión de Jorge Riechmann
Redoble
Sobre la mediana de la tarde, el bamboleo intermitente, el
malecón
iluminado de una dársena, y su rechazo del sueño.
El rostro de la muerte y las palabras del amor: el tálamo
de una
playa interminable con olas que lanzan a ella guijarros
-interminablemente. Y la lluvia atemorizada haciendo puente,
para no
apaciguar.
Versión de Jorge Riechmann
Remanencia
¿Qué te hace sufrir? Como si se despertara en la casa sin ruido
el
ascendiente de un rostro al que parecía haber fijado un agri0 espejo.
Como si, bajadas la alta lámpara y su resplandor
encima de un plato ciego, levantaras hacia tu garganta oprimida la mesa
antigua con sus frutos. Como si revivieras tus fugas
entre la bruma matinal al encuentro de la rebelión tan querida, que supo
socorrerte y alzarte mejor que cualquier ternura.
Como si condenases, mientras tu amor está dormido, el pórtico soberano y
el camino que lleva a él.
¿Qué te hace sufrir?
Lo irreal intacto
en lo real devastado. Sus rodeos aventurados cercados de llamadas y de
sangre.
Lo que fue elegido y no fue tocado, la orilla del salto hasta la ribera
alcanzada, el presente irreflexivo que desaparece.
Una estrella que se ha acercado, la muy loca, y va a morir antes que yo.
Versión de Jorge Riechmann
Septentrión
He paseado a orillas de la Folie.
A las preguntas de mi corazón,
Si no las planteaba,
Mi compañera cedía
-Así de imaginativa es la ausencia.
Y sus ojos decrecientes como el Nilo violeta
Parecían contar interminablemente sus ganancias que se extendían
Bajo las piedras frescas.
La Folie se tocaba con largas cañas cortantes.
En alguna parte aquel riachuelo vivía su doble vida.
El oro cruel de su nombre, súbitamente invasor,
Acudía a presentar batalla a la fortuna adversa.Versión de
Jorge Riechmann
Textos en colaboración con André Breton y Paul Éluard
Página blanca
El mármol
de los palacios es hoy más duro que el sol
Primera proposición
La segunda es algo menos estúpida
El ayuno de los vampiros tendrá como consecuencia la sed que
alienta la sangre de ser
bebida
La sed que tiene la sangre de desposar la forma de los arroyos
La sed que tiene la sangre de brotar en los lugares desiertos
La sed que tiene la sangre del agua fresca del cuchillo
El cuerpo y el alma se reúnen en un abrazo
Tercera proposición ésta de carácter deshonesto
Porque el cuerpo y el alma se comprometen juntos
Porque se sirven de excusa el uno al otro
Ralentur traveaux
* * * * *
Bajo palabra
Hay
llamas
Más vistosas que las manos que hacen rodar las pesadillas
Sobre la memoria
Se llega al sol por encantamiento
El amor tiene un acentuado sabor a vidrio
Es el coral que surge del mar
Es el perfume desaparecido que vuelve al bosque
Es la transparencia que paga su deuda
Es siempre esa cabeza
De labios deliciosamente entreabiertos
De este lado del muro
Y del otro lado quizás en la punta de una pica
Ralentir traveaux
Versión de Aldo Pellegrini
Último escalón
Almohada roja, almohada negra,
Sueño, con un seno de costado,
Entre la estrella y el cuadrado
¡Cuántas banderas en ruinas!
Cortar, acabar de una vez con vosotros,
Como el mosto se halla en
la cuba
Esperando labios dorados.
Cubo del aire fundamental
Que endurece el agua de las marismas
blancas,
Sin sufrir, sin sufrimiento al fin,
Admitido en el verbo
friolento
Diré: "sube" al círculo cálido.
Versión de Jorge Riechmann
Yvonne
La sed hospitalaria
Quién la oyó nunca quejarse?
Nadie más que ella hubiera podido beber las cuarenta fatigas
sin morir,
Esperar, muy adelantada, a quienes venían después;
Desde el alba hasta el crepúsculo era su esfuerzo viril.
Quien ha excavado el pozo y sube el agua yacente
arriesga el
corazón en la separación de sus manos.
Versión de Jorge Riechmann