"...Para las almas los cuerpos valen oro.
Pero es un oro carnal, de ruido tibio..."

"Sin título"
José Gurvich
Reseña biografica
Poeta,
narrador y ensayista uruguayo nacido en Montevideo en 1958.
Es uno de los escritores más destacados de su país en las últimas
décadas. Inició la carrera literaria durante
la dictadura militar de 1973. Fue profesor invitado en Florida State
University, Birmingham University y Universidad
de Uruguay. Ha formado parte y dirigido varias Antologias de poesia y ha
actuado como jurado en numerosos concursos.
Es además de conferencista y periodista cultural, un brillante
representante de la literatura latinoamericana.
Viajero incesante, ha recorrido lugares tan diversos como la selva
amazónica y el desierto del Néguev. En los últimos años
ha sido galardonado con premios destacados como el Premio de la
Fundación Loewe, el Premio de poesia del Ministerio
de Cultura Uruguayo, el
Premio Fraternidad de Jerusalén, el Premio Morosoli
auspiciado por la Cátedra Unesco,
el Premio Internacional de poesia Jaime Sabines, el Premio
Plural de poesia de México y el
Premio Blas de Otero en España.
Parte de su obra está contenida en los siguientes volúmenes:
"Contrabando de auroras" 1977,
"Tiro de gracia" 1981,
"Tarea" 1982, "Orden de cosas" 1986,
"Trovar clus" 1987, "Cambio de estado" 1990,
"Textura"
1994, "Estado sólido" 1996,
"Umbría" 1999, "Fronteras de Umbría" y "Música para
sordos" en 2002, "Jaula abierta" y "Todo es poco"
en 2004. ©
El amor de los
locos
Estado
sólido
Las
piedras de amar
Los que
no están
Mujeres
Q
habla del Edén
Una
mujer ha muerto
Voces
Voces 2*
Voces 3*
Voces 4*
Y el fondo
El amor de los locos
Un loco es alguien que está desnudo de la mente. Se ha despojado de sus
ropas invisibles, de esas que hacen que la realidad se vele y se desvíe.
Los locos tienen esa impudicia que deviene fragilidad y, en ocasiones,
belleza.
Andan solos, como cualquier desnudo, y con frecuencia también hablan
solos («Quien habla solo espera hablar con Dios un día»).
Más difícil que abrigar un cuerpo desnudo es abrigar un
pensamiento. Los locos
tienen pensamientos que tiritan, pensamientos óseos, duros como la
piedra
en torno a la que dan vueltas, como si se mantuvieran atados a ella por
una
cadena de hierro de ideas.
El cerebro de un pájaro no pesa más que algunos gramos,
y la parte que modula
el canto es de un tamaño mucho menor que una cabeza de alfiler, un
infinitésimo
trocillo de tejido, de materia biológica que, con cierto aburrimiento,
los sabios
escrutan al microscopio para descifrar de qué manera, en tan
exiguo retazo,
está escrita la partitura.
Pero desde mucho antes, y sin necesidad de microscopio
ni de tinciones,
el loco sabe que el canto del pájaro es inmenso y pesado, plomo puro que
taladra
huesos, que se mete en el sueño, que desfonda cualquier techo y no hay
cemento ni
viga que pueda sostener su hartura, su tamaño posible. Por eso algunos
locos
despiertan antes de que amanezca y se tapan los oídos con su propia voz,
con voces
que sudan de adentro, de la cabeza.
Los pensamientos del loco son carne viva, carne sin
piel. En el desierto del
pensamiento del loco el pájaro es un sol implacable. El canto cae como
una luz y un
calor que le picara al loco en la carne misma de la desnudez.
Pero la desnudez del loco es íntima: de tanto exhibirla
queda dentro. Es condición
interior, pasa desapercibida a las legiones de cuerdos cuya ánima está
cubierta por
completo de tela basta, gruesa, trenzada por hilos de la costumbre.
El único instrumento posible para el loco, para
defender su desnudez, es el amor.
El amor de los locos es una vestimenta transparente. Esos ojos
vidriosos, ese hilo
ambarino que orinan por las noches, ese fragor y ese sentimiento copioso
y múltiple
que no alteran las benzodiazepinas, que no disminuye el Valium,
permanecen intactos
en el loco por arte del amor.
Es un martillo, y una cuchara, y un punzón. Es todo
menos un vestido, no cubre
sino que atraviesa, no mitiga sino que exalta. El amor de los locos
tiene una textura,
un porte y una sustancia.
La sustancia se parece al vidrio, pero es el vidrio de
una botella rota.De
"Estado sólido" 1996
Premio de la Fundación Loewe
Estado
sólido
La soledad, esa piedra masculina que reposa en una habitación sin horas
como un planeta hermoso y advertido.
Una fruta de hierro.De
"Estado sólido" 1996
Premio de la Fundación Loewe
Las piedras de amar
Los hijos de los Grises
le arrebatan el gozo a las mujeres,
justo en el último momento, justo cuando están por acabar. Los hijos de
los Grises,
en el último instante, se llevan esa gema invisible del sexo de las
mujeres
y hacen un collar de maravilla.
En las noches cálidas, el
collar hecho con los guijarros del gozo humedecido,
palpita en la penumbra inmóvil, sin que nadie se adueñe del temblor. Los
Grises
ponen esos collares en las vitrinas de los museos, y quedan tontamente
alegres
por haberles quitado el gozo a las mujeres.
Las perlas, algunas
oscuras y otras claras, producen un latido inmóvil y concéntrico,
un espasmo translúcido que se pierde en el espacio silencioso. Pero las
mujeres de los hijos
de los Grises van, cada vez que pueden, a la aldea vecina, donde los
hombres saben
desprenderles del vientre esos cantos rodados, esas perlas opalinas y
latientes,
y las dejan flotando en la entrepierna, húmedas y tibias todo el tiempo,
durante la eternidad que dura el acto.De
"Umbría" 1999
Los que no están
Para las almas los
cuerpos valen oro. Pero es un oro carnal,
de ruido tibio, un oro en trazos y fibras, oscuro, más oscuro que la
muerte
que lleva y devuelve las almas a su origen, la muerte como un mar que
las devora.
Los cuerpos flotan.
Sin la muerte, un cuerpo
es más grave que su sombra. La muerte los levanta,
los madura, hace de los cuerpos un sueño irrepetible en el que el deseo
encuentra
materias claras para hacer la casa.
La casa se levanta y se
derrumba, pero los trozos esparcidos son duras gotas
del agua del deseo, humedecen la vida que les falta.De
"Umbría" 1999
Mujeres
Algunas mujeres se
consuelan con dedos que arrancan de las estatuas.
Un lago tibio les crece
entre las piernas y en el fondo del lago
colean pececillos y se escurre en lo profundo su rojez partida en dos.
El pulpo, como una estrella blanda sumergida, recibe al anular y provoca
una estampida de puntas de peces y arenas del temblor que desmoronan.
Las mujeres acaban
exhaustas y en los lúbricos dedos de mármol,
brillantes de humedad del lago, se entibian y boquean, hasta morir,
algunos pececillos adheridos.De
"Umbría" 1999
Q habla del Edén
«Un pez de hule envuelve
la comida diaria. Las escamas de nylon
se deshacen pero no logran pudrirse en la boca del desierto:
bolsas, jirones y retazos de plástico, trozos de cármica y latas como
joyas oxidadas.
Cada cosa es un tesoro y tiende a la aridez. Las raíces de los vegetales
esperan
entre vidrios y coronas de caucho, los óxidos de plomo y el agua del
cadmio
entre los dientes de un cero gordo, el mar envenenado de sulfito
en la gran concha del mar, en la raja del mar, en el coño del mar, en la
vira del
mar con aguavivas.
Un temblor de hilo en las
vocales: n-a-d-a.
Estos son los huesos de
Dios. Las ramas despojadas por el viento enfurecido,
los ojos cubiertos por los labios de los ojos, la Mosca Reina con su
séquito
en el sexo.
Chatarra, chatarra y más
chatarra. Junk.
La savia retrocede en las
palabras cuando voy a hablar del árbol.
Un sarcoma voraz seca la rama. El aire me respira y se envenena.
Lo que amo se vuelve
arena.»De
"Umbría" 1999
Una mujer ha muerto
Antes de dormir, Z
macera raíces y pasa los jugos
sobre los ojos de las piedras. Las estatuas brillan serenas,
con una humedad oscura y un derroche de luz y lava sólida.
Así apacigua la noche su custodia.
* * *
Una carta llega a destino
antes de ser escrita.
* * *
Una mujer ha muerto en
algún sitio. Q sale a cielo descubierto,
apoya el oído en tierra y escucha cómo las orugas
despedazan un castillo subterráneo.De
"Umbría" 1999
Voces
Un idioma de polvo se
escucha en las calles.
Q transporta una
vasija y las gentes se apartan.
Lleva una carraca para anunciar su paso y un niño se adelanta
moviendo los brazos, anunciando el peligro.
Alguien, desde una azotea, tira una piedra. La vasija se rompe
y deja ver el interior. Hay fuego maduro que comienza a derramarse.
Q corre despavorido y tira la carraca, que enmudece al caer. Umbría se
aparta y,
en el centro de la columna de fuego, crece un hueco.
Una niña llega corriendo
desde lejos, se acerca a mirar y se apaga en la ceniza.
Nadie alcanzó a advertir el peligro, nadie gritó a tiempo.
Comienza a lloviznar. Las
bocas están llenas de polvo.De
"Umbría" 1999
Voces 2*
Un hijo de palabras,
hecho de coágulos, hecho de fragmentos
de cosas que dije o que no dije. Es un minuto y una boca de vidrio
picado,
es una sombra y a su costado crece el río de otra sombra que lo sigue
y que dice y que no dice.De
"Umbría" 1999
*La numeración es nuestra
Voces 3*
Una mano de tierra
edifica ciudades y relámpagos oscuros.
En el cuerpo de un árbol, un nervio de humedad siente la brisa.De
"Umbría" 1999
*La numeración es nuestra
Voces 4*
Un hijo hecho de coágulos
entre la maravilla de la música,
en los oboes, en las guitarras, en la palabra «piano» con sus dientes
flojos,
y una luna de trapos enjuga los sonidos. Es la canción de la infección
con sus arpas tisulares, el agua del contagio llevada por la brisa.
Música
de piedras y jugo de metales, agüitas virulentas acompañan la canción
del mudo.De
"Umbría" 1999
*La numeración es nuestra
Y el fondo
Cuando la forma comienza a declinar aparece el fondo.
Se adelgazan las paredes,
se afina la membrana, la noche extensa, sencilla o intrincada de la
forma. El fondo
se opaca entonces, comparece.
Hay un instante de atraso, de desfasaje entre la forma
y el fondo y es allí donde
se ve su orilla, su materia dispersa, su líquido sin continente.
Espesura, densidad
opaca.
Un punto. El punto concentra el fondo, el fondo
despojado.
La intemperie como una precipitación en el seno de un
líquido, como un cuerpo
extraño. Pero el fondo siempre estuvo en la forma, la pulpa en la fruta,
el agua en el
vaso, la carne con sus linfas en el cuerpo. El cuerpo dentro del mundo.
El mundo
dentro del cuerpo.
Pues abandonada la forma queda una circularidad, una
huella.
Cuando fa forma comienza a declinar, aparece el
fondo.De
"Estado sólido" 1996
Premio de la Fundación Loewe