"...Amo tus mil
imágenes en vuelo
como un bando de pájaros salvajes..."

"Gabrielle in
Red Chamise"
Pierre-Auguste Renoir
Reseña biografica
Poeta y ensayista cubano
nacido en La Habana en 1920.
Después de terminar sus estudios básicos en
Ciencias y Letras, se graduó en Pedagogía en la Universidad de La
Habana
en el año de 1940.
Fue miembro fundador del
Grupo Orígenes, en cuya revista dio a conocer su poesia y
algunos cuentos y textos en prosa.
Enseñó literatura inglesa y norteamericana en Casa de las Américas y ocupó
el cargo de responsable del Departamento de
Literatura y Narraciones Infantiles de la Biblioteca Nacional José Martí
hasta 1970.
Realizó traducciones y versiones de las más importantes
figuras de la literatura infantil en el mundo y fue redactor de la
Revista Unión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
En 1986
obtuvo el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra;
en 1988 y 1989, el Premio de la Crítica
y en 1993 el Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y
del Caribe Juan Rulfo.
Obra poética: «En la Calzada de Jesús del
Monte» 1949, «Por los extraños pueblos» 1958, «El oscuro esplendor» 1966,
«Libro de las maravillas de Boloña» 1967, «Versiones» 1970, «Los días de tu
vida» 1977, «A través de mi espejo» 1981,
«Inventario de asombros» 1982, «Veintiséis poemas recientes» 1986, «Soñar
despierto» 1988, «Cuatro de Oros» 1990,
«En otro reino frágil» 1999, «Aquí he vivido» 2000 y «Poemas al margen» en
el año 2000.
Falleció en 1994. ©
Asombro
Calma
Canción para todas las que eres
Comienza un lunes
Cuaderno de bella
El general a veces nos decía...
En lo alto
Juegos
La baraja
La niña en el bosque
No es más
Nostalgia de por la tarde
Testamento
Venid amigos, a la fiesta mía...
Voy a nombrar las cosas...
Asombro
Me asombran las hormigas que al ir vienen
tan seguras de sí que me
dan miedo
porque están donde van sin más preguntas
y aunque asomos de vida
son perfectas
si minúsculas máquinas que saben
el dónde y el adónde que les
toca
y a la muerte la ignoran como a nada
si no fuese tan útil
instrumento
con que hacer de lo inerme nueva vida.
Pero aunque agrande
su minucia viva
el azoro redondo en que las miro
y me apena que no se sepan
nunca
tal como son en su afanarse oscuro
ya tan inmemorial como la
Tierra
más me asombra mi pena y me convence
de que saberse el ser
bien que la vale
aun cuando el precio sea tan alto como
el enorme silencio de
allá afuera.
Calma
Este silencio,
blanco, ilimitado,
este silencio
del mar
tranquilo, inmóvil,
que de pronto
rompen los leves caracoles
por un impulso de la
brisa,
Se extiende acaso
de la tarde a la noche, se remansa
tal vez
por la arenilla
de fuego,
la infinita
playa desierta,
de manera
que no acaba,
quizás,
este silencio,
nunca?
Canción para todas las que eres
No solo el hoy fragante de tus ojos amo
sino a la niña
oculta que allá dentro
mira la vastedad del mundo con redondo azoro,
y amo a la extraña
gris que me recuerda
en un rincón del tiempo que el invierno ampara.
La multitud de
ti, la fuga de tus horas,
amo tus mil imágenes en vuelo
como un bando de pájaros salvajes.
No solo tu domingo breve de delicias
sino también un viernes
trágico, quien sabe,
y un sábado de triunfos y de glorias
que no veré yo nunca, pero
alabo.
Niña y muchacha y joven ya mujer, tú todas,
colman mi corazón, y
en paz las amo.
Comienza un lunes
La eternidad por fin comienza un lunes
y el día siguiente
apenas tiene nombre
y el otro es el oscuro, al abolido.
Y en él se apagan todos
los murmullos
y aquel rostro qua amábamos se esfuma
y en vano es ya la espera,
nadie viene.
La eternidad ignora las costumbres,
le da lo mismo rojo que
azul tierno,
se inclina al gris, al humo, a la ceniza.
Nombre y fecha tú
grabas en un mármol,
los roza displicente con el hombro,
ni un montoncillo de
amargura deja.
Y sin embargo, ves, me aferro al lunes
y al día siguiente
doy el nombre tuyo
y con la punta del cigarro escribo
en plena oscuridad: aquí he
vivido.
Cuadernillo de bella
1
Cómo llevar a las palabras
la sensación, el roce de tu mano
por vez primera entre la mía.
Su forma frágil, delicada,
su ser, su estar en mí, su suave
entrega.
"Esta es la mano, en fin, de tu muchacha",
me dices no sé cómo,
mientras siento
"esta es la mano de la niña mía".
Mayor delicia habrá,
si
tiempo y suerte quieren.
Ninguna habrá tan absoluta y pura.
2
Reverente imagino tus muñecas
en tus brazos menudos
acunadas.
Cómo se llaman, digo. Y me respondes
en una voz que la
distancia vela
desde el hondo del patio. Deja. Mira,
tú estás
feliz, eres feliz, qué importa.
Tú estás hecha de infancias, niña mía.
tú eres toda de niños.
Vida solo.
3
Ya te miro venir, ligera y leve,
volando las escalas del
teatro,
la boina al sesgo de tu pelo lacio,
radiante y feliz,
hecha de aromas.
Das a mi amigo un libro, me sonríes,
después te
vuelves y tu esbelta espalda
escaleras abajo es una música
y es
una puertecilla hacia la dicha.
4
Quién sabe cómo fue ni cuándo y dónde
me dijiste que sí,
que me entregabas
el huerto de ti misma, paraíso
de magias y
delicias y qué glorias.
Y yo ciego de mí te acepto a ciegas
del
esplendor terrible de tu llama
tan frágil y menuda entre mis brazos.
Pues tú eres tú y eras la vida y todo
cuanto va desde el júbilo a lo trágico,
desde el alba a las
fiestas de la tarde.
5
Y tus muñecas fueron al fin hijos,
oh música del mundo,
oh maravilla,
mi cajita de asombros, mi señora!
Y el dueño de tu
huerto florecido,
el taciturno, te volvió la espalda,
te dejó a solas con tus juegos mágicos,
los únicos que importan,
y lloraste.
¿Cómo pude yo hacer que sollozaras?
¡La boina al sesgo
del cabello pulcro,
tú, la del rostro terso, radiante,
quién pudo
imaginarte entonces lágrimas!
Y sin embargo fuimos los dos uno,
no
se puede ser más, y tú has llorado.
6
Todo es al fin no más un cuento mágico.
Quién sabe cómo,
todo cuento acaba.
Yo di su vida a los muñecos tuyos
como un brujo
hechizado. Me embrujaste
con solo ser tan niña a vida pura.
Como a
través de un vidrio estoy mirándote.
Turbio vidrio mi asombro de
saberte
tal cual eres, mi niña desdichada.
Me hechizaste, y en
cambio te hice daño.
Mas yo sólo te amé porque tú eras.
El general a veces nos decía...
El General a veces nos decía
extendiendo sus manos
transparentes:
«así fue que lo vimos aquel día
en la tranquila lluvia
indiferente
sobre el negro caballo memorable».
Suavizaba la sombra del
alero
su camisa de nieve irreprochable
y el arco duro del perfil
severo.
Y mientras en el patio de azul fino
cercana renacía la
tristeza
del platanal con sus nocturnos roces,
más allá de las palmas
y el camino,
limpiamente ceñida su pobreza,
pasaban en silencio nuestros
dioses.
En
lo alto
Un
pájaro en lo alto,
en lo más fino
del árbol alto,
un tomeguín
nervioso, breve, tan liviano
como un soplo de luz,
está cantando
su propia levedad,
la
maravilla
de su increíble ser
su pura
vida
minúscula, perfecta, iluminada.
Juegos
-¡Ahora nosotros somos buenos
y ustedes malos!
Y los niños,
desde la cima blanca
de la mañana,
todos,
buenos y malos,
se hunden en el fuego
purísimo
-ya espléndidos
-gritando.
La baraja
Salta el rey, y los bastos cerrados
lo acometen brutales. Los oros
van huyendo en la vasta llanura.
Y ha caído la sota funesta
junto al buen caballero. La parda
extensión se ilumina, destella
con el rojo de infancia, y el verde
memorable y veraz, y los
hondos,
los soñados azules de infierno.
La batalla creciente deslumbra
en espadas, penachos, banderas
crepitantes o justas. Y vuelven,
y regresan los bastos, las copas
taciturnas, los oros veloces,
y derriban al rey. Han caído
con el rey el silencio y el polvo
en la mansa extensión de madera.
La niña en el bosque
Caperuza del alma, está en lo oscuro
el lobo, donde nunca
sospecharías,
y te mira
desde su roca de miseria,
su soledad, su enorme hambre.
Tú le preguntas: ¿por qué tienes
esos ojos redondos?
Y él responde,
ciego, para mirarte
mejor, llorando.
Y en seguida
tú vuelves: las orejas,
¿por qué tan grandes?
Y él,
para escucharte, oh música
del mundo, sólo
para escucharte.
Y luego
lo demás es la sombra -indescifrable.
No es más
por selva oscura...
Un poema no es más
que una
conversación en la penumbra
del horno viejo, cuando ya
todos se han ido, y cruje
afuera
el hondo bosque; un poema
no es más que unas palabras
que uno ha querido, y cambian
de
sitio con el tiempo, y ya
no son más que una mancha,
una esperanza indecible;
un
poema no es más
que la felicidad, que una conversación
en la penumbra, que todo
cuanto se ha ido, y ya
es silencio.
Nostalgia de por la tarde
El que tenía costumbre de poner las manos
sobre la mesa blanca junto
al pan y el agua,
traje rugoso de fervor y alpaca,
y aquella su
esperanza filial en los domingos,
ya no conmueve nunca el suave pensamiento de la fronda
con el
doblado consejo de su paso.
Y el taciturno banco entre los álamos
dormido
y aquel campito hirsuto a quien las lluvias respetaban.
Qué tedio los sepulta como la muerte a los ojos
que no los cruza
nunca la bendición de unas palomas,
que tengo que soñarlos, mi amiga,
tan despacio
como quien sueña un grave color que nunca viera,
como
quien sueña un sueño y eso es todo.
Porque quién vio jamás
pasar al viejecillo
de cándido sombrero
bajo el puente
ni al orador sagrado en la colina.
Yo vi al lagarto de liviana sombra
distraerse de pronto entre su
sangre,
quedar inmóvil, sí, tumbado,
pesando e incapaz de
confundirse ya nunca con la tierra.
(El que tenía costumbre de cruzar las manos
sobre la mesa blanca
para mejor mirarnos,
su mueca de morir cuándo la he visto,
su
mueca parda.)
He visto al pez de indestructible púrpura,
en la mañana arde como
criatura perpetua de la llama,
olvida los trabajos mugrientos de su
sangre,
yace perfecto y la madera sagrada lo levanta.
Pero quién vio jamás
el ruedo misterioso de tu falda
mientras
cortas las rosas en la tarde
ni el roce y la tristeza de la lluvia
como un ajeno llanto por mi cara.
Porque quién vio jamás las cosas que yo amo.
Testamento
Habiendo llegado al tiempo en que
la penumbra ya no me consuela más
y me apocan los presagios pequeños;
habiendo llegado a este
tiempo;
y como las heces del café
abren de pronto ahora para mí
sus redondas bocas amargas;
habiendo llegado a este tiempo;
y perdida ya toda
esperanza de
algún merecido ascenso, de
ver el manar sereno de la sombra;
y no poseyendo más que este tiempo;
no poseyendo más, en
fin,
que mi memoria de las noches y
su vibrante delicadeza enorme;
no poseyendo más
entre cielo y tierra que
mi memoria,
que este tiempo;
decido hacer mi testamento.
Es este:
les dejo
el
tiempo, todo el tiempo.
Venid, amigos, a la fiesta mía...
Venid, amigos, a la fiesta mía,
a donde el campo grava el sol de
rojo,
campo mi sangre en que mi vida acojo,
árbol mi sangre en que
se encarna el día.
Pues mi casa renace en alegría
y el diario pan su eterno sol
ofrece,
criaturas de mi sueño que os merece,
venid, amigos, a la
fiesta mía.
Veréis que entera os doy la antigua tarde,
el camino y el árbol,
la palabra
querida que dijimos ya muy tarde.
Pues cuando el pecho mi vigilia abra,
vendréis donde mi pan,
donde mi vino arde,
al abrigado amor de mi palabra.
Poema escrito a la edad de 17 años
Voy a nombrar las cosas...
Voy a nombrar las cosas, los sonoros
altos que ven el festejar del
viento,
los portales profundos, las mamparas
cerradas a la sombra
y al silencio.
Y el interior sagrado, la penumbra
que surcan los oficios
polvorientos,
la madera del hombre, la nocturna
madera de mi
cuerpo cuando duermo.
Y la pobreza del lugar, y el polvo
en que testaron las huellas de
mi padre,
sitios de piedra decidida y limpia,
despojados de sombra, siempre iguales.
Sin olvidar la
compasión del fuego
en la intemperie del solar distante
ni el
sacramento gozoso de la lluvia
en el humilde cáliz de mi parque.
Ni el estupendo muro, mediodía,
terso y añil e interminable.
Con la mirada inmóvil del verano
mi cariño sabrá de las veredas
por donde huyen los ávidos domingos
y regresan, ya lunes, cabizbajos.
Y nombraré las cosas, tan despacio
que cuando pierda el Paraíso
de mi calle
y mis olvidos me la vuelvan sueño,
pueda llamarla de
pronto con el alba.