"¡Nada es tan mío
como lo es el mar cuando lo miro!"

"Study for the
Bather"
Pierre-Auguste
Renoir
Reseña biografica
Poeta mexicano nacido
en Cocula, Jalisco, en 1900.
Además de su labor como médico,
Nandino apoyó a muchos jóvenes poetas desde las revistas que fundó y
dirigió.
Editó la colección de cuadernos «México Nuevo»,
dirigió «Estaciones» y de 1960 a 1964 fue director de «Cuadernos
de Bellas Artes».
En 1979 recibió el Premio Nacional de Literatura y
el Premio de poesia de Aguascalientes.
Cada uno de sus poemas
contiene un fragmento de tiempo. Poeta soñador, que une la vida y la
muerte, el amor y el odio,
con un puente indestructible de palabras, sueños y realidades.
«Naufragio de la duda» en 1950, «Triángulo de silencios» en 1953,
«Nocturna summa» en 1955, «Eternidad del polvo»
en 1970, y «Nocturna palabra» en 1976, constituyen una muestra
significativa de su obra como poeta.
Murió en Guadalajara, México, en
1993. ©
Amor sin muerte
Atmósfera de ausencia
Aventura
Búsqueda espacial
Casi a la orilla
Con mi soledad a solas
Crimen
Debo llegar...
Décimas al amor
Décimas al corazón
Dentro de mí
Desasosiego
En
la sombra
Erotismo de mente
Imposible
Íntima
Me duele presentir
Mi corazón
Mi
primer amor
Nocturna suma
Nocturno
Nocturno a la luna
Nocturno a tientas
Nocturno alquimia de mis
sueños
Nocturno amor
Nocturno cuerpo
Nocturno difunto
Nocturno íntimo
Nocturno llanto
Nostalgia de la tierra
Pera verde
Perfección fugaz
¿Qué es morir?
Recuerdo instantáneo
Si hubieras sido tú
Silencio en poema
Soy verdad
Tengo miedo
Usted
Vigor animal
Voz de mí
Amor sin muerte
Polvo serán, mas polvo enamorado.
Quevedo
Amo y al amar yo siento
que existo, que tengo vida
y soy mi
fuga encendida
en constante nacimiento.
Amo y en cada momento
amar, es mi muerte urgida,
por un amor
sin medida
en incesante ardimiento.
Mas cuando amar ya no intente
porque mi cuerpo apagado
vuelva
a la tierra absorbente:
todo será devorado,
pero no el amor ardiente
de mi polvo
enamorado.
Atmósfera de ausencia
Vivir la tempestad de los silencios
de tu ausencia inmortal,
palpar tu imagen cóncava, sitiando
mi enardecida espera
con el
temblor constante
de no ser y de ser al mismo tiempo.
Delgada sepultura de zozobra
que se ajusta a mi cuerpo
como
traje de pulso,
piel a piel confundida;
que camina conmigo a todas
partes
sin estorbar mis pasos,
y forma con su tacto de vacío
el
idioma del roce
que con mi muda soledad conversa.
Transparencia desnuda
de tu semblante en viento derramado,
que
con muros de aroma
encarcela mi cuerpo
y me obliga a vivir, hombro
con hombro,
del molde palpitante
de tu ternura muerta,
que de
cerca me mira
con sus ojos de helada lejanía...
Latidos invisibles de tu fuga
acosando mi angustia
que,
desolada, aspira
el zumo virgen de un llegar a solas
que toma
forma, se define en brisa,
me toca, me conmueve, me abandona,
y no
deja de estar, huyendo siempre,
pero abrazado de mi pensamiento.
En el vaso febril de mi delirio
la vida exacta de tu ausencia cae
como gota de luz que no se agota
y, de tanto caer, forma una línea
que hiere mi tiniebla
y enciende la obsesión
de sentir que respiro
tu presencia.
El aire te pronuncia
con sílabas de asedio,
y estoy seguro que
a mi lado vive,
incorpórea y precisa,
la huella misteriosa de tu
forma
alumbrando la noche
del profundo universo de mi sangre.
Aventura
No sé cómo viniste hasta mis manos
a llenar las tinieblas de mi
lecho,
y a juntar tus encantos con mi pecho
realizando las horas que
gozamos.
Aventura perfecta que libamos
en un secreto, bajo el mismo
techo,
hasta llegar al goce satisfecho
y sin saber porqué nos
encontramos.
¡Vibración de contacto sin historia;
un recuerdo grabado en la
memoria
ignorando con quién fue compartido;
porque llegaste al beso de
la noche
calmaste mi pasión con tu derroche
y te fuiste dejándome
dormido.
Búsqueda espacial
I
Antes de haber
nacido, cuando apenas
en las galaxias era calofrío,
o sed en
rotación por el vacío,
o sangre sin la cárcel de las venas;
antes
de ser en túnica de arenas
un angustiado palpitar sombrío,
antes,
mucho antes que este cuerpo mío
supiera de esperanzas y de penas:
ya buscaba tu nombre, tu semblante,
el disperso latir de tu vivencia,
tu mirada en las nubes esparcida;
porque, desde el asomo delirante
de mis instintos ciegos, tu existencia
era ya por mis ansias
presentida.
II
¿Cuántas
transmutaciones has pasado?
¿cuántos siglos de luz, cuántos colores,
nebulosas, crepúsculos y flores
para llegar a ser, has transitado?
¿En qué constelaciones has brillado?
¿Después de cuántas muertes y
dolores,
de huracanes, relámpagos y albores
la forma corporal has
conquistado?
No puedo concebir mi pensamiento
esa edad atmosférica
que hicimos
en giratoria espera; mas yo siento
que milenios de
lumbres anduvimos
esperanzados en el firmamento,
hasta unir este
amor con que existimos.
Casi a la orilla
Al poeta José Emilio Pacheco
Después de lo gozado
y lo sufrido,
después de lo ganado
y
lo perdido,
siento
que existo aún
porque ya,
casi a la orilla
de mi
vida,
puedo recordar
y gozar
enloquecido:
en lo que he sido,
en lo que es ido...
Con mi soledad a solas
Amorosamente mi soledad desnuda
me cubre
como sábana de tierna
sombra tibia.
Confundidos somos el orbe
donde la palabra
impronunciada
construye el diálogo
que el pensamiento escucha.
Su compañía es el regazo
de un amor a oscuras
que, sobre mi piel
esperanzada,
inventa la resurrección de los recuerdos.
Junto a sus
ojos abro mi conciencia
y leemos los biográficos pasos
que caminan
hacia atrás de nuestra historia:
fuegos fatuos, diseños, rostros,
ecos,
en inquemante desfile momentáneo
que brota de los olvidos
insepultos.
Estoy solo,
con mi soledad a solas,
amoldado a ella
como el
vino a los muros de la copa,
y viviendo la íntima galaxia
parpadeante,
de una conversación en las tinieblas.
Crimen
¡Qué puñalada
le ha propinado el viento
a la granada!
1928
Debo llegar...
Para el poeta Carlos Montemayor
Cuento las horas: fuga indetenible,
vendado navegar en mar sin
agua:
incesante caer de vida inerte
en el hambre insaciable del
vacío,
Cuento las horas: gotas agotadas,
creciente angustia en resignado
avance
que rueda en la cascada del olvido;
rostros que emigran y
no vuelven nunca.
Ya se acerca el final. ¡Playa a la vista!
La orden de bajar vibra
en el aire.
Debo llegar... Pero llegar ¿a dónde?
y si llego sin
mí... ¿para qué llego?
Crece mi duda ante el dilema trágico
en que debo sufrir el
desenlace:
de abandonar mi cuerpo a la deriva,
o morirme con él,
eternamente.
Sin mi cuerpo no hubiera yo tenido
el infierno carnal que me dio
temple,
por eso en él me quedo, hasta que juntos,
al mismo tiempo
nos volvamos tierra.
Décimas de amor
I
Amor, amor traicionado
por mí -que tanto te quiero-
al
imponerte el sendero
en que has sido desdichado.
Amor, por mí
atormentado:
ya no puedo remediar
mi culpa y hacer llegar
lo
que tu anhelo esperaba.
Amor, mi vida se acaba,
ya no es tiempo de
empezar.
II
Amor: avidez errante,
torbellino incontenible,
esencia
de lo terrible
en incendio alucinante.
Con tu codicia incesante
en mí vives arraigado
y exiges que, enamorado
me entregue cuando
me doy.
Amor: ¿no sabes que estoy
sólo de ti enamorado?
III
Eres, amor: sed y anhelo,
hambre, delirio, locura,
azúcar de la amargura
y amargura del desvelo.
Eres infierno, eres
cielo,
la esperanza enardecida,
el desangre sin herida,
lo que
nos forma y deshace.
Eres la muerte que nace
continuamente en la
vida.
IV
Amor: has amado tanto
y sin embargo te siento
férvido,
puro, sediento,
sin decepción ni quebranto.
No te mina el
desencanto
por lo que has sufrido ya,
ni te importa si será
mentira lo venidero:
porque eres como el venero
que existe por lo
que da.
V
Amor, inaudita
hoguera
e la entraña del invierno
de mi vida, atroz infierno:
¡cómo crecerte quisiera!,
mas sin dicha y sin espera
a mi muerte
me adelanto
y preso en el desencanto
es mi corazón senil:
hielo
en martirio febril
descongelándose en llanto.
Décimas al corazón
I
Corazón: no te atormentes
porque traicionen tu amor,
espera
un tiempo mejor
y jamás te desalientes.
Soporta el dolor que
sientes
hasta que tu vida obtenga
la rebelión que te abstenga
de añorar lo que se fue,
y a solas medita que
no hay mal que por
bien no venga .
II
Corazón: no estoy cansado
de tanto querer amar
y de amar
para buscar
el amor que no ha llegado.
Sigue conmigo enraizado
en un pacto que persista
mientras la esperanza exista,
que aunque
Suframos engaños
no hay mal que dure cien años
ni cuerpo que lo
resista.
III
Corazón: ¡cómo has sufrido
por mi culpa! , yo lo sé;
pero no pierdas la fe
ni ya te des por vencido.
El amor que no ha
venido
pronto vendrá, ten confianza,
y sin medir la tardanza
que en mí tu vigor perdure:
que mientras la vida dure
lugar tiene
la esperanza.
IV
Antes, al verte sufrir,
corazón, yo no entendía,
y
aunque tus penas veía
nunca las pude asumir.
En cambio, hoy sé
compartir
el suplicio que te enciende,
porque ya mi vida entiende
que existen, en conclusión:
razones del corazón
que la razón no
comprende.
Dentro de mí
Con los ojos
altamente asomados a la noche
contemplo las estrellas
y, dentro de
mí,
en el río incansable de mi sangre,
las siento y las descubro
reflejadas,
luminosas y hondas,
como si mi entraña fuera
el
mismo cielo
en donde están ardiendo.
Desasosiego
El fuego quemo y consume.
El hielo quemo y conservo.
I
Esta inquietud indomable
de estar sin querer estar
y al
pisar otro lugar
regresar inconsolable.
Este anhelar incansable
de partir para llegar
sin nunca poder
llenar
mi soledad inmutable.
Este meditar extremo
que inquiere, desesperado,
a lo invisible
que temo.
Y en mi fuego, congelado
solo y a solas me queme
en deshielo
enamorado...
II
Esta esperanza
encendida
que me lanza a caminar
en un constante buscar
la
emoción desconocida.
Esta lucha sumergida
de creer y de dudar
y, a mi juventud
perdida,
sin que la pueda olvidar.
Este pensar que no sabe
nada de nada y que quiere
que ya la vida se acabe,
y la muerte que no
hiere,
y el alma que ya no cabe
y en lenta asfixia se muere.
En la sombra
Era sed de muchos años
retenida por mi cuerpo,
palabras
encadenadas
que nunca pude decir
sino en los labios del sueño.
Era la tierra agrietada,
reseca, sin una planta,
que espera sentir
la lluvia
en un afán de caricia
que le sacie la garganta.
Era yo vuelto hacia ti
que nunca te conocía,
porque fuiste de mil
modos
en los sueños, en las horas
y en los ojos de la vida.
Eras todo lo que encierra
una
expresión de belleza:
la rosa , el fruto, los ríos;
el color de
los paisajes
y la savia de los pinos.
Y de pronto, junto a mí,
al alcance de mi mano,
como manojo de trigo
que pudiera retener
sobre mi pecho guardado.
¡Todo tu cuerpo en mi cuerpo,
por
el sueño maniatados,
y tan cerca de la muerte
que la vida no sabía
cómo volver a encontrarnos!
Erotismo de mente
De desnuda donde está,
brilla la estrella
Ruben Dario
Cuando en noches anuentes
de intimidad celeste
contemplo las estrellas
desnudamente bellas:
me invaden
arrebatos
de cósmica lujuria
y sufro y desespero
al no poder siquiera
coger alguna de ellas.
Imposible
Mi corazón se pierde en
la nevada
ascensión de tu cuerpo, sin consuelo,
y enfrías la fuerza del
anhelo
en medio de tu carne congelada.
Cada día te ofrezco una
alborada
de ilusión y de vida, todo un cielo
palpitante de sol, que funda
el hielo
y transforme tu cuerpo en llamarada.
Pero toda mi vida es
poca vida
para matar la muerte que se esconde
y circula en tu sangre
adormecida.
Has desatado el nudo de tus brazos,
tu voz a mi llamado no
responde,
y es sólo un eco el paso de tus pasos.
Íntima
Estás en mí, como
latido ardiente,
en mis redes de nervios temblorosos,
en mis vetas de instintos
borrascosos,
en los mares de insomnios de mi frente.
Estás fuera de mí, como
corriente
de voces imprecisas, de sollozos,
de filos de secretos
tenebrosos.
de roces de caricia inexistente.
Me cubres y me
encubres, sin dejarme
un espacio de ser sin tu presencia
un átomo sin linfa de tu
aliento.
Estás en mí, tocándote
al tocarme,
y palpita la llama de tu esencia
hasta en la entraña de mi
pensamiento.
Me duele presentir
En el fondo sabía que no se puede ir más allá
porque no lo hay.
Cortázar
De manera distinta
cada cual debe morir su
propia muerte
y afrontar el naufragio
en la perenne inmensidad del
polvo.
Nadie ha vuelto del seno de la muerte,
por esto
su misterio se
conserva intacto,
amenazante.
Sin saber si es amiga o enemiga,
Angel que nos transporte al otro
lado
para ganar la ubicuidad eterna,
o fuerza que nos retorne a la
materia:
todos vivimos la medrosa espera
resignados a la sorpresa
de su encuentro
y al suplicio mortal que nos imponga.
(Vivo pensando en el trágico momento
que me transforme en
ausencia sin regreso,
nombre sin rostro huyendo hacia el olvido,
absoluto silencio que se ahogue
en la ciega pupila del vacío,
o
sombra que se incolore en la distancia.)
(Me duele presentir y
también creer
que después de la muerte,
nadie podrá ir más allá
del polvo,
del polvo donde debe consumar su fin eterno.)
Mi corazón
Es mentira
que mi
corazón porque palpita
esté despierto.
Sus latidos son tan sólo
el goteo
de su llanto glacial
como el que llora al fundirse
el
témpano de hielo.
Es mentira
que mi
corazón porque palpita
esté despierto.
Su misión se reduce
a
mantener de pie
a un muerto
que esperanzado
aún persigue sus
sueños.
Mi primer amor...
El azul es el verde que
se aleja
-verde color que mi trigal tenía-;
azul...de un verde,
preso en lejanía,
del que apenas su huella se despeja.
Celeste inmensidad,
donde mi queja
tiende su mudo velo noche y día,
para buscar el
verde que tenía,
verde en azul...allá donde se aleja...
Mi angustia, en
horizonte liberada,
entreabre la infinita transparencia
para traer
mi verde a la mirada.
Y en el azul que
esconde la evidencia:
yo descubro tu faz inolvidada
y sufro la
presencia de tu ausencia.
Nocturna suma
Deletreo el espacio y no comprendo
esas gotas de luz en plena noche
que tiemblan, que se ensanchan, que se encogen,
y expresan desde el
cielo
las frases de su pulso luminoso.
Yo no sé si es altura o es abismo
el sitio en donde asoman,
o
si son o no son; pero las miro
como enjambre de islas en incendio
y sufro su atracción, su intenso brillo,
su tímido mirar...
Las cuento, muchas veces, muchas veces...
Me olvido de la cuenta
y me detengo
para empezar la cuenta nuevamente,
y la vuelvo a
perder, cayendo siempre
en la fuga de un número disperso.
Las cuento, muchas veces, muchas veces...
Y si gozo al contar, es
porque siento
que capto más y más, al Creador,
cuando sumo y me
sumo en sus estrellas.
Nocturno
Cada mañana, al despertar, resucitamos;
porque al dormir morimos unas horas
en que, libres del cuerpo, recobramos
la vida espiritual que antes tuvimos
cuando aún no habitábamos la carne
que ahora nos define y nos limita,
y éramos, sin ser, misterio puro
en el ritmo total del Universo.
Porque al dormir morimos sin saberlo;
nos vamos al espacio en ágil vuelo
sin perder la unidad que nos integra,
y somos como somos: idénticos, sin cambio,
extensos y desnudos
como el azul en el temblor del aire.
No extrañamos el cuerpo; no sufrimos
la ausencia de la piel que nos cobija;
somos como antes de nacer: etéreos,
vivos en plenitud de firmamento
y penetrantes como luz en sombras.
Y nadie, cuando duerme, acaso piense
que yace en los dominios de la muerte:
porque el cansancio, apenas agonía,
nos borra la razón,
desciende con ternura nuestros párpados,
apaga nuestros ojos,
anestesia la carne y nos separa de ella
para dejarnos vivos en el sueño.
Y esta costumbre de morir a diario,
sin dolor, sin sorpresa,
natural como el agua
que se deja atraer por el declive,
no nos deja pensar que es una muerte
cada vez que dormimos,
y que, de cada muerte transitoria,
aprende nuestro ser
la verdad de morir su muerte eterna.
Nocturno a la luna
La luna, que brincó por la ventana,
en el piso del cuarto se restira
rebotando en el muro que la mira
y del rebote, la penumbra emana.
Su luz, entre las sombras deshilvana
un metálico brillo que
delira,
y el espejo sediento le suspira
desde el rincón, como
presencia humana.
Perforada la sombra, se estremece,
y el rayo de la luna me parece
escalera pendiente de los cielos.
Y asido a la visión que me rodea,
el afán de mi alma se recrea
al subir por el rayo sus anhelos.
Nocturno a tientas
A oscuras, yacentes
en el mismo lecho,
somos brasas despiertas
que vigilan
el pulso de sus lumbres.
Me animo y aventuro
mi mano por su cuerpo:
voy encontrando
laderas y llanuras,
asomo de pezones
y
un par de lomas redondas
que en un precipicio
aparta,
haciendo entre las dos
una
cañada.
A tientas
en su fondo palpo
un inasible vello
casi
sueño...
Parece que ando cerca
de las puertas del cielo.
El merodeo
prosigue
y después
de subidas y bajadas,
bajadas y subidas,
doy
con algo
inédito y matrero.
- ¡Hallazgo afortunado
que al fin me
queda
como anillo al dedo!-
Nocturno alquimia de mis sueños
Cuanto más y más alabes al ser que amas:
más y más lo alejas de
tus manos.
Yo te amo como se ama a una estrella:
puedo atreverme a
contemplar tu albor,
a sentir tu pureza luminosa,
a escalar con
mis ansias
la altura en que te asomas;
pero nunca a tocarte
ni
a sembrar mis caricias
en la fulgente piel de tu misterio.
Yo sé dónde apareces diariamente,
conozco el sitio exacto
y la
hora precisa
en que tu rostro enciende su hermosura.
Aprendí de
memoria
tu órbita celeste,
el instante glorioso
en que brillas
más cerca de mis ojos
y también el momento
en que huyendo me robas
tu semblante.
Yo sé que soy tu dueño en la distancia
que al descubrirte me gané
el derecho
de salir cada noche
a mirar tu expresiva luz errante,
tu joven brillantez inmaculada,
sin tener ni la mínima esperanza
de estrechar tu verdad entre mis brazos.
Te inventé con la alquimia de mis sueños
te vestí de imposible,
en tus pupilas inicié un poema
y en lo más alto entronicé tu imagen.
Con barro de mi angustia te di forma
igual a la de un Angel que
no existe.
Cuando llega la noche
y te encuentro rielando en el espacio:
yo te aspiro y te gozo,
platico desde lejos con tu nimbo
sin
pronunciar tu nombre.
Sin esperar tampoco que desciendas
ni que el
roce de mi tacto te defina:
porque anhelo que ignoren mis sentidos
que eres de carne y hueso,
que tu cuerpo es mortal,
y que hasta el
nítido esplendor que irradias,
carece de luz propia.
¡Sigue alumbrando allá! ¡Brilla unos días!
Pronto la muerte
bajará mis párpados
y tú, al instante, quedarás a oscuras.
Nocturno amor
Naciste en mí, a sangre
vinculado,
en creciente raíz, cósmico nudo;
de mi selva interior
el potro rudo
que anhela libertad enamorado.
Soy mortaja y estoy,
amor, tajado
por tu evasión continua que no eludo,
sino que vuelo
en ti y en mí me escudo,
para que al volver seas amparado.
Venero de tus ímpetus,
me ligo
a tu fuga celeste, a tu caída,
a la expansión total de tu
secreto;
pero de noche, cuando
estoy contigo,
recobro con tu fuerza sumergida
la sola soledad de
estar completo.
Nocturno cuerpo
Cuando de noche, a
solas, en tinieblas,
fatigado de no sé qué fatiga
se derrumba mi
cuerpo y se acomoda
en la impasible superficie oscura
que le sirve
de apoyo y de mortaja,
yo me tiendo también y me limito
al inerme
contorno que me entrega,
a la isla de olvido en que se olvida.
Separado de él y en él
hundido
recuerdo que lo llevo todo el día
como cárcel de fiebre
que me oprime,
como labios que dicen otras frases,
como instinto
que burla mis deseos
o acciones desligadas de mi fuerza;
pero al
mirarlo así, rendido fardo
indiferente en su actitud de piedra,
tigre de bronce, charco de silencio,
columna de cinismo derribada,
ciega figura en su lección de muerte:
yo lo percibo como carne
intrusa
como dolencia de una llaga ajena,
cómplice de un destino
que no entiendo,
mudez que no lesiona mi palabra,
verdugo en
anestesia secuestrado.
Y por eso al sentirme
dividido
y a la vez por su molde aprisionado,
analizo, sospecho,
reflexiono
que sus muros endebles que me cercan
son fuego en
orfandad, tierra robada,
agua sujeta en venas sumergidas
y aire
sin aire arrebatado al aire;
que soy un prisionero de elementos
en
honda combustión, que están buscando
fundir los eslabones que los
unen
para volver a la pureza intacta
del sitio universal donde
eran libres:
la tierra pide su reposo en tierra,
el aire, su
acrobacia transparente;
el fuego, la delicia de su llama;
y el
agua: la blancura de su hielo,
su cauce, o el prodigio de ser nube.
Al lado de él, alado y
enraizado,
lo toco, lo examino desde adentro:
interior de una
iglesia ensangrentada,
góticos arcos, junglas musculares,
entretejida pulsación de yedras,
laberinto de lumbre de amapolas
y
entraña de una cripta en que se esconde
el numérico albor del
esqueleto.
Y yo en medio de juez y
de culpable,
de rebelde invasor y de invadido,
de mirar que
descubre y se descubre,
de unidad que contempla sus facciones,
de
pregunta privada de respuesta,
de espectador que sufre en propia
carne
el corporal desgaste de que brotan
sus crecientes acopios de
agonía.
Si soy su dueño ¡por
qué lo palpo extraño,
despegado de mí -sombra de un árbol-,
corteza sofocante de mi angustia,
vendaje que me oculta, ademe
frágil,
imán que me atesora y me difunde,
materia que yo arrastro
y que me arrastra?
Y estoy en él,
presente, inevitable,
unido en el monólogo y la espera,
crecido en
su reverso, y denunciado
por sus manos, sus ojos, sus pasiones,
la
quemante ansiedad de sus delirios,
las brumas de sus tiempos de
zozobra
y los relámpagos de su alegría.
De dentro a afuera, de
raíz a ramas,
presiono, me sublevo, abro mis fuerzas
para cavar,
para acabar los muros
que viven de tenerme prisionero;
pero un
amor me nace y me detiene,
un fanatismo de vital amparo,
el apego
del ánima y las células,
la intimidad de forma y contenido
acoplando sus ciegas superficies;
y me quedo conforme, sosegado
a la ajustada cárcel que me cubre
para seguir formando el mundo
en fiebre
por el que siento que en verdad existo.
Agua, tierra, fuego y
aire, en continua
aspersión de sus químicos halagos,
inmersos en
la furia de sus hambres,
en escondida trabazón de empujes,
mandando y succionado sus mareas,
haciendo y deshaciendo lo que se
inician,
comiéndose a sí mismos, recreando
el desnudo valor de su
estructura
en pugnas, atracciones y repechos,
porque quieren,
anhelan, buscan, labran
la persistente acción que les devuelva
el
vuelo original que poseían.
Esta unión de
elementos, este nido
de físicas batallas, de incesantes
reacciones, es mi solo respaldo,
el trágico venero de la fuerza
que me sostiene aún hablando a solas.
Nocturno difunto
Desde que despojada de
tu cuerpo
te escondiste en el aire,
yo siento mi existencia más
honda en el misterio,
como si mis manos, alargadas por las tuyas
inmensas en el cielo,
en levantado avance
ya tocaron la astronomía sin fin...
Estoy como en los ríos
que a pesar de correr sumisos a su cauce,
por su mortal marino
abocamiento
también están ligados
a las aguas del mar donde se
acendran.
Por la ventana que al
morir dejaste
abierta en la penumbra,
he podido mirar
mi
aventajada muerte
persiguiendo tus huellas espaciales,
y tengo la
certeza de que me estoy rodando
indeteniblemente
en el hambre del
vaso universal,
igual que el humo libre que la atmósfera atrae
y
no puede, aunque quiera, regresarse a su lumbre.
Estoy seguro de que
cada día
mi sangre que te busca, se evapora
ganando altura
transformada en nubes,
y parte de mí
ya vuela en el espacio,
emparentada.
Desde tu muerte, siento
que te guardo
como un lucero íntimo
que medita en la noche de mi
entraña,
disuelto como el azúcar en el orbe líquido
y que, muchas
veces, te denuncias asomando
tu espiritual dulzor en mi saliva
amarga.
Desde que tu voz, por
el silencio amortaja,
dejó de hablar para encender palomas
sobre
el árbol del viento, en que cantan
con insepultos ecos
la profunda
madurez
del idioma flotante de tu ausencia,
yo palpo -al escuchar-
el molde vivo que en el aire horada
tu falta de materia, que es
ternura
siempre en acecho que acaricia y roba.
Yo creo que tu cósmico
deleite
es atraerme a tu pasión de vuelo,
a tu girar errante,
porque ya tu misión es recoger
esta fracción de ti que aún perdura
en el fluvial ramaje de mis venas.
No puedo definir dónde
te encuentras,
pero sí te adivino circundante
en un arribo de
alentada fuga,
que exacerba mis ansias en un filial apego
al
resplandor sin luz de tus imanes.
¡Qué plenitud vacía
te dibuja en el fondo de mis ojos
que no te ven, pero que sí me
permiten
que hasta la fuente de mis sueños bajes
y quedes a su
impulso vinculado!
¡Cuánto tiempo de estar solo y contigo
habitándome a solas,
como la llama al fósforo en el letargo,
o a
la uva, el espíritu del vino!
Yo soy una ambulante
sepultura
en que reposa tu fugitiva permanencia
que me va
madurando, lentamente,
hasta que mi energía entumecida
se adiestre
en vuelo que recobre estrella.
Inmerso en mi
conciencia desarrollas
un pensante silencio que se atreve
a
conversar sin mí. Yo lo descubro
reviviendo recuerdos en mi oído:
es como el nacimiento de sollozos
que se produce cuando el agua cae
sobre la carne viva de las brasas.
Al derribarse tu
estatura en polvo
formaste la marea
del vislumbre mortal que me
obsesiona,
y no hay sitio, temor, espera o duda
en donde tú, como
trasfondo en alba,
no finques la silueta de tu amparo.
En mi vigilia, a
oscuras,
como los ciegos sigo con el tacto
los relieves que
escribes en el papel nocturno,
y los capto agitados en asedio
amoroso:
amor de un muerto que jamás olvida
la sangre que ha
dejado trasvasada.
Yo quisiera que la
imagen que de ti conservo
se azogara la espalda,
para mirar,
siquiera unos instantes,
cómo el deslinde al incolor procrea
tu
claridad auténtica de Angel.
Nocturno íntimo
Soy prisionero de la entraña negra
de estos muros sin rostro en donde
escucho
los pasos sin sonido de las horas.
Pienso, respiro, palpo.
Sueño en sueños
que quisiera soñar. Cierro los ojos
para mirar
mejor. Abro la mano
y oprimo mi otra mano. -"No estoy muerto".
Sobre mi piel la soledad resbala
y me dice al oído: -"No estás solo".
Mi lecho es un regazo que atesora
mis friolentos recuerdos que
recuerdan
y los cubre con roces tropicales.
Pienso, respiro, palpo. Casi duermo
sin poderme dormir. Me quedo
quieto
en mi nido de sábanas y suelto
mi muscular engrane. (Siento
alivio
al desatarme de mi propio cuerpo.)
A mi lado soy yo sin ser yo mismo.
Una mortaja de negrura absorbe
mi yacente silueta pensativa
y nos nace un idilio de silencios.
No alcanzo a comprender cómo es posible
que yo sea un extraño que
contemple
la muerte en vida que en mi sangre corre.
No hay ley de gravedad en la vigilia.
Mi brazo se levanta sin
esfuerzo
y flota sobre el agua de la noche.
Yo no sé si me mueven
o me muevo
o si soy un espejo atormentado
que asesinó la imagen de
su imagen.
No me quiero dormir. Estoy viviendo
ese desdoblamiento tan
preciso
de solidez caída y suave fuga
en que soy lo que escapa y
lo que queda.
Los
párpados
se
rinden.
Ya
no
miro.
Soy un pez que en la nada está nadando.
Se derrama la sombra
y me comprime.
En mi molde naufrago y me acomodo
como el agua en el vaso. Apenas
oigo.
Mi pensamiento dice en pensamiento:
"Muerte mía, despiértame
mañana".
Nocturno llanto
Ese llanto tan mío, tan
de todos y ajeno,
expansión comprimida de atávicas nostalgias
que
no alcanzan la lluvia que las hunda en la tierra
para seguir por
ella, en humedades hondas,
persiguiendo el declive
que las retorne
a su raíz marina.
Ese llanto de todos
acendrado en el mío,
ese llanto tan mío en que fluye el de todos
-agua y sal trasvasadas en angustia ambulante-,
que circula
enclaustrado
como altura caída que anhela levantarse,
y al no
poder hacerlo,
se retuerce en el centro de su lumbre vacía
para
seguir luchando contra el blindaje sordo
que no puede llorarlo.
Llanto ciego que brota
de la oculta resaca
de una sangre viajera en su cárcel de agobio.
El calor dilatado de musculares zonas
que sube hasta la orilla
de
la flor sin corola del insomnio sediento.
Ese llanto sin llanto,
percepción absoluta
del íntimo goteo
que al nacer se derrama
nuevamente hacia dentro,
porque le dieron vida lacrimales sin parto,
o porque lo producen las vertientes secretas
de siglos de memoria
que quisieran rodarse
por el salto mortal de nuestras lágrimas.
Ese llanto inllorado,
ese llanto en deseo
de volcarse en el llanto;
esas olas de miedo,
de ansiedad, de tormento
que se agolpan y piden
el nacer repentino
de su líquida fuga.
Ese llanto sin llanto
empotrado en la frente,
que se muere sin agua y se bebe a sí mismo
para seguir formando
el manantial sin cauce
que detrás de la carne
presiona con su asfixia,
y transforma la vida en un volcán sin cráter
o alud que sin espacio se rebulle en su sitio.
Ese llanto sin llanto,
ese impulso encerrado
de un brotar que no puede encontrar desahogo
y que vive en nosotros, comprimido, creciente,
porque es llanto de
hombre que no cabe
en el hombre
y que tiene, por fuerza, que vivir
sumergido
hasta el instante trágico
en que la muerte hiera,
y
se llore fundido al corporal derrumbe.
Nostalgia de la tierra
Tierra hambrienta,
maternal atracción;
sepultura vacía en asedio amoroso;
sólido mar
de espera
en el que presiento y siento
el reposo para mis pies
cansados;
yo capto el lento ascenso
de tus leves caricias
arropando mis ansias
y escucho en mi conciencia
tus palabras de
aroma cortejando mi cuerpo.
Tierra y vientre,
acecho infatigable
que se posa en mi piel
como sedienta brisa
de un agresivo amor que me persigue...
yo sé que tu energía circula
por mis venas
y que somos, los dos
incompletas fracciones
que
buscan refundirse.
Soy tuyo, madre tierra:
me invade el parentesco
inevitable y hondo
de tu ritmo en mi
sangre,
porque pese a mi miedo, a mi apego a la vida,
hay algo en
mis adentros
que espera y desespera
por regresar a ti...
Mi vegetal instinto,
mis árboles de fiebre
sin raíces ni sitio, están pidiendo ansiosos
su parcela segura,
su isla inamovible
donde dormir a solas su
letargo yacente.
Tierra voraz, oscuro hogar bendito
donde el dolor
se apaga,
yo quiero reposar bajo tus sábanas
de secretas ternuras
germinales
y así, cual la semilla
que se oculta en tus húmedas
tinieblas
resurge transformada:
Ya en la longeva beatitud de un árbol
o en los brotes de flores
temporales
que las lluvias despiertan en los campos:
renacer de tu
entraña
y subir los peldaños
que en la escala de vidas
mi
evolución alcance;
porque vengo de ti, soy lodo en trance
que a
fuerza de nacer y de morir,
ha de llegar a definir su esencia
para
ser en el cosmos vida eterna.
Tierra insaciable,
intimidad perfecta,
cuando caiga en tu seno
incinera mi carne, y
después, con amor
alienta mis cenizas, porque quiero
proseguir
cultivando mi poesia,
al volver a vivir con nuevo cuerpo.
Pera verde
Pera que espera en la
rama
la mano que la desate;
fruta que juega al sabor
entre los
labios del aire.
Pera que mece su forma
en el columpio del tallo;
fruta que prende su olor
en el cabello
del árbol.
Pera que seno parece
en su verde adolescencia;
fruta de tierno color
que con mis ansias
se besa.
Humana entraña de
azúcar,
efeba fruta de jade:
¡cómo quisiera beberme
el aroma de
tu carne!
Perfección fugaz
Para el poeta Carlos Pellicer
Pinté el tallo,
luego el cáliz,
después la corola
pétalo por pétalo,
y,
al
terminar mi rosa,
la induje
a soñar su aroma.
¡Hice la rosa perfecta!
Tan perfecta,
que al día siguiente
cuando fui a mirarla,
ya
estaba muerta.
¿Qué es morir?
-¿Qué es morir?
-Morir es
Alzar el vuelo
Sin alas
Sin ojos
Y sin cuerpo.
Recuerdo instántaneo
Al ver los ceros
los
pies de mi memoria
trepan por ellos.
1989
Si hubieras sido tú, lo que en las
sombras, anoche...
A Xavier Villaurrutia
Si hubieras sido tú, lo
que en las sombras, anoche,
bajó por la escalera del silencio
y se
posó a mi lado,
para iniciar el cauce de acentos en vacío
que, me
imagino, será el lenguaje de los muertos.
Si hubieras sido tú, de
verdad, la nube sola
que detuvo su viaje debajo de mis párpados
y
se adentró en mi sangre,
amoldándose a mi dolor reciente
de una
manera leve, brisa, aroma,
casi contacto angelical soñado...
Si hubieras sido tú,
lo que apartando la quietud oscura
se apareció, tal como si fuera tu
dibujo
espiritual, que ansiaba convencerme
de que sigues, sin
cuerpo, viviendo en la otra vida.
Si hubieras sido tú la
voz callada
que se infiltró en la voz de mi conciencia,
buscando
incorporarte en la palabra
que tu muerte expresaba con mis labios.
Si hubieras sido tu, lo
que al dormirse
descendió como bruma, poco a poco,
y me fue
encarcelando
en una vaga túnica de vuelo fallecido...
Si hubieras sido tú la
llama llama
que inquemante creó, sin despertarme
ni conmover el
lago del azoro:
tu inmaterial presencia,
igual que en el espejo
emerge
la imagen, sin herirle
el límpido frescor de su epidermis.
Si hubieras sido tú...
Ya despierto, después
de la vigilia,
o del sueño o del ensueño,
me pregunto a mí mismo:
¿Quién más pudo venir a visitarme?
Recuerdo que, contigo
solamente,
platicaba del amoroso asedio
con que la muerte sigue a
nuestra vida.
Y hablábamos los dos
adivinando,
haciendo conjeturas,
ajustando preguntas, inevitando
respuestas,
para quedar al fin
sumidos en derrota,
muriendo en
vida por pensar la muerte.
Ahora tú ya sabes
descifrar el misterio
porque estás en su seno, pero yo...
En esta incertidumbre
secretamente pienso
que si no fuiste tú, lo que en las sombras,
anoche,
bajó por la escalera del silencio
y se posó a mi lado,
entonces quizá fue
una visita de mi propia muerte.
Silencio en poema
Para poder decirte lo que ansío
busco lo más sutil, lo más celeste,
lo que apenas se acerque al alba pura
de iniciar su existencia,
sin haber sido herido
ni por una mirada
ni tampoco por nadie
imaginado.
El aroma del sueño,
la estela sin color que va quedando
cuando
la nube avanza,
la oración que se eleva de la espuma
al nacer y
morir,
la queja que pronuncia la corola
cuando vuela el rocío
o
el íntimo gorjeo
del agua que abandona su venero:
no pueden
ayudarme
porque ya están violados sus secretos
y opacan la avidez
del solo intento de querer pensar
lo que anhelo decirte.
No hay palabra, ni canto de paloma,
ni roce, ni suspiro, ni
silencio,
que puedan expresar la frase virgen
con que yo quiero
hablarte.
Es idioma que traigo sumergido
en estado naciente,
inmaculado,
que lucha atravesando mis tinieblas
como la luz de
estrellas ignoradas
que viene, desde siglos, descendiendo
para
tocar la tierra...
Así es la profunda voz sedienta
que llevo
atesorada
como raíz de antigua resonancia
en mi marino caracol de
entraña,
y que vive conmigo, desde siempre,
brotando del amor
inapagado
del amor primitivo de otros seres
que amaron antes, con
el mismo amor,
y prosiguen en mí
fundidos en espera
enamorando
aún lo inalcanzable.
Para poder decirte lo que anhelo
me falta lo inasible, lo
perfecto,
y al no poder tenerlo:
con sombras duras, con dolor
desnudo,
con el creciente caos de mi delirio
y el humo intacto del
callar que oprimo,
escarbo el pozo donde entierro a solas
la forma
del intento,
el inmóvil temblor
de quererte expresar los
inexpresable.
Soy verdad
Soy verdad -verdad impura-,
transparente, sin recodo:
no puedo ser de otro modo,
ni transformar mi estructura.
En
mis entrañas fulgura
la obsesión de un pensamiento
que es hambre sexual que siento
en mi cerebro encendida.
Es incurable mi vida:
¡soy y seré
de sexo hambriento!
Tengo miedo de ti...
Tengo miedo de ti,
de mí,
del mundo, del aire,
del amor, de la sombra.
Tengo miedo
de todo.
¡Tengo miedo del miedo!
Tengo miedo a caer
sin nombre,
sin memoria y sin cuerpo,
en la eternidad
del olvido y del
silencio.
¿Para qué soy
si
para siempre dejaré de serlo?
Usted
Usted es la culpable
de todas mis angustias
y todos mis
quebrantos.
Usted llenó mi vida
de dulces inquietudes
y amargos
desencantos.
Su amor es como un grito
que llevo aquí en mi sangre
y aquí en
mi corazón.
Y soy, aunque no quiera,
esclavo de sus ojos,
juguete de su
amor.
No juegue con mis penas
ni con mis sentimientos
que es lo
único que tengo.
Usted es mi esperanza,
mi última esperanza,
comprenda de una
vez.
Usted me desespera,
me mata, me enloquece,
y hasta la vida
diera
por vencer el miedo
de besarla a usted.
Vigor animal
Una gallina
con sus doce pollitos
pica y camina.
1989
Voz de mí
No sé cómo mirar para
encontrarte,
horizonte de amor en que me excito,
distancia sin
medida donde habito
para matar las ansias de tocarte.
No sé cómo gritar para llamarte
en medio de mis siglos de
infinito
donde nace el silencio de mi grito
movido por la sangre
de buscarte.
Mirar sin que te alcance la mirada
sangrar sin la presencia de
una herida,
llamarte sin oírme la llamada;
y atado al corazón que no te olvida,
ser un muerto que tiene por
morada
un cuerpo que no vive sin tu vida.