Amor
Aspecto
Canción de la mujer astuta
El cisne enfermo
El sueño
La inquietud del rosal
Melancolía
Noche divina
Parásitos
Pudiera ser
Sábado
Siete vidas
Amor
Baja del cielo la
endiablada punta
con que carne mortal hieres y engañas.
Untada viene
de divinas mañas
y cielo y tierra su veneno junta.
La sangre de hombre que en la herida apunta
florece en selvas: sus
crecidas cañas
de sombras de oro, hienden las entrañas
del cielo
prieto, y su ascender pregunta.
En su vano aguardar de la respuesta
las cañas doblan la empinada
testa.
Flamea el cielo sus azules gasas.
Vientos negros, detrás de los cristales
de las estrellas, mueven
grandes asas
de mundos muertos, por sus arrabales.
Aspecto
Vivo dentro de cuatro paredes matemáticas
alineadas a metro. Me rodean
apáticas
almillas que no saben ni un ápice siquiera
de esta fiebre
azulada que nutre mi quimera.
Uso una piel postiza que me la rayo en gris.
Cuervo que bajo el ala
guarda una flor de lis.
Me causa cierta risa mi pico fiero y torvo
que
yo misma me creo pura farsa y estorbo.
Canción de la mujer astuta
Cada
rítmica luna que pasa soy llamada,
por los números graves de Dios, a dar
mi vida
en otra vida: mezcla de tinta azul teñida;
la misma extraña
mezcla con que ha sido amasada.
Y a
través de mi carne, miserable y cansada,
filtra un cálido viento de
tierra prometida,
y bebe, dulce aroma, mi nariz dilatada
a la selva
exultante y a la rama nutrida.
Un
engañoso canto de sirena me cantas,
¡naturaleza astuta! Me atraes y me
encantas
para cargarme luego de alguna humana fruta.
Engaño
por engaño: mi belleza se esquiva
al llamado solemne; de esta fiebre
viva,
algún amor estéril y de paso, disfruta.
El cisne enfermo
Hay un cisne que muere cercado en un palacio.
Un cisne misterioso de
ropaje de seda
que en vez de deslizarse en la corriente leda
se
estanca fatigado de mirar el espacio.
El cisne es un enfermo que adora al dios de oro;
el sol, padre de
razas, fecunda su agonía.
por eso su tristeza es una sinfonía
de
flores que se entreabren en las sombras del lloro.
Tiene el pecho cruzado por un loco puñal,
gota a gota su sangre se
diluye en el lago
y las aguas azules se encantarán bajo el mago
poder
de los rubíes que destila su mal.
El alma de este cisne es una sensitiva...
no levantéis la voz al lado
del estanque
si no queréis que el cisne con el pico se arranque
el
puñal que sostiene su existencia furtiva.
Cuentan viejas leyendas que está enfermo de amor.
Que el corazón
enorme se le ha centuplicado
y que tiene en la entraña como El
Crucificado
un dolor que cobija todo humano dolor.
Y cuentan las leyendas que es un cisne-poeta...
Que la magia del
ritmo le ha ungido la garganta
y canta porque sí, como el arroyo canta
la rima cristalina de su corriente inquieta.
...
Yo he soñado una noche que el viejo palacio
era el cisne cansado de
mirar el espacio.
El sueño
Yo vi dos soles rojos dominando el espacio
Perlaban en sus rayos las
luces de topacio
y tendí mis dos manos hambrientas de infinito
para
estrujar en ellas un inefable mito.
Las dos pupilas rojas como rosas del cielo
cegaron mis pupilas,
soberbias en su anhelo
de mirar cara a cara los toques de diamantes.
Después, como un
crujido de nudos que se quiebran...
Tempestades soberbias que en los
mares se enhebran;
parto de los dioses... Un quejido de dios...
¡Y
bocas que se muerden en un supremo adiós!
Más tarde una sonata más dulce que la miel;
agonía de lirios en el
jardín aquel.
palacio de oro y oro donde habita una maga
que ha
dormido cien años por maldición aciaga.
Y después manos blancas desparramando rosas
sobre el alma escondida y
serena de las cosas...
Y un silencio de muerte cansado y sepulcral
donde se prende el lotus venenoso del mal.
Y después la mañana que llega a los cristales
del cuarto miserable
donde muerdo mis males...
Y después otro día que se esboza en el lloro
de mis días sin sol, de mis soles sin oro!...
Frente al mar
Oh Mar, enorme mar, corazón fiero
de ritmo
desigual, corazón malo,
yo soy más blanda que ese pobre palo
que se
pudre en tus ondas prisionero.
Oh mar, dame tu cólera tremenda,
yo me pasé la vida perdonando,
porque entendía, mar, yo me fui dando:
"Piedad, piedad para el que más
ofenda".
Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el
hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
Ya me fatiga esta misión de
rosa.
¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
me falta el aire y donde falta
quedo,
quisiera no entender, pero no puedo:
es la vulgaridad que me envenena.
Me empobrecí porque entender abruma,
me empobrecí porque entender sofoca,
¡Bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.
Mar, yo soñaba ser como tú eres,
allá en las tardes que la vida mía
bajo las horas cálidas se abría...
Ah, yo soñaba ser como tú eres.
Mírame aquí, pequeña, miserable,
todo dolor me vence, todo sueño;
mar, dame, dame el inefable empeño
de tornarme soberbia, inalcanzable.
Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza,
¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad, oh
enojo!
Desdichada de mí, soy un abrojo,
y muero, mar, sucumbo en mi
pobreza.
Y el alma mía es como el mar, es eso.
Ah, la
ciudad la pudre y equivoca
pequeña vida que dolor provoca,
¡Qué pueda
libertarme de su peso!
Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser
horrible,
debió ser una arteria incontenible
y apenas es cicatriz que
siempre duele.
La inquietud del rosal
El rosal en su
inquieto modo de florecer
va quemando la savia que alimenta su ser.
¡Fijaos en las rosas que caen del rosal;
tantas son que la planta morirá
de este mal!
El rosal no es adulto y su vida impaciente
se consume al
dar flores precipitadamente.
Melancolía
Oh muerte, Yo te amo, pero te adoro, vida...
Cuando vaya en mi caja para siempre dormida,
Haz que por vez postrera
Penetre mis pupilas el sol de primavera.
Déjame algún momento bajo el calor del cielo,
Deja que el sol fecundo se estremezca en mi hielo...
Era tan bueno el astro que en la aurora salía
A decirme: buen día.
No me asusta el descanso, hace bien el reposo,
Pero antes que me bese el viajero piadoso
Que todas las mañanas,
Alegre como un niño, llegaba a mis ventanas.
Noche divina
Este
jardín nos cede su delicia,
nos cede el árbol de manzanas lleno.
fuente de dioses a la sed propicia,
pan del instinto, para el hambre,
bueno.
Mas
blanco mármol sin igual pudicia
fija en nosotros su mirar sereno:
muslo desnudo, vigoroso el seno,
puro, como la luz que lo acaricia.
Se
hacen tus ojos demasiado azules,
cubren tus manos impalpables tules
y
algo divino te levanta en vuelo.
No
cortemos la fruta deleitosa
y mira el alma en una nube rosa,
cómo es
de azul la beatitud del cielo.
Parásitos
Jamás
pensé que Dios tuviera alguna forma.
Absoluta su vida; y absoluta su
norma.
Ojos no tuvo nunca: mira con las estrellas.
Manos no tuvo
nunca: golpea con los mares.
Lengua no tuvo nunca: habla con las
centellas.
Te diré, no te asombres;
Sé que tiene parásitos: las cosas
y los hombres.
Pudiera ser
Pudiera ser que todo lo que en verso he sentido
No fuera más que aquello que nunca pudo ser,
No fuera más que algo
vedado y reprimido
De familia en familia, de mujer en mujer.
Dicen que en los
solares de mi gente,
medido estaba todo aquello que se debía hacer...
Dicen que
silenciosas las mujeres han sido
De mi casa materna... Ah, bien pudiera ser...
A veces en mi
madre apuntaron antojos
De liberarse, pero se le subió a los ojos
Una honda amargura, y en
la sombra lloró.
Y todo eso mordiente, vencido, mutilado,
Todo eso que se hallaba
en su alma encerrado,
Pienso que sin quererlo lo he libertado yo
De
Irremediablemente (1919)
Sábado
Me levanté temprano y anduve descalza
Por los corredores: bajé a los
jardines
Y besé las plantas
Absorbí los vahos limpios de la tierra,
Tirada en la grama;
Me bañé en la fuente que verdes achiras
Circundan.
Más tarde, mojados de agua
Peiné mis cabellos. Perfumé las manos
Con
zumo oloroso de diamelas. Garzas
Quisquillosas, finas,
De mi falda
hurtaron doradas migajas.
Luego puse traje de clarín más leve
Que la
misma gasa.
De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo
Mi sillón de
paja.
Fijos en la verja mis ojos quedaron,
Fijos en la verja.
El
reloj me dijo: diez de la mañana.
Adentro un sonido de loza y cristales:
Comedor en sombra; manos que aprestaban
Manteles.
Afuera, sol como no
he visto
Sobre el mármol blanco de la escalinata.
Fijos en la verja
siguieron mis ojos,
Fijos. Te esperaba.
Siete vidas
A la Sra. María A. S. de Fontán
Siete vidas tengo, tengo siete vidas.
Siete vidas de oro;
bellas y floridas.
Cabeza cortada, cabeza repuesta:
Mi espíritu-árbol
retoña en la siesta.
Dragón purpurado de garras floridas,
siete vidas tengo, tengo siete
vidas.
Gigantes y enanos: cortad mis cabezas,
crecerán porfiadas como
las malezas.
Siete vidas tengo, tengo siete vidas,
siete vidas de oro bellas y
floridas
que hierros fatigan y mellan espadas,
mas serán un día por siempre
taladas.
Secará las siete cabezas floridas,
príncipe que espero. Sin
abracadabras,
el dragón alado perderá las vidas
bajo el tenue filo de
dulces palabras.