En esta
página encontrarás un poema por cada autor mencionado en el índice.
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Índice
Ahora que te quiero
Marc Sil ( España )
Al caballero de la rosa
Rosario Ferré ( Puerto Rico, 1938 )
Amor salvaje
Luis Zalamea Borda ( Colombia, 1921 )
Amoreto V Ethel Krauze ( México,
1954 )
Así es ella, me dije...
Elvio Romero ( Paraguay, 1926 )
Cada mañana
Rafael Guillén ( España, 1933 )
Contraespionaje I
Gaspar Aguilera Díaz (
México, 1947 )
Desnudo
Mariano Brull ( Cuba, 1891 - 1956 )
El beso
Flavio Herrera ( Guatemala )
El convite
Germán Pardo García ( Colombia, 1902 - 1991)
El lunar
Nicolás Augusto González ( Ecuador )
El secreto
Adriano del Valle ( España, 1895 - 1957 )
El umbral
José María Valverde ( España, 1926 )
Elegía sin nombre
Emilio Ballagas ( Cuba, 1908 -
1954 )
En medio de la noche José Batllo ( España,
1939 )
En silencio
Carmen Sánchez (España, 1936 )
Fe
Gabriel Ferrater (España, 1922 - 1972 )
Freudiano
Elva Macías ( México, 1944 )
Genital
Augusto Hernández ( España )
Gotas de imposible
Fernando Prieto Arango ( Colombia )
Haruko Sam
Juan Guzmán Cruchaga ( Chile, 1896 - 1979 )
He dejado mis palabras
Stella Sierra ( Panamá, 1917 - 1997 )
Hermano corazón
Rafael Cardona ( Costa Rica, 1892 - 1973 )
Hiperestesia
Miguel Ángel León ( Ecuador, 1900 - 1942 )
ImposibleAutor desconocido
Inmortalidad
Vicente Núñez ( España )
Invocación
José María Facha (México, 1879-1957)
La exquisita amiga
Regino Pedroso ( Cuba, 1896 - 1983 )
La hora unciosa
Enrique Bianchi ( Uruguay )
Llegué en silencio
Rafael Lasso de la Vega ( España, 1890 - 1959 )
Los besos que yo te di
José Antonio Ochaíta ( España,
1905 - 1973 )
Mayo de los amantes
Trina Mercader ( España, 1919 )
Me llevas hasta donde tu piel...
Fermín Gómez ( España, 1966 )
Melancolía
Pedro Miguel Obligado ( Argentina, 1898 - 1967 )
Muchacha
que se despinta las uñas al borde de la cama
José Luis Vega ( Puerto Rico, 1948
)
Muerta de amor
César González Ruano ( España, 1903 - 19?? )
Mundana
Francisco Aníbal Riu ( España )
Neurosis
Julián del Casal ( Cuba, 1863 - 1893 )
Ni tú me debes ni te debo nada
Guillermo Gómez Brenes ( Nicaragua, 1930 )
No sé de qué
vislumbres de otra vida llegaste
Carlos Sabat Ercasty ( Uruguay, 1887 - 1982 )
Nocturno
Juan Rejano ( España, 1903 - 1976
)
Nocturno*
Blanca Strepponi ( Argentina, 1952 )
Nocturno de tu boca
Laureano Albán ( Costa Rica, 1942 )
Nuestro amor
Carlos Germán Belli ( Perú, 1927)
Orgullo
José Pedroni ( Argentina, 1899 - 1968 )
Plenilunio
Fabio Fiallo ( República Dominicana, 1866 -
1942 )
Poema III
Marthas de Arévalo ( Uruguay )
Poema de tu cuerpo Ricardo López M. ( México, 1903 - 1989 )
Poema de tus manos
Jesús Orta Ruiz ( Cuba, 1922 )
Potra de los cuatro vientos
Ángel Facal ( Uruguay, 1901 - 19..? )
Premonición
Ernesto Fernández Moreno ( Cuba, 1897 - 19..? )
Primavera en Eaton Hastings
Pedro Garfias ( España, 1894 - 1967 )
Realidad
Emilio Miró ( España, 1942 )
Recuéstate en el cojín de mi
ternura
Alfredo Sancho (
Costa Rica, 1924 )
Reloj de arena
Adriana Ortega Ortiz ( México, 1966 )
Retrato
Eugenio Florit ( Cuba, 1903 - 1989 )
Se amaban
Joaquín Miró ( España, 1935 )
Serenata
Olga Acevedo ( Chile, 1895 - 1970 )
Siesta de amorJosé Santos Chocano ( Perú, 1875 - 1934 )
Soneto del divino amor
Alfredo R. Bufano ( Argentina, 1895 - 1950 )
Te quería lo sé
Julio Mariscal Montes ( España, 1922 - 1977 )
Todo en la amada
Alfonso Albalá ( España,
1924 - 1974 )
Tránsitos
Emilio Prados ( España, 1899 - 1962 )
Tu cuerpo que deseo y que
rechazo...José
María Fonollosa ( España, 1922 -
1991 )
Tú en el alto balcón de tu
silencio
Josefina De La Torre ( España, 1907 - 2002 )
Tú me gustas total, entera y
todaCésar Díaz
Martínez (
Venezuela )
Un roce breve, fugitivo...
Clara Díaz Pascual ( España )
Visión de las sirenas
Jesús Hilario Tundidor ( España, 1935 )
Y tú, amor mío...
Carlos Barral ( España, 1928 - 1989 )
Yo soy la amada
Luzmaría Jiménez Faro ( España )
Ahora que te quiero
Ahora que te
quiero
ahora que te quiero todavía,
ahora que te espero,
ahora,
amada mía,
burbuja de deseo, melodía
real como soñada
que bailas fantasía en el vacío,
amada, amada,
amada,
jardín de luz sombrío,
tangible como estatua de rocío,
quisiera que el olvido,
sicario de la muerte vaporoso,
tu ser tan
conocido,
me hiciese nebuloso
vacío, borrado, neblinoso.
Quisiera así olvidarte,
quisiera así poder desconocerte,
quisiera
así velarte,
poder desvanecerte,
para poder volver a conocerte.
MARC SIL
( España )
Al caballero de la rosa
En su abrazo yo abrazaba todas las rosas:
las rosas de la piedra y las
del sueño,
las rosas del torrente y las del vino,
las furibundas rosas
cinceladas
sobre el cráneo del sol, en ajetreo continuo;
las de
apretada nieve, rosas, con que ciño
mi frente en un círculo de llamas;
y las implacables que coronan
la espina de la rosa;
las que disgrega
el éxtasis en torno
a los banquetes del amor, y las que llueven
ceniza
y agonía
sobre la faz del moribundo;
las rosas del poema y las del
humo,
las rosas del rosario y las del tigre,
las invisibles rosas de
mi sangre y las azules
que hará brotar mi muerte,
mi terraza barrida y
la brisa de las rosas
entrando por los balaustres de la tarde;
las
rosas que treparon la escalera,
y la que se prendió a la cerradura
al
él cerrar la puerta;
las rosas de su sexo y de su pie
restañadas y aún
tibias sobre el lienzo
alimenticio y lechal de la mañana,
las rosas
del que llegó y aún no se ha ido;
en sus brazos yo las abrazaba:
la
lacerante rosa aún no podada
que balancea su olvido sobre el tallo;
y
la incomparable que perdura
en todo lo que fua, o pudo no haber sido;
la rosa desnuda de la rosa.
ROSARIO FERRÉ
( Puerto Rico, 1938 )
Amor
salvaje
¡Ah, qué
nidada de caricias salvajes descubrí!
Guardadas en tu bosque desde el
alba del mundo,
esperaban la mano que llegara a arrancarlas,
la mirada
que las volcara sobre tus venas todas,
el temblor que iniciara tu espasmo
y tu locura.
Vaivén en tus pupilas despertadas,
ojos que danzan al ritmo de los
hombros,
larga piel en su raíz estremecida,
la ansiosa estalactita del
deseo,
caracol que se incrusta en las orejas;
tus ojos súbitos,
terribles. ¡Ah tus ojos!
Y locura, embeleso y más locura.
¡Pantera que se escapa, cervatilla rendida,
la sierpe envolvente de
tus brazos,
abrazo de mil lianas zarpadoras,
largo césped donde los
senos nacen,
ensenada candente de los muslos,
playa con la blanca
tersura de tu vientre.
Y locura, ternura y más locura.
Cadencia resonante de músicas selváticas,
tambor noctambulario suena
sobre tu espalda,
la flauta imperceptible del suspiro,
largos gemidos
de destrozados labios,
y el grito sempiterno tan guardado,
al fin la
noche rompe en agudos pedazos.
Y locura, cadencia y más locura.
Cavernas, grutas, lagos, musgos leves;
hongos colgantes, zarzas en tu
boca;
frutos ignotos, zumos descubiertos;
mieses en la alborada, sed
que ya se apaga;
venas que se rebelan, sangre libertada;
yegua
ululante, jinete que espolea.
Y locura, locura y más locura.
¡Ah qué nidada de caricias salvajes descubrí!
¡Y qué voces intactas
en tus prístinos fondos!
¡Y qué flores que se abren al tacto de mis
manos!
Salvaje mía; ¡ámame así, envuélveme en tu bruma!
¡Y bebamos del
manantial de esta locura primitiva!
LUIS ZALAMEA
BORDA ( Colombia, 1921 )
Amoreto
V
Quiero ver en
tus ojos el destello,
la inquietud de mi fibra, el rocío
en tus manos
asidas a mi río,
el recodo en que habita lo más bello.
Quiero ser en la sangre de tu sello
hoja hueva en el vaso antes
vacío,
ser, amor, tu sabor en el estío,
la delicia en el pulso de tu
cuello.
Quiero andar tu sudor y tu saliva,
atreverme a probar el agua viva
que en tu beso refleja la dulzura
del estanque aromado y su tersura;
agua rauda y ardiente que cautiva
brillo de agua que colma mi hendidura.
ETHEL KRAUZE
( México, 1954 )
Así es ella, me dije; es la alegría...
Así es ella, me dije; es la alegría
remota y honda que de pronto llega
a despejar el nudo que se debe
desanudar en la penumbra inquieta.
Noche y albor, me dije,
todo llegó a mi corazón por ella;
llegó el sabor oculto del deseo,
el presagio de ardor que en mí
resuena.
Es mi cuerpo, me dije,
reconociendo su esplendor en ella,
el bosque entero de mi sangre, el pulso
y el latido secreto de su
fuerza.
La imagen que conservo
de las verdes raíces de mi tierra;
ella es el tiempo mío, el del verano
en el regazo inmóvil de la
siesta.
Así mismo, me dije,
es
su fulgor herido en la belleza,
ella es el largo trecho recorrido
surtiéndose de entraña y
sementera.
Ella es así, me dije,
callado abrigo que abrigó mis huellas,
el justo sueño que escogí en la lucha,
la libertad por la que canto
es ella!
ELVIO ROMERO
( Paraguay, 1926 )
Cada mañana
Cada mañana el mismo
asombro, siempre nuevo:
el ver lo natural
que
es para ti tu cuerpo.
Consabidas minucias
del rito del aseo,
que imperceptiblemente
elevas al misterio.
Desde mis ajimeces
vigilo tus linderos:
revuelas como un ángel
sobre tus mismos pechos.
Tu humedad se disputan
la juncia y el espliego.
¡Ay, frescura de
aljibe
y calor de sesteo!.
En mis blandas murallas
aprisionado, veo
el hábito sencillo
que
tienes de tu cuerpo.
Resuelves la materia
en puro movimiento;
cada escorzo insinúa
un ritmo en el espejo.
El repetido aire
que modela tus gestos,
es en ti cristalino
pero en mí es espeso.
De tu cuello desnudo
nace un hondo venero;
de tus brazos en alto,
la mimbre de tu pelo.
Al alba, cuando mido
tu distancia, no entiendo
la natural
costumbre
que es para ti tu cuerpo.
RAFAEL GUILLÉN
( España, 1933 )
Contraespionaje I
no le digas a nadie que he vuelto a tus jardines
escóndeme bajo tu cuello
de ángel
en tu pelo de bruma
en tus ojos de marzo
vengo huyendo hasta la piel de tus murallas
la soledad me sigue muy
de cerca
ocúltame bajo tu permanente desnudez
en tu mano profunda
en tu
llanto perfecto
en tu saliva sabia
preguntan quién ha subvertido este infiel corazón
sé que no me
hallarán:
la luz lo ciega todo
GASPAR AGUILERA DÍAZ ( México, 1947 )
Desnudo
Su cuerpo resonaba en el
espejo
vertebrado en imágenes distantes:
uno y múltiple, espeso, de
reflejo
reverso ahora de inmediato antes.
Entraba de anterior huida
al dejo
de sí mismo, en retornos palpitantes,
retenido, disperso, al
entrecejo
de dos voces, dos ojos, dos instantes.
Toda su ausencia estaba -en
su presencia-
dilatada hasta el próximo asidero
del comienzo inminente
de otra ausencia:
rumbo intacto de espacio
sin sendero
al inmóvil azar de su querencia
¡estatua de su cuerpo
venidero!
MARIANO BRULL
( Cuba, 1891 - 1956 )
El beso
Se iluminó la estancia
de una venusta gracia
cuando acerqué a tu boca la mía temblorosa,
mientras por tierra y cielo relampagueó mi audacia
cortándole a la
vida su más intacta rosa.
¿Qué jugo, di, qué jugo
el corazón invoca
tiene como tus labios tan íntimos dulzores?
Mujer, dime: ¿Qué abejas buscaron en qué flores
las mieles trasegadas
al panal de tu boca?
¡Oh, beso! con la
gloria de tu emoción celeste
-comunión de alma y boca, brasa y
diafanidad-
abriste en el más puro de los espasmos: Este,
a
nuestro barro efímero rutas de eternidad.
Tu labio, jardín donde
la fiebre es jardinera;
botón de calentura mi labio nunca ahíto,
fundiéronse en las llagas de la inmortal hoguera
para beberse juntos
de un beso el infinito.
FLAVIO HERRERA (
Guatemala )
El
convite
Lo
que hallaste en la mesa, justamente,
no fue sino el sabor de mi
ternura;
un fruto sabio, un pan sin amargura,
y el agua de la vida
allí presente.
Junté las manos y elevé la frente
para darte el amor, en la
clausura
del corazón recóndito; en la albura
de la mesa ofrecida
humanamente.
Toma de este manjar y que este vino
sea, en el dulce vaso
diamantino,
la primera señal de nuestra alianza.
Yo soy la vida y tú el amor. Y el fruto
del encarnado amor, en el
minuto
cuajó la eternidad de su esperanza.
GERMÁN PARDO GARCÍA
( Colombia, 1902 - 1991 )
El lunar
Ni el candor de tu
rostro, que revela
que tu sensible corazón dormita,
ni tu mórbido
seno que palpita,
ni tu inocente gracia que consuela;
ni tus brillantes ojos
de gacela,
ni tu boca de grana, urna bendita
donde un beso parece
que se agita
cual mariposa que vagar anhela,
inspiran más al alma
enamorada,
por tus encantos celestiales loca
ya tu yugo hace
tiempo encadenada,
que ese lunar que a
adoración provoca...,
¡pequeña, fugitiva pincelada
que el Amor
quiso dar junto a tu boca!
NICOLÁS AUGUSTO
GONZÁLEZ ( Ecuador )
El secreto
A orillas de la fábula,
secretamente mía,
desde el árbol de sangre donde nace el latido
que se asoma a tu pulso, tu lengua, flor mojada,
era un sésamo oculto
para el paisaje mórbido
de tu floral desnudo, desgajado en pudores
y amorosas laderas silvestres, en la sombra
de tus senos en vilo,
colmenas del enjambre
cuyo vuelo guiaba el beso más antiguo.
Sempiternas colinas con
pétalos y zumos,
el sí y el no acertaban, dudoso de tu aroma;
áureo botín de besos, acosadas axilas,
fugacísima imagen traída en
tus relámpagos,
abriéndome entre lirios palomas y moluscos.
Y tú, ya casi un claro
de luna en tus pestañas,
arcángel sin edad eras sencillamente.
Y
acueducto sin lluvia, la luz del arco iris
nos volcaba el secreto
flamígero del beso,
la soledad abriendo a nuestras almas juntas
donde las aves urden sus alcobas de trinos.
¡Oh amada mía! Siempre
tu inaccesible cumbre;
y ya en ti, me despeño virgíneamente tuyo,
cuando el aire y el río te huelen desde cerca
el tatuaje invisible de
la piel de tu aroma.
Y entonces, voy bajando
por la rampa del grito,
del fulgor y la piedra, del viento y de la
nieve;
ave soy rubricando con el vuelo las cumbres;
Ángel Caído
soy recluido en tus ojos,
mordiendo en tu cabello sus pendulares
frutos,
desplegando en mi torso su funeral bandera,
tu ardiente
cordillera midiendo con mis brazos...
Con mi equinoccio envuelvo tus
claros hemisferios
de antípodas caricias, cuando exploran mis besos
la tibia sangre nómada de tus venas azules.
La luna era el
ex-libris del éxtasis nocturno,
tallo de flor nacido de tu propia
semilla,
soledad sin los árboles que sostienen el cielo,
la
delicia ignorando de beber en tu lengua,
como la piedra ignora el
lenguaje del pájaro.
Si el beso no era un
símbolo creado en tu homenaje,
su corola en tu hálito tuvo pétalos
dulces
para impregnar la tierra con mieles suficientes
cuyo dulzor
brotaba de la raíz del mundo.
Te conocí en el lecho
mineral del planeta,
mientras tú apaciguabas la luz en la montaña...
Cósmicamente mía... Norte, Sur, Este, Oeste,
nupciales, cuatro
vientos te velaban el sueño.
ADRIANO DEL VALLE
( España, 1895 - 1957 )
El umbral
Mírala aquí delante.
Es la playa donde empieza el extraño
mar de
la realidad. Toma su mano breve
y déjate llevar sin preguntar.
Esta mirada clara
ya la habías soñado; este cabello
rubio
tiene la luz de tu ilusión más niña,
y, sin embargo, nada se parece.
No te sirve, ahora tienes
que comenzar por la primera letra.
Anda, llama a tus sueños, amánsalos, resígnalos
a fermentar ya
hacerse de verdad.
Y tú, sal de tu miedo
antiguo, corazón, pasa el umbral
sin
agacharte, ten valor para la dicha,
acepta la hermosura; ya eres
hombre.
Échate a las espaldas
tu cariño empeñado en ser amor,
tu
ceguedad, tu mundo; toca a Dios en su peso,
única voz que de El
podrás sentir.
Anda, obedece y calla,
porque para eso fuiste siempre niño
bueno y sumiso; haciendo la costumbre y el símbolo
de esta nueva
obediencia más profunda.
Sí, ahora eres digno
de la vida. Hasta ella te ha elevado
tu
soñar doloroso de adolescencia, como
una oración que pide lo que
ignora.
Y no por prepararte
-ya ves todo qué extraño, qué distinto-,
sino por esa gota de nobleza en los ojos
con que vas a aprender la
realidad.
JOSÉ MARÍA VALVERDE
( España, 1926 )
Elegía sin nombre
Mas ¿que importan a mi vida las
playas del mundo?
Es ésta solamente quien clava mi
memoria
Luis Cernuda
Descalza arena y mar
desnudo.
Mar desnudo, impaciente, mirándose en el cielo.
El cielo
continuándose a sí mismo,
persiguiendo su azul sin encontrarlo
nunca definitivo, destilado.
Yo andaba por la arena
demasiado ligero,
demasiado dios trémulo para mis soledades,
hijo
del esperanto de todas las gargantas,
pródigo de miradas blancas, sin
vuelo fijo.
Se hacían las gaviotas,
se deshacían las nubes
y tornaban las olas a embestir a la orilla.
(Tanta batalla blanca
de espumas desatadas
era para cuajar en una sola concha,
sin
imagen de nieve ni sal pulida y dura.)
El viento henchía sus
velas de un vigor invisible,
danzaba olvidadizo, despedido,
encontrado
y tú eras tú.
yo aún no te había visto.
Hijo de mi presente
-fresco niño de olvido-
la sangre me traía noticias de las manos.
Sabía dividir la vida de mi cuerpo
como el canto en estrofas:
Cabeza libre, hombros,
pecho,
muslos y piernas estrenadas,
por dentro me iba una tristeza
de lejanas
de extraviadas palomas,
de perdidas palabras más allá
del silencio,
hechas de alas en polvo de mariposas
y de rosas
cenizas ausentes de la noche...
Girasol en los sueños: aún no te
había visto.
Imán. Clavel vivido en detenido gesto.
Tú no eras tú.
Yo andaba, andaba,
andaba
en un andar en andas más frágil que yo mismo,
con una
ingravidez transparente y dormida
suelto de mis recuerdos con el
ombligo al viento...
Mi sombra iba a mi lado sin pies para seguirme
mi sombra se caía, rota, inútil y magra;
como un pez sin espinas mi
sombra iba a mi lado,
como un perro de sombras
tan pobre que ni un
perro de sombras le ladraba.
¡Ya es mucho siempre,
siempre, ya es demasiado
siempre
mi lámpara de arcilla!
¡Ya es
mucho parecerme a mis pálidas manos
y a mi frente clavada por un amor
inmenso,
frutecido de nombres, sin identificarse
con la luz que
recorta las cosas agriamente!
¡Ya es mucho unir los labios para que
no se escape
Y huya y se desvanezca
mi secreto de carne, mi
secreto de lágrimas,
mi beso entrecortado!
Iba yo. Tú venías,
aunque tu cuerpo bello reposara tendido.
Tú avanzabas, amor, te
empujaba el destino,
como empuja a las velas el titánico viento
de
hombros estremecidos.
Te empujaban la vida, y
la tierra, y la muerte
y unas manos que pueden más que nosotros
mismos:
unas manos que pueden unirnos y arrancarnos
y frotar
nuestros ojos con el zumo de anémonas...
La sal y el yodo eran;
eran la sal y el alga;
eran, y nada más, yo te digo que eran
en el
preciso instante de ser.
Porque antes de que el sol terminara su
escena
y la noche moviera su tramoya de sombras,
te vi al fin
frente a frente,
seda y acero cables nos tendió la mirada.
(Mis
dedos sin moverse repasaban en sueños
tus cabellos endrinos.)
Así anduvimos luego uno
al lado del otro,
y pude descubrir que era tu cuerpo alegre
una
cosa que crece como una llamarada
que desafía al viento,
mástil,
columna, torre, en ritmo de estatura
y era la primavera inquieta de
tu sangre
una música presa en tus quemadas carnes.
Luz de soles remotos,
perdidos en la noche morada de los siglos,
venía a acrisolarse en tus
ojos oblicuos,
rasgados levemente,
con esa indiferencia que
levanta las cejas.
Nadabas,
yo quería
amarte con un pecho
parecido al del agua; que atravesaras ágil,
fugaz, sin fatigarte. Tenías y aún las tienes
las uñas ovaladas,
metal casi cristal en la garganta
que da su timbre fresco sin
quebrarse.
Sé que ya la paz no es mía:
te trajeron las olas
que
venían ¿de dónde? que son inquietas siempre;
que te vas ya por ellas
o sobre las arenas,
que el viento te conduce
como a un árbol que
crece con musicales hojas.
Sé que vives y alientas
con un alma distinta cada vez que respiras.
Y yo con mi alma única,
invariable y segura,
con mi barbilla triste en la flor de las manos,
con un libro entreabierto sobre las piernas quietas,
te estoy
queriendo más,
te estoy amando en sombras,
en una gran tristeza
caída de las nubes,
en una gran tristeza de remos mutilados,
de
carbón y cenizas sobre alas derrotadas...
Te he alimentado tanto
de mi luz sin estrías
que ya no puedo más con tu belleza dentro,
que hiere mis entrañas y me rasga la carne
como anzuelo que hiere la
mejilla por dentro.
Yo te doy a la vida entera del poema:
no me
avergüenzo de mi gran fracaso,
que de este limo oscuro de lágrimas
sin preces
naces -dalia del aire- más desnuda que el mar,
más
abierta que el cielo;
más eterna que ese destino que empujaba
tu
presencia a la mía,
mi dolor a tu gozo.
¿Sabes?
Me iré mañana, me perderé bogando
en un barco de sombras,
entre moradas olas y cantos marineros,
bajo un silencio cósmico,
grave y fosforescente...
Y entre mis labios
tristes se mecerá tu nombre,
que no me servirá para llamarte
Y lo
pronuncio siempre para endulzar mi sangre,
canción inútil siempre,
inútil, siempre inútil,
inútilmente siempre.
Los pechos de la muerte
me alimentan la vida.
EMILIO BALLAGAS
( Cuba, 1908 - 1954 )
En medio de a noche
En medio de la noche
te desvelas
y adivinas mi rostro dormido.
Apoyas tu boca sobre
mi frente,
dejas, como al descuido,
tu mano sobre mi pecho,
hasta que nuestros latidos se acompasan.
En medio de la noche,
hostil y oscura,
me guardas,
estremeciéndote a cada
movimiento
que hago,
hasta que, femenina y desvalida,
te quedas soñando
como un ángel cansado.
Por la mañana
tengo
una alegría que me vive
todo el día, que me asiste
todo el día,
sin saber
a qué se debe,
por qué nace.
JOSÉ BATLLO
( España, 1939 )
En silencio
Así, calladamente
sin grandes estridencias
dejaré de quererte
casi sin darte cuenta.
Dejaré de sentirme
muñeca, entre tus brazos,
dejaré de temblar
por tus caricias
nuevas.
Y así... pausadamente
como llega la noche
aún estando a tu lado
comenzaré a estar
muerta.
CARMEN SÁNCHEZ IBÁÑEZ
( España, 1936 )
Fe
La tienes en tus brazos.
Duermes, y la sueñas,
y sabes que es
un sueño
todo lo que de ella ves.
Y el corazón se te acelera,
tiembla de fe.
Sólo una cosa
que le propones
te da la prueba
de que te querrá despierto.
Admite que es un sueño
lo que dices de
ella,
pero que por debajo
del sueño, es ella
la que tienes en tus
brazos.
GABRIEL FERRATER, ( España, 1922
- 1972 )
Freudiano
Una noche después
soñé que eras mi padre,
reclinabas tu cabeza en
mi pecho,
y eras también mi hermano.
Como en un ábaco
pasabas
las cuentas de mi gargantilla
colmando las arcas del deseo
¡Mea
culpa!
EVA MACÍAS
( México, 1944 )
Genital
Hay hombres hombres que parecen manchas sin contorno,
sacados de sus conchas dicen sí, sí; pero Ella es poderosa
y sus
extremidades abarcan hasta el lenguaje de las flores.
A medida que fui creciendo desnudé la cama de
insectos y plantas.
Hubiese bastado un pestañeo para abandonarlo
todo y entregarme
al sumiso roce de su cuerpo. La menor alteración del espejo
hace
que tu imagen me trasporte hasta el sueño del vaso.
La muerte empieza por
el sexo, la naturaleza es un continuo
drama original. Todos los
mortales lo son por el sexo.
Nos hemos conformado con el coro de un montón
de carne muerta,
siempre enfermos de las cosas. Cada uno de los
comensales
dispone de un cuchillo bien afilado, ¿por qué no utilizarlo?
La belleza descarga todas sus armas en medio del alma.
Lo
desconocido es un obispo nervioso que no sabe dormir.
He escuchado tantas cosas sobre el infierno, pero ninguna
me la
tomé en serio, la palabra poética no necesita
ser purificada.
AUGUSTO HERNÁNDEZ
( España )
Gotas de imposible
Estabas junto a mí. Tu
aliento blando
me embriagaba aromoso,
sonreía la fresa de tus
labios,
amor vagaba en torno.
Casi mi mano se posó en
tu mano,
mi cabeza en tu hombro
se aquietó como un niño consentido
sobre un encaje blondo.
Rocé la nieve de tu
frente,
cálido nido sedeño y hondo.
Pensé que estabas lejos, tan
distante
como un país remoto,
que tus manos jamás se posarían
sobre mi sien de peregrino loco,
que eras a mí una gota de imposible
de un dulce mar ignoto.
Entonces recogido y
solitario,
de la noche en el fondo,
como un licor amargo que
desborda,
me embriagué de sollozos.
FERNANDO PRIETO ARANGO
( Colombia )
Haruko Sam
Amante silenciosa de
una noche,
fina muñeca de marfil antiguo,
cuando mi cuerpo duerma
el sueño largo
recuerda al extranjero que te quiso.
Mi alma estará en la
sombra, solitaria,
y en la neblina viviré perdido.
Entreabre las
ventanas, y tu lámpara
será como una estrella en el camino.
Entonces en las alas de
los pájaros
y en el rayo de luz vendrá mi espíritu
a reír en el
agua de la fuente
y a encender la mañana de mis hijos.
JUAN GUZMÁN CRUCHAGA
( Chile, 1896 - 1979 )
He dejado mis palabras
He dejado mis palabras
entre la flor del almendro
y he dormido mis
caricias
azules en tu recuerdo.
Se ha recogido en mi mano
la desnudez de tus besos:
Abril, tu
alegría es dulce
como trino de oro y verso.
Cuando tú me veas anclada
en el anillo de un puerto,
Abril,
Abril, vestirás
de castidad nuestro encuentro.
STELLA SIERRA
( Panamá, 1917 - 1997 )
Hermano corazón
Para A. García Solano
Mi corazón se muere de
ternura:
es buen mozo y te ama: sus veinte años
han presentido ya los
desengaños
y han probado la hiel de la Amargura.
Tú tienes que quererle,
si eres pura,
si no te alegran los ajenos daños;
si a los enfermos tímidos o
huraños
les das la comunión de tu hermosura.
Como una casa de salud
es tu alma,
donde van a beber la ansiada calma
-cabe la fuente de tu amor
cristiano-
los enfermos de amor... Ya que eres buena,
deja que duerma
el ave de mi pena
en la rosada palma de tu mano.
RAFAEL CARDONA
( Costa Rica, 1892 - 1973 )
Hiperestesia
Tiemblas, y tus
cabellos locos se desparraman
como garfios de sombra en tu carne
jugosa.
Mis manos, hogueras de cinco llamas, laman
el mármol de tu
cuerpo hasta ponerlo al rosa.
Extendida a mis pies
como una blanca alfombra
tiemblas; con tus temblores versos de
angustia plasmo.
Tu labio es un sendero de sangre hacia el espasmo;
eres un surtidor de fiebre entre la sombra.
Mi boca como un sello
en tu boca se graba
y en las morbideces de tu seno caldeado
mi
pupila, ampolleta de vértigos, se clava.
Hincado en ti, como una
garra de escalofrío,
me extinguiré, mis nervios como un humo rosado
irán en espirales de besos al vacío.
MIGUEL ÁNGEL LEÓN
( Ecuador, 1900 - 1942 )
Imposible
Yo soñé con tu beso, como sueñan los niños
con los caballos grandes y los ferrocarriles
que ven en las
vidrieras. Yo soñé con tu beso
y fue un sueño imposible.
Yo soñé con un viaje de alegres
desposados
-más allá de los mares, por lejanos países-,
y aquel viaje de
goces, maravilloso y único,
era un viaje imposible.
Yo soñé el hondo sueño de la risa de
un hijo
-un hijo que tuviera tus negros ojos tristes-
Pero aquel sueño
ardiente del hijo de nosotros
fue también imposible.
Soñé así con tu beso, con un viaje y
un hijo
y mi amor por tus aguas navegó como un cisne.
Fueron tres
esperanzas las esperanzas mías
y las tres imposibles.
Del bosque de mis sueños queda apenas
un árbol.
Junto a él, cada noche, mi corazón repite,
cuando intento
cerrarte la puerta del recuerdo,
una sola palabra: imposible, imposible.
Inmortalidad
Hospes comesque corporis
Adriano
Te amé tanto que, un día, abandonó mi alma
la
cárcel de su cuerpo. Errátil, y no hallándote,
regresó a la morada
que yo daba por mía.
Mas no estaba mi cuerpo donde allí lo dejara,
sino el tuyo, vastísimo, como un templo de oro.
y no le diste asilo.
Y ya no tendré muerte.
VICENTE NÚÑEZ
( España )
Invocación
Ven, intacta y coqueta epifanía,
confortando mi amor que hoy está
yerto
a calentar mi tálamo desierto,
mi tálamo bohemio que se
enfría.
Abrígame en tu cuerpo, amada mía.
Arrópame en halagos, si
despierto
de la mañana al resplandor incierto,
que sorprende
velando mi agonía.
Empalaga mis labios con las mieles,
olorosas a mirtos y a
claveles,
que en tu boca chorrea el entusiasmo;
y fundiendo pesares y dolores
en una libre conjunción de amores
gocemos del placer en el espasmo.
JOSÉ MARÍA FACHA (México, 1879-1957)
La exquisita amiga
A una dama extranjera,
cuya fragancia aún
flota en mis recuerdos como el aroma del té
que
se evapora de mi taza.
¡Oh Maestro, tengo una
amiga exquisita!
Su boca es dulce como los cerezos de Nao Kao;
son
sus pestañas suaves como el plumón, de seda;
tiene su cuello el ritmo
y la gracia del cisne;
y al andar, fina y grácil, con ondulante
talle,
no sé si un ritual danza,
si es una rama en flor que mece
el aire,
o si es una mariposa que vuela.
Cuando la ven mis ojos
es como si alcanzara la irrealidad de un sueño.
Y cuando ríe, y su
voz armoniosa,
como divino pájaro vuela de su garganta,
quisiera
que esa diosa de frágil porcelana,
no fuera una extranjera
nacida
bajo el cielo de Occidente
aunque de ilustre alcurnia se cuentan de
ella historias...
¡Ah, Maestro, qué
cultura
la de esos mundos de Occidente!
En la terraza de las Mil
Caricias
ayer, con labios húmedos,
el fénix del amor nos
sorprendió en su vuelo.
por único ropaje su divina figura
envuelta
sólo estaba con la túnica de oro
con que la prestigiaba el pincel del
crepúsculo.
Toda la tarde el Kiosco
de los Besos
resonó la armonía.
Los pájaros callaron para escuchar
la música.
Y yo esperé la noche,
¡que descendió sin luna!
para abrir el más íntimo Cofre de los
Secretos.
Pues no hubiera querido, bajo luz indiscreta,
que el
astro nacarado hubiese sorprendido
cuán pequeñita era ante tanta
cultura
mi desnuda ignorancia.
¡Ah, Maestro, tengo una
amiga exquisita!
REGINO PEDROSO
( Cuba, 1896 - 1983 )
La hora unciosa
Vengo cansado y triste,
buscando los divinos
remansos de tus ojos para lavar mi herida:
¡traigo en el pecho el sello sangriento de la vida;
y en la sandalia
el polvo de todos los caminos!
Pongo en tus manos
castas el alma dolorida,
que ha menester de ingenuos ensueños
cristalinos...
¡Y sean tus afectos los astros vespertinos,
ungiendo de dulzura la tarde de mi vida!
Y así como sentiste, en
horas invernales,
errantes golondrinas llamar a tus cristales,
en
busca del amparo piadoso de tu seno;
¡hoy llegan mis amores,
como aves extraviadas,
para anidar el dulce calor de tus miradas,
ansiosas de un refugio: tu espíritu sereno...!
ENRIQUE BIANCHI
( Uruguay )
Llegué en mi silencio
Llegué en silencio; su cristal vertía
en clara voz el surtidor
doliente,
ya un dulce beso de melancolía
temblar mi rostro
contemplé en la fuente.
Nadie pasaba. En el confín espeso
su voz de sombra susurró la
brisa;
salió de un árbol suspirante beso
cual una pena sobre una
sonrisa.
Mi pecho tiene una nostalgia vieja
y halla un amor en su pesar
suave.
-Todo en un sueño, como el sol, se aleja;
dice en la fronda su cantar un ave.
Dolor paciente que dolor no
deja...
-¡La mayor pena es la que no se sabe!
RAFAEL LASSO DE LA VEGA
( España, 1890 - 1959 )
Los besos que yo te di
Aunque entres en una alberca
de agua fría y arrayanes
que tenga
disuelta dentro
columnas, estrellas y aires;
aunque con buriles
nuevos
acuñen nueva tu imagen,
y un sayón bartolomeo
piel a tú
digas te arranque;
aunque nacieras de nuevo
en el vientre de tu
madre
y el Padre Santo de Roma
de nuevo te acristianase,
los
besos que yo te di
no te los quitará nadie,
que vas reluciendo
besos
pregonando su linaje,
brillando y oscureciendo
como una
luna en dos fases
que nunca mata el creciente
porque no quiere el
menguante.
La saliva de mis besos
no se te pegó a la carne.
Si se te
hubiera pegado
arrancarla, fuera fácil
y pisotearla luego,
cosas de buenos amantes;
pero no fue pegadiza,
no fue postura de
traje
que en una feria, se compra
y en otra feria, se añade,
y
cuando pesa, se cambia
conforme cambia el paisaje,
como un catorce
de mayo
que no quiere sofocarse.
La saliva de mis besos
te
cimentó, la raigambre,
la respiraron tus huesos,
la comieron tus
ijares
te clareó las entrañas,
te hizo crecer y esponjarte
como
crecen y se esponjan
los chopos al agua fácil;
lo canijo de tu
vida
tuvo un apoyo de jaspe:
mis besos; el hambre tuyo
dejó de
ser malas hambres
con mis besos; el horizonte
sin causa, tuvo su
lumbre,
mis besos. Tu palabra sin engarce
tuvo gramática, besos,
besos,
porque no son más que frases
de un evangelio de lumbre
con nuestras dos iniciales.
Qué tienes que no tuvieras
metido en
mis besos antes;
eras cañamazo doble,
hilaza que se deshace
y
en los labios tuve agujas
divinas para bordarte,
de la camisa al
pañuelo,
desde el tuétano a la carne.
Si alguien te advirtió algún
día,
no fue por ti, tú lo sabes,
que tú eras limo dormido
que
no acierta ni a cuajarse;
fue porque yo te mostré
en un joyel
delirante
en este panal de besos
alto, denso, claro y grave
y
dentro de él relucías
tú, que eras tristeza mate,
como reluce una
Hostia
que acaba de consagrarse,
que es pan y no es pan, porque
se amasó de eternidades.
Ahora, quítate mis besos,
dáte alquitrán
y vinagre,
entra en un río de greda
o en una selva de sables,
busca otros besos que pongan
a los míos antifaces.
Qué habrías de
conseguir? Di,
si habrían de machacarte
y en el polvo de tus
huesos
estarían mis señales.
El agua se irá burlada,
la lumbre quemará en balde,
se
mellarán las navajas,
caerán las caretas fáciles,
te señalarán
cien dedos,
dianas de los cobardes,
te gastarás, en mentidos
esfuerzos de escaparte
a aun allí, estarán mis besos,
fundidos en
tu raigambre.
Y hasta el día que la tierra
con otra tierra te
tape,
por debajo del montón
mis besos han de notarse,
vivos,
aunque te hayas muerto,
nuevos, aunque tú los gastes,
calientes,
aunque te enfríes,
verdad, aunque los negaste,
para que Dios te
conozca
por lo bizarro del traje
y sean los besos míos
al cabo,
los que te salven.
JOSÉ ANTONIO OCHAÍTA ( España,
1905 - 1973 )
Mayo de los amantes...
Mayo de los amantes,
madurador de labios, nuevo fruto,
cómo rebosa el agua de mis ojos en
sombra
por donde las estrellas calan en lo profundo.
Mi voz está
volcando
su cesto de manzanas en júbilo.
Tacto de la caricia,
mira cómo renace la yerba de mis dedos.
y este ritmo en desorden que
el corazón orde
pone en fuga las aves del desnudo en que beb
agua
ciega del beso: verbo mudo.
Mayo de los amantes,
enamoradamente te
descubro.
TRINA MERCADER
( España, 1919 )
Me llevas hasta donde...
Me llevas hasta donde
tu piel se hace jardín en la sombra.
Tus párpados son suaves
como lo es la albahaca que crece sobre el pecho.
Van a parar
a ti
las tardes que son luna impacientada,
los labios que en el
pacharán se escancian
decididos a ahogarse
o a que tú les arrojes
el salvavidas de
tu boca
sin el que he comenzado
la travesía
de reconocerte.
FERMÍN GÓMEZ España, 1966
Melancolía
Es otoño. Estoy solo. Pienso en ti. Caen las hojas...
Vaga la melodía
de una pena que ignoro.
El viento, que estremece marchitadas congojas,
pasa como un
recuerdo por el bosque sonoro.
Es otoño. Parece que un ensueño renuncia,
que un desencanto
esparce las efímeras galas...
Una dorada pompa que a la muerte
renuncia,
con el paisaje mustio forma una lluvia de alas.
Estoy solo. Se siente que el otoño es un viaje...
Hay un alma que
llora porque alguien se despide.
Este ocaso de plantas que enrojece
el paisaje,
con mi desalentada serenidad coincide.
Pienso en ti, oyendo un canto perdido en lontananza.
Cantan las
cosas muertas, la música del vuelo.
Como mi amor caído conserva su
esperanza,
la floresta marchita quiere subir al cielo.
Caen las hojas. La selva trágica se derrumba.
Desparrámase un
sauce cual generosa fuente.
Las hojas más diversas tienen la misma
tumba,
y entremezcladas ruedan en un mismo torrente.
Tú eres como una brisa por mi huerto sonoro.
Mi vida es una rama
que, a tu paso, deshojas;
y que tendrá a los vientos un destino que
ignoro.
Es otoño. Estoy solo. Pienso en ti. Caen las hojas...
PEDRO MIGUEL OBLIGADO
( Argentina, 1898 - 1967 )
Muchacha que se despinta las uñas al borde de la cama
Sentada al borde de la cama, la muchacha
se despinta las uñas que
se vuelven
color de la acetona, brillantes, inocentes,
color de
que nada ha sucedido.
Está sola en un cuarto sin lámpara
y pende
la bombilla con halo de manzana original.
Se ha frotado los labios
que se vuelven
color de espejo roto.
Con un poco de crema y de
nostalgia
se despinta los párpados, la voz
que se le espesa color
del otro día.
Doblada como un cisne en el exilio
se despinta los
senos, las pestañas,
las cejas que le inventan un arco de ilusión.
Está sola en un cuarto rodeada
por motas de algodón multicolores.
Triste como un cuadro de Renoir.
Cuando hala el cordón de la
bombilla,
el mundo .se despinta por completo.
JOSÉ LUIS VEGA
( Puerto Rico, 1948 )
Muerta de amor
Algas te nacen en la
carne muerta
húmeda de esperar que te despierte
un milagro los
muslos de esa muerte
que el llanto inútil finge que despierta.
Lo mismo da que dejes
bien abierta
la ventana a la noche, que por verte
compadecida
plata de tu suerte
sólo la luna con tu cuerpo acierta.
Desde la boca al
vientre va tu aliento
como una cuchillada desangrando
tu afán de
amor y viudo desconsuelo
y sola, sólo amante
jadeando,
loco de torres, violador el viento
te rapta y lleva sin
camisa al cielo.
CÉSAR GONZÁLEZ RUANO
( España, 1903 - 19?? )
Mundana
Vive para el placer.
Tan solo evoca,
en sus largas y trémulas miradas,
un abismo de
noches desmayadas
de los hambrientos besos de mi boca.
Siente el vaho del
festín. Y se desflora
la cabellera en rubias llamaradas,
mientras
sueña en mis glorias consagradas
a su opulencia de bacante loca.
vive para el placer. Y
en mi locura,
me siento como atado a tu hermosura,
y aplaudo sus
eróticas quimeras.
Porque hay una
expresión del Arte augusto
en la osada turgencia de su busto
y en
la comba imperial de sus caderas!
FRANCISCO ANÍBAL RIU
( España )
Neurosis
Noemí, la pálida pecadora
de los cabellos color de aurora
y
las pupilas de verde mar,
entre cojines de raso lila,
con el
espíritu de Dalila,
deshoja el cáliz de un azahar.
Arde a sus plantas la chimenea
donde la leña chisporrotea
lanzando en torno seco rumor
y alzada tiene su tapa el piano
en
que vagaba su blanca mano
cual mariposa de flor en flor.
Un biombo rojo de seda china
abre sus hojas en una esquina
con
grullas de oro volando en cruz,
y en curva mesa de fina laca
ardiente lámpara se destaca
de la que surge rosada luz.
Blanco abanico y azul sombrilla
con unos guantes del canapé,
mientras en taza de porcelana
hecha con tintes de la mañana
humea
el alma verde del té.
¿Pero qué piensa la hermosa dama
¿Es que su príncipe ya no la ama
como en los días de amor feliz,
o que en los cofres del gabinete,
ya no conserva ningún billete
de los que obtuvo por un desliz?
JULIÁN DEL CASAL
( Cuba, 1863 - 1893 )
Ni tú me debes ni te debo nada...
Ni tú me
debes ni te debo nada.
Un río fuimos. Un espejo franco.
Los dos
bebimos de las aguas claras;
asomamos los dos al vidrio manso.
El mismo
beso nos quemó en los labios,
con el mismo carbón prendido en llama.
Las mismas ilusiones se nos fueron
cuando cantar no quiso más el
alma.
Fuimos río
y espejo, fuimos besos,
y cantamos con hojas y con alas
canciones
de alegría en los espejos.
Hoy
tenemos a mano cuentas claras
que urdieron en silencio nuestros
dedos.
Ni tú me debes ni te debo nada.
GUILLERMO
GÓMEZ BRENES ( Nicaragua, 1930 )
No sé de qué vislumbres de otra
vida llegaste...
No sé de
qué vislumbres de otra vida llegaste,
cuando, arcana, a la noche de
mi fervor viniste.
Eras de otra costumbre más delicada y triste
y
al sólo adivinarte mi vuelo levantaste.
Traías un enigma transmusical, y entraste
mística, con la flor
que al solitario abriste.
y sin la voz, con sólo los ojos me dijiste
el sueño del ensueño que en mi pecho adoraste.
Hoy ni sé como fuese aquel modo divino
que en mi callado anhelo
de amor, hendió el camino
donde jamás me supe y donde más me ignoro.
Sé que estás. Te contemplo, estrella de mi abismo.
y cuanto más
me asombran las brumas de mí mismo
en más profundidades recónditas te
adoro.
CARLOS
SABAT ERCASTY ( Uruguay, 1887 - 1982
)
Nocturno
La
noche nos inventa. Sus amantes,
somos sus preferidos
amantes. Oye
cómo
crece su inmenso pulso derramado.
Aprisiona su informe aroma.
¿Duermes?
Soñamos juntos al labio del abismo.
La noche nos
inventa. Yo te tengo,
ámbar toda. Tú cortas de mi sangre
las
amapolas más lejanas. Bajo
la apasionada luna de tus sienes
advierto que la noche entra en nosotros,
se enardece lo mismo que yo.
¿Sueñas?
Despiertos, sobre el mundo navegamos.
La noche nos
inventa. Va naciendo
de este extremado limbo compartido
una rosa
que embriaga como el jugo
difuso de la muerte. ¡Acude! ¡SálvameI
Salva este eterno instante, de las sombras
detén este latido final.
¿Vives?
Muertos de amor, un lirio nos conduce.
JUAN REJANO
( España, 1903 - 1976 )
Nocturno*
...pero si dejo de soñar
quién nos abriga entonces.
E. Diego
Duermes
calmo tu
pecho
sube y baja
flotamos
rodeados
por el aire
cálido que exhalas
amor sobre tu cuerpo
y el mío
es el Nilo
una línea
oscura
un hilo de agua
ondulada
en silencio llega
hasta tu alma
murmuras
y es de
noche en tus sueños:
el agua quieta
de un lago helado
es de noche y es
invierno
no hay nadie
en este sueño
el dolor
es un punto
que arde
en el fondo de tus ojos
un nudo frío
y rojo
BLANCA STREPPONI
( Argentina, 1952 )
Nocturno de tu boca
Hay lunas en la sombra
que vienen del silencio.
Lunas de sólo sed
que me celan besándome.
Lunas que el espejismo
de vivir me dejaron
para siempre empapado
de verdades tan húmedas,
y tan fieras, como la antigua
sombra del cuerpo
sobre el
cuerpo
en los ríos de la gloria.
Ven y dame la luna-profecía
de tu boca.
Su humedad tan
secreta
que la vida la sueña.
Su pulpa bendecida
por todas las
campanas del ayer.
Ah, tu boca, lentísima
como el tiempo en las horas
primeras
del olvido.
Bajando a las raíces
como buscando lluvias,
subiendo a los dinteles
del día enarbolado
por la mano del día.
Entre todas las lunas
-espejos de las vidas-
las lunas que un
instante
de niebla son verdad
porque el beso las finge
para
siempre perfectas.
Entre todas las lunas
que en la noche se mecen,
agoreras,
voladas
y anunciando su lenta
pasión contra el olvido.
Entre todas las lunas,
yo prefiero y escojo,
aquí junto a los
mares
que me ignoran soñándome;
yo prefiero la luna
de espejos
infinitos
de tu boca y tu boca
enfrentando la copa
del olvido
del mundo.
Que besar es un viejo
ejercicio de asombros,
que heredamos de
todas,
tantas fugas vividas...
Y tú besas. Tu boca
besando dice
«dime
la verdad vencedora
de los besos del tiempo».
LAUREANO ALBÁN
( Costa Rica, 1942 )
Nuestro amor
Nuestro amor no está en
nuestros respectivos
y castos genitales, nuestro amor
tampoco en
nuestra boca, ni en las manos:
todo nuestro amor guárdase con pálpito
bajo la sangre pura de los ojos.
Mi amor, tu amor esperan que la
muerte
se robe los huesos, el diente y la uña,
esperan que en el
valle solamente
tus ojos y mis ojos queden juntos,
mirándose ya
fuera de sus órbitas,
más bien como dos astros, como uno.
CARLOS GERMÁN BELLI
( Perú, 1927 )
Orgullo
De un día para otro tu
seno estacionado
-remanso con hoyuelo- ha empezado a crecer.
Cien
veces me ha sufrido tu pudor agraviado,
y todavía, amiga, no lo puedo
creer.
Ruidoso como un niño,
mi buen humor contrasta
con tu recogimiento de tímida perdiz;
y,
con el tono triste de tu reserva casta
ruidosa como un niña, mi
palabra feliz.
Así mientras me pides
con humilde protesta
para el secreto mutuo mayor intimidad,
yo
quisiera vestirme con mi traje de fiesta
y salir a contarlo por toda
la ciudad.
JOSÉ PEDRONI
( Argentino, 1899 - 1968 )
Plenilunio
A América Lugo
Por la verde alameda, silenciosos,
íbamos ella y yo,
la luna tras los montes ascendía,
y en la fronda
cantaba el ruiseñor.
Y le dije... No sé lo que le dijo
mi temblorosa voz...
En el éter detúvose la luna,
interrumpió su
canto el ruiseñor,
y la amada gentil, turbada y muda,
al cielo interrogó.
¿Sabéis de esas preguntas misteriosas
que una respuesta son ?
Guarda, ¡oh, luna, el secreto de mi alma;
cállalo, ruiseñor!
FABIO FIALLO
( República Dominicana, 1866 - 1942 )
Poema III
Vuelvo en alas
rompiendo las mareas
a calcinar mi espuma ante tu orilla.
Siendo mi pan el rayo y la tormenta
voy descalza en la rosa
primitiva.
¿Qué fuerza, hombre, y
qué misterio tiene
la sangre que te asoma en luz ungida?
¿Qué ardor potente pulsando en tus sienes
me desviste de
angustia en la caricia?
Se yergue un semidiós
en tu pupila
cuando empuñas la brújula del sueño;
y en tu ola ya
extasiada y florecida
me desatas los buitres de los huesos.
Te asisten la violeta y
la serpiente
plegadas en tu sexo y tu guarismo.
Por ti, la piedra
en nardo se me vuelve;
por ti muero en la luz y resucito.
Por ti quemo mis brujas
sentenciales
y en rosa y ponzoña me unjo los pies.
Santiguo mis senos
con miel y caimanes
y en sesgo de sombras aborto la ley.
MARTHA DE ARÉVALO
( Uruguay )
Poema de tu cuerpo
Como una hormiga de
plata
mi voz va recorriendo, lentamente,
hoy que ya no te veo,
el nardo luminoso de tu cuerpo...
Mi voz, que soy yo mismo
en la
presencia de todas las distancias
de tu carne sonora,
que como
flor y como seda
gime cuando mi boca se preludia en besos
en la
brasa anhelante de tus labios,
clavel sangrando en ríos de esperanza
que disuelven la menta del deseo.
En el seno de sombras de esta noche
de otoño
repaso la geometría de tu cuerpo,
hecha de selva y de
marfil,
de brisa que se detiene
y toma una forma intangible
para cantar en brazos y cabello
la sinfonía germinal de un sueño
fundido en el crisol de alguna estrella,
¡tan alta y tan lejana,
que sólo en ti se realizó el milagro
y que no vuelve a realizarse
nunca!
¡Así, toda desnuda,
como tu ausencia y tu presencia juntas
en tus senos votivos,
vigilantes de mi angustia
que busca en cada ofrenda
el relámpago vivo de tu carne
que
estalla en mí
para beber mi aliento!
Entonces, sólo entonces,
tus pestañas me impiden ver tus ojos,
pero sin darme cuenta
de que
en ellos he naufragado íntegro
y que no queda del naufragio
sino
el despojo de mis alas muertas
sobre la arena fría de una playa sin
olas y desierta.
Tú no te entregas nunca:
tu fatiga es tuya
solamente;
la disfrutas muy adentro de ti,
como la vida, no sales
del botón de la promesa;
cuando te das, te quedas en ti misma,
como la nube que, si se hila en agua
para caer sobre la tierra
entera,
es para levantarse de nuevo
y nuevamente ser agua y nube
en el vellón viajero.
Hay islas en tu cuerpo:
las recuerdo una por
una y todas
forman el archipiélago de mis besos
que viven de estar en ti
presentes
o de quemarse en mí para ser tuyos
y modelarte a su
contacto
en el molde sediento de la palabra mía.
Pensar que tú
eres mía,
creer que tú eres mía,
saber que tú eres mía
y sentir
que lo eres,
como es mía la voz que te acaricia,
como es mía esta
sombra que me grita
que es alma para verte.
¡Ah, cómo pudiera ser
mar para quedarme
en la sirena de tu cuerpo!
Ser ola y sal para beber tu cuerpo!
¡Y cómo estoy en ti sin que me veas,
hecho beso y caricia
trashumantes
en la selva de voces de tu carne,
y en tu alma la
nota de silencio!
¡Oh, lágrimas lloradas
en infinitas noches de
angustia de tu cuerpo,
como ésta de otoño en que yo siento
que te
quedas tallada en mi cerebro
en actitud de mármol,
sin sangre, sin
palabras,
presente en el dolor de la distancia,
quieta en la
piedra de mi propio llanto!
Pero al tender los brazos tan cansados
se me escapa como el aliento en que se va la vida
y como luz que
adentro se me apaga.
RICARDO LÓPEZ MÉNDEZ
( México, 1903 - 1989 )
Poema de tus manos
Tus manos son dos
nardos que mi boca
ensortija de besos. en tus manos,
transformose
el manojo de mis penas
en manojos de cantos.
Cuando acarician mi
cabeza negra
hay en mi frente pensamientos blancos.
Surgieron en el mar de
mi agonía
y se tendieron a mi sueño náufrago.
Y no son manos
consteladas -iris
de zafiros, diamantes y topacios-:
son manos que
adornaron las virtudes
con las ásperas joyas del trabajo.
JESÚS ORTA RUIZ
( Cuba, 1922 )
Potra de los cuatro vientos
Muéstrate desnuda
ahora,
que están erectos tus senos
y tienen sus altas combas
suavidad de terciopelo,
y saben a frutas rojas
tus labios color de
sueño,
y tu vientre es una ofrenda
de los más dulces venenos,
donde florece la felpa
en un triángulo perfecto.
Muéstrate desnuda
ahora,
¡potra de los cuatro vientos!
ÁNGEL FACAL
( Uruguay, 1901 - 19..? )
Premonición
...Y sin saber que nos
llegó el momento,
nos quedaremos solos... Habrá como un silencio
tan hondo, que las almas
palpitarán de miedo... Lentamente
mi mano
irá a la tuya, y en mis ojos
fulgirán tus radiantes ojos negros...
Cruzarán los instantes, por milagro... En el cielo
se fugará una
estrella, dejando en su partida
una rúbrica audaz... y el azulejo,
pobre pájaro mudo que no supo de trinos,
gorjeará mil arpegios...
...Después, en el misterio de la noche feliz,
con suavidad de
arrullo, dirás trémula: -Sí...
ERNESTO FERNÁNDEZ
ARRONDO ( Cuba, 1897 - 19..? )
Primavera en Eaton Hastings
Porque te siento lejos y tu ausencia
habita mis desiertas
soledades,
qué profunda esta tarde derramada
sobre los verdes
campos inmortales.
Ya el Invierno dejó su piel antigua
en las ramas recientes de los
árboles
y avanza a saltos cortos por el prado
la Primavera de
delgado talle.
Por el silencio de pendiente lenta
rueda la brisa en tácito
oleaje
y apunta la violeta su murmuIlo
al pie del roble y de la
encina grave.
En las aguas inmóviles del lago
anclan nubes y luces vesperales
y tiende el bosque sus flexibles redes
al vuelo prodigioso de tu
imagen.
El sol azul con cuidadosas manos
rayos y brumas teje en noble
arte
hasta dejar de tu color, amada,
la piel inmaculada de la
tarde.
Te miro recostada sobre el césped,
agua verde y verdor claro tu
carne,
tu rumoroso pelo embravecido
y el bosque de tu risa
palpitante.
Alrededor de tus tobillos breves
ciñe la luz minúsculos collares
y abrazan a tus brazos poderosos
los tallos y las ramas verde antes.
Pulsan las finas cuerdas del silencio
tus voces y los pájaros
locuaces;
el cielo en plenitud abre sus venas
de calurosa y
colorada sangre.
¡Y alza mi corazón su pesadumbre
como un nido de sombras un
gigante!
PEDRO GARFIAS
( España, 1894 - 1967 )
Realidad
La verdad de este cuerpo
mi más honda verdad.
Invadirlo,
apresarlo,
hasta sentir su carne
prolongada en la mía,
integrada en mi sangre,
y sentir por la suya
esa lava ya fría del
ardor del placer.
Hasta su sexo llego
como aquellos amantes
que ante un cuerpo
desnudos
oficiaban con fervor y belleza
sabiéndose partícipes de
Pan y de Afrodita.
Sobre la tierra inhóspita,
bajo el cielo
callado y los dioses ausentes,
avanzo por sus valles, laderas,
promontorios,
y en el instante exacto del gemido
asalto, rompo,
ocupo
la cueva misteriosa,
el cálido refugio
donde morar
silente.
Ya rendidos, y fríos, y exhaustos,
los cuerpos se separan,
sus
poderes se anulan:
una tregua se abre sobre los blancos lienzos.
Hasta que una mano furtiva se desliza
por la piel tan surcada,
las piernas se entrelazan,
la carne, enmudecida, recupera sus voces,
y el sexo,
cual un mar saliendo de su calma,
se levanta y avanza:
hacia el cuerpo que amo
y que a mi lado yace.
Hermosa realidad que
devoro insaciable.
EMILIO MIRÓ
( España, 1942 )
Recuéstate en el cojín de mi ternura...
Recuéstate en el cojín
de mi ternura,
mujer copiada de dolor y rosas,
y dame de tus avispas armoniosas
el azúcar de ayer en agua pura.
Aquí donde un silencio de
frescura
se palpa en mi regazo cuando posas,
aterriza el amor en
mariposas
tomando de aeropuerto tu figura.
No cambio ser ladrón de
tu hermosura,
en este mundo de tan feas cosas,
y explotar tu belleza con
usura.
Traslada las avispas
armoniosas
del panal de tu piel a la espesura
del bosque de mis manos
silenciosas.
ALFREDO SANCHO
( Costa Rica, 1924 )
Reloj de arena
Hace un siglo amé a un hombre
y podía sentir su olor lamiendo mis
entrañas,
el universo revelado ante mí en el borde de su camisa
-botón por botón caían los misterios del profundo oráculo-
mi destino
trazado en su torso.
Hoy descanso en su cuerpo con la cotidianeidad de los sueños
perdidos.
Hace un siglo amé a un hombre
pero he perdido el rastro de su
piel
el sello de su boca,
aquella cicatriz tan cercana a mi
ombligo.
Un dolor incoloro se afirma entre mis lágrimas,
ya no es
más ese monstruo que me tragaba adentro.
Es cierto que amé a un hombre
pero hoy sus huellas ya no existen
ni siquiera en el persistente agujero de mi almohada.
ADRIANA ORTEGA ORTIZ (
México, 1966 )
Retrato
Estaba allí, perfecta,
bella,
sin sombra en las pupilas verdes.
El oro, de corona; el
transparente nácar,
de túnica; la sonrisa, de aureola.
Bella,
perfecta, en pura geometría
de mármol y caricia del sol último.
¿Qué pensamiento, bajo la amplia frente?
¿Qué beso al borde de los
labios?
¿Qué imagen, tras los ojos detenidos
en una mariposa del
espacio?
Allí, perfecta, bella. Entre los dedos,
un alma de
paloma, muerta,
luchando por entrarse hasta su sangre,
y anidar,
otra vez, bajo su seno.
En torno, el ángel de la música
se iba, en
ocaso, el mar, desvaneciendo.
EUGENIO FLORIT
( Cuba, 1903 - 1989 )
Se amaban
Se amaban. En la oscuridad sus cuerpos
parecían fantasmas. Se amaban
y en el cual1to
sus vestidos vacíos eran como los árboles
desnudos
del jardín en un día de niebla.
Pero ellos se amaban. Habían
encendido un cigarrillo
y fumaban los dos, cuidando siempre
de
colocar los labios en el hueco
que dejaban los labios, así como
besándose.
Procuraban que nada separase sus cuerpos.
No hacía
falta hablar. Lo habían dicho todo.
Sólo los ojos parpadeaban a veces
sin luz, buscando los contornos
del otro cuerpo amado. y luego
se
estrechaban de nuevo los dos cuerpos
y se enlazaban y los dientes
ansiosos
encontraban la carne y estallaban las luces
en la pared
del fondo. Y el cuerpo no quería
perder el otro cuerpo. Y el tiempo
aceleraba
el corazón y se oía una música lejana
y el silbido de un
tren en la estación del Norte.
Se amaban. Inventaban de nuevo la
razón de existir.
Sus bocas respiraban con el nuevo compás
y sus
manos yacían, ya agotadas, sobre el cuerpo
infinito del amante, en la
sombra.
Fuera quedaba todo. La vida era el amor.
Lo real era el
cuarto, con sus sillas
al fondo, un espejo, un viejo candelabro
y
un reloj que marcaba siempre la hora de llegar.
Se amaban. Todo
estaba muy claro.
Sobre el mundo, por todo, se seguían amando.
JOAQUÍN MIRÓ
( España, 1935 )
Serenata
(Para ti...
Luna de mis silencios...
Luna de mis tristezas).
Rayo de luna suave que llegas a mi estancia...
Entre tus velos
blancos mi Carne disolved!
Este espíritu puro puede ser la fragancia
del espíritu blanco de
tu buena merced!
Rayo de luna suave que llegas a mi estancia
a ponerme de blanco
«la tristeza de ser»...
Ya que en tus albos tules soy como una fragancia
¡hazme como una
nube que no pueda volver!
Llévame entre los pliegues de tus rasos plateados!
Tómame con
tus manos que son flores de amor...
Vedme como una novia con los velos rasgados
y con los azahares
deshojados en flor!...
Rayo de luna suave que llegas a mi estancia...
¡Vedme como una
novia que no habrá de ser más!
Ya que en tus blancas gasas soy como una fragancia
¡hazme como
una nube que no vuelva jamás!
OLGA ACEVEDO
( Chile, 1895 - 1970 )
Siesta de amor
Cuando siento en los
trópicos que arde
calor fecundo -ese hálito de horno
que comienza
en las horas del bochorno
y se suaviza apenas en la tarde-
suelo evocar tu
voluptuoso alarde
y trazar en mis sueños tu contorno,
que se
exhibe ante mí sin que un adorno
profanador tu desnudez resguarde.
La inclemencia del sol
es siempre menos
que tu propia inclemencia, amada mía,
ya que
duerme un volcán bajo tus senos;
y por eso, en mis
siestas, tu hermosura
es la más ardorosa fantasía
de la
imaginación de la Natura.
JOSÉ SANTOS CHOCANO
( Perú, 1875 - 1934 )
Soneto del divino amor
Amor es este que por ti me abrasa;
amor es este que hacia ti me
impele;
amor es este que de amor se duele
en amado dolor que nunca
pasa.
Amor es este que se da sin tasa
como nunca en la vida darse
suele;
amor que estoy temiendo que se vuele
porque sin él, la
muerte fuera escasa.
Amor, y extraño amor este amor mío,
silencioso y profundo como un
río
profundo, silencioso y caudaloso.
Amor que nada pide y nada espera
amor que es como un lago sin
ribera
bajo un cielo piadoso.
ALFREDO R. BUFANO
( Argentina, 1895 - 1950 )
Te quería, lo sé
Te quería, lo sé.
Lo
supe luego, cuando tu ausencia reposó mi sangre.
Pero andaba la lepra
del deseo tan aína en el labio
que iba a decir -estrella-,
y se
trocaba en madrugada de coñac y sombra...
Y ahora que vuelve el
viento de las cinco
a levantar castillos en mi frente,
y las nubes
de otoño arremolinan tu recuerdo
en el cuenco de mi mano,
necesito
vestir mi voz de tarde
con citas y alamedas de domingo,
para
decirte, amor, cómo te quise,
cómo te quiero todavía,
aunque sé
que mi voz ha de perderse
en el largo sahara de tu olvido...
JULIO MARISCAL MONTES
( España, 1922 - 1977 )
Todo en la amada
Allá: todo está
allí, en esa orilla.
Todo está en ti, mujer: todo en la amada.
Sobre mi seco pozo de silencio
espero la humedad de tu palabra,
lo mismo que la hiedra: brocal solo,
lodo y cal solo hacia las
nuevas aguas.
Aquí todo está aquí, en esta orilla,
hacia mi pozo
lleno de nostalgias.
Todo está aquí. Todo está en ti, canción;
eres canción, paisaje,
tarde clara,
mis hijos, versos míos, tierra madre...
abre, llueve
en mi pozo tu palabra.
Aquí, sobre mi pozo de silencio,
donde mi seca voz amurallada,
llueve, canción, mujer, llueve mi voz,
llueve tu voz, tu hiedra en mi
antesala.
ALFONSO ALBALÁ
( España, 1924 - 1974 )
Tránsitos
¡Qué bien te siento
bajar!
¡qué despacio vas entrando
caliente, viva, en mi cuerpo,
desde ti misma manando
igual que una fuente, ardiendo!
Contigo por ti has
llegado
escondida bajo el viento,
- desnuda en él -, y en mis
párpados
terminas, doble, tu vuelo.
¡Qué caliente estás! Tu brazo
temblando arde ya en mi pecho.
Entera te has derramado
por mis ojos. ya estás dentro
de mi carne, bajo el árbol
de mis
pulsos, en su sombra
bajo el sueño:
¡Entera dentro del sueño!
¡Qué certera en mi descanso
dominas al fin tu reino!
... Pero yo me salvo,
salto,
libre fuera de mí, escapo
por mi sangre, me liberto,
y a
ti filtrándome mágico,
vuelvo a dejarte en el viento
otra vez
sola, buscando
nueva prisión a tu cuerpo.
EMILIO PRADOS
( España, 1899 - 1962 )
Tu cuerpo que deseo y que rechazo...
Tu cuerpo que deseo y que rechazo
mi voluntad domina. Como el
vino
mi mente turba, excita y reconforta.
Después, saciado, siento
oscuramente
vergüenza del placer así logrado.
Mas al cabo de un
tiempo, tu apetencia
resurge en mí acuciante y desespero
y te
busco si no te hallo cercana.
No eres joven ni hermosa, sin embargo.
Pero he de conseguirte nuevamente.
A ti, aunque se me ofrezcan las
más bellas.
Y no me importa entonces el orgullo,
vileza, sumisión
o servilismo.
Embriagarme en tu cuerpo es lo que importa.
Mi
voluntad domina. Como el vino
que la garganta exige, imprescindible,
necesito obtener, poseer tu cuerpo:
esta dosis que viaja hacia mí
mismo.
JOSÉ MARÍA FONOLLOSA ( España, 1922
-1991 )
Tú en el alto balcón
de tu silencio...
Tú en el alto balcón de
tu silencio,
yo en la barca sin rumbo de mi daño,
los dos perdidos
por igual camino,
tú esperando mi voz y yo esperando.
Esclavo tú del horizonte inútil,
encadenada yo de mi pasado.
Ni silueta de nave en tu pupila,
ni brújula y timón para mis brazos.
En pie en el alto barandal marino
tú aguardarías mi llegada en
vano.
yo habría de llegar sobre la espuma
en el amanecer de un día
blanco.
Pero el alto balcón de tu silencio
olvidó la señal para mi barco.
Y me perdí en la niebla de tu encuentro
-como un pájaro ciego-, por
los años.
JOSEFINA DE LA TORRE
España, 1907 - 2002
Tú me gustas total, entera y
toda...
Tú me gustas total, entera y toda,
no por el fuego de tu
pelo húmedo,
ni por tus senos de canela tibia,
ni el pecado del ritmo de tu
cadera.
Tú me gustas total,
entera y toda,
no por tu boca tan intacta al beso,
ni por las llamaradas de tu
carne
que se te está calcinando entre las venas.
Tú me gustas total,
entera y toda,
no porque eres mía y no me perteneces,
ni porque la envidia de
los demás la siento
como si se tratase de propia envidia.
Tú me gustas total,
entera y toda,
no porque me la pase junto a ti
bebiéndome tu aliento, ni
rumiando
los pedazos de amor que tú me tiras.
Tú me gustas total,
entera y toda,
por ese olor a carne que tú tienes;
olor de carne de mujer que
es tuyo,
porque nadie más huele así en la tierra.
Tú me gustas total
entera y toda,
porque ese olor es tuyo y lo encontré para mí.
CESAR DÍAZ MARTÍNEZ
( Venezuela )
Un roce breve, fugitivo...
Un roce breve, fugitivo
como el ala de una mariposa
hizo arder el
aire en un instante
entre tu cuerpo y el mío.
El universo se ocultó a mis ojos
y se encerró en un latido.
Tus miradas se volvieron mares
y sus olas mecieron mi destino.
Para siempre, un instante,
que ninguna muerte extinguirá,
mientras te ame.
CLARA DÍAZ PASCUAL
( España )
Visión de las sirenas
Helas aquí. De plata y hermosura.
Se desvanecen, aparecen huyen
y la noche lunar las trae de nuevo.
¿Oyes su canto?...
Complácete, no te apresures,
goza en su contemplación su aparición.
...................................
No volverás a contemplarlas nunca...
JESÚS HILARIO TUNDIDOR
( España, 1935 )
Y tú amor mío...
Y tú amor mío,
¿agradeces conmigo
las generosas ocasiones que la mar
nos deparaba de estar juntos?
¿Tú te acuerdas,
casi en el tacto, como yo,
de la caricia intranquila entre dos
maniobras,
del temblor de tus pechos
en la camisa abierta cara al viento?
Y de las tardes sosegadas,
cuando la vela débil como un
moribundo
nos devolvía a casa muy despacio...
Éramos como huéspedes de la
libertad,
tal vez demasiado hermosa.
El azul de la tarde,
las
húmedas violetas que oscurecían el aire
se abrían
y volvían a cerrarse tras nosotros
como la puerta
de una habitación
por la que no nos hubiéramos
atrevido a preguntar.
Y
casi
nos bastaba un ligero contacto,
un distraído cogerte por los
hombros
y sentir tu cabeza abandonada,
mientras alrededor se hacía
triste
y allá en tierra, en la penumbra
parpadeaban las primeras luces.
CARLOS BARRAL (
España, 1928 - 1989 )
Yo soy la amada
...
Yo soy la amada, amante, soy la amada:
voy andando las horas que
separan
mi cuerpo de tu cuerpo
y restañando las frágiles heridas
de huellas que volaron con tu nombre.
Yo soy la amada, amante, soy la amada:
la que brotó salvaje entre
tu trigo
y lo tiñó de púrpura,
la que sin darse cuenta
iluminó
de pronto tu paisaje,
la que acudió a tu llanto
y en su aljibe
atesoró tus lágrimas.
Yo soy la amada, amante, soy la amada:
la que en silencio mira.
La que te espera.
La que teje sus sueños con tu vida.
LUZMARÍA JIMÉNEZ FARO
( España )